Mar, 04/27/2021 - 08:57
Foto: Dave Dyet - Freeimages.com

Aterrorizados

El virus del Covid-19 y la indisciplina que cunde en Colombia, reforzada esta con el inadecuado manejo del primero nos han empujado aún más al borde del precipicio, y vivimos realmente aterrorizados. No es una percepción, como se excusan a cada rato las autoridades para tratar de aliviar su rendición de cuentas.

Pensemos en las dos formas que predominan entre los ciudadanos común y corrientes al tomar este fenómeno, nada nuevo en el país, pero agravado por los últimos insucesos: los que sienten al terrorismo como invencible y han decidido rendirse y tratar de convivir con él, viéndolo como algo de la vida diaria. En el otro lado están quienes lo padecen, causándoles enfermedad física y mental, desconfiados plenamente sobre nuestro futuro como Estado, encerrados en su pena y mudos. Poca, hay poca protesta, nulo atrevimiento a oponerse a él.

El Covid-19 es un padecimiento que todos llevamos a diario, que si aún no hemos sido atacados por él, le tememos, y posiblemente nos afecta más al saber de circunstancias tristes que han vivido amigos o cercanos, por su agresión. Aterra ignorar en dónde está y cómo y cuándo decidirá hacernos sus víctimas.

Terrorismo que nos palpita con los asesinatos que semanalmente sufren miembros de nuestras Fuerzas Armadas, los desplazamientos de campesinos, los secuestros, la dinamitada de puentes y oleoductos. Es el terrorismo que generan los combates por el dominio en el narcotráfico y por el ansia de poder político, de manera aberrante adueñarse de nuestras vidas. En 2017 fueron asesinados 83 miembros de las FF.AA. Al año siguiente 94. En 2019, fueron 101, y el 2020 cerró con 94 integrantes de la Fuerza Pública asesinados. La mayoría de los colombianos que no lo han vivido en carne propia o cercana ni se inmutan, para otros, los del sector rural, esto sí aterroriza.

Terror que nos agobia en muchas de nuestras ciudades y algunos pueblos dada la tradicional y la neo delincuencia, las congestiones diarias en el tráfico vehicular, la corrupción que se divisa a la hora de adelantar trámites, no tener con qué sostener a una familia, más la descontrolada e incontrolable llegada de inmigrantes, que vienen a competir entre las escaseces. Aterroriza pensar que ni en calles vacías ni en avenidas transitadas, ni en la propia casa podemos estar tranquilos. 

Terrorismo el que producen los medios de comunicación, que repiten y repiten la cifra diaria de victimizados por el Covid-19, las incursiones narcoterroristas, el atraco del día a las arcas públicas, el asesinato del momento, la impunidad que procura la “injusticia”, la nueva medida de cualquier autoridad en contra del crucificado ciudadano, la renovada amenaza de algún presidencial si llega al poder. Veneno que complementan dando micrófono a los protagonistas de los insucesos o cuando cazan verdaderos combates desde sus “cuadriláteros” pomposamente llamados “mesas de trabajo”.

Aterrorizados que nos sentimos cuando nos llegan predicciones (¿serán valederas?) sobre el destino que a corto plazo nos espera, terminar como una segunda Venezuela, con un Maduro II, toda su banda de compinches nacionales y extranjeros impartiendo órdenes por donde quieran y sobre lo que les venga en gana.

Terrorismo el que produce cada gobierno de turno, en su festín que reparte generosa y también irresponsablemente, entre los suyos, el fruto de los impuestos ajenos. Gran dosis aplicada durante estos días con la vulgar “reforma tributaria” estúpidamente camuflada bajo el nombre de "Ley de Solidaridad Sostenible" (solidaridad con los corruptos, solidaridad con el desgobierno, será). ¿Cuántos desbarajustes mentales, cuántas úlceras, cuántos conflictos familiares habrá producido en los últimos diez días esta amenaza de paquete bomba?

Aterra pensar sobre el daño que está causando a todos la ineptitud de nuestros gobiernos, que a falta de capacidad mental y de solidaridad social, para ingeniar nuevos empleos, reparten y reparten subsidios, fomentando una clase, además de pobre, atenida y ociosa.

Aterrorizada población por el tratamiento dictatorial de los banqueros, los atropellos de las empresas de servicios públicos, la avaricia de EPS e IPS. 

Se acerca el año electoral y ya comienza el montaje de la farsa de cada cuatro años. Desde el púlpito del “mesías” ya preparan a su heredero y continuador. El argumento: que si no votamos por el destinado, nos tomará el terror. Desde el trono del populismo, lo mismo pero al revés, que si gana, el cielo será para los más pobres, y se aterren desde la clase media, hasta los más ricos, que serán empobrecidos, confiscados.

Atrevámonos: ni con los unos ni con los otros. De pronto, si nos vamos por la mitad, encontraremos parte de la solución, para ir ablandando el terror y el terrorismo que nos tienen atrapados. Ya comienzan a surgir nuevas opciones… Reconozcamos que esta puede ser una probabilidad hacia el cambio constructivo.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.