Dom, 05/01/2022 - 07:52

Bien sabemos lo que mal no olvidamos

Una señora de unos setenta y tantos años me ofreció hace unos seis o siete años, no sé, soy malo con el calendario y con los números, que yo podía tomar o usar sus servicios y desdoblarme o multiplicarme, convertirme en múltiples personas como yo, es decir, muchas personas que eran yo y, así, cumplir con las tantas cosas que tengo que hacer.

Esto podría ser una anécdota o, sencillamente, una historia que yo les contara, pero, en realidad, es algo que sucedió y la razón, o la confesión, de por qué es que logró hacer tantas cosas con tan poco tiempo como lo es una sola vida. Desde que hice el pacto con esa señora, que jamás volví a ver, puedo asistir a la Feria del Libro, salir a tomarme un café con alguien, quedarme en mi casa leyendo, quedarme en mi casa escribiendo, quedarme en mi casa haciendo los deberes, quedarme en mi casa sin hacer nada, quedarme en mi casa viendo una película, o salir a caminar, o salir a verme con alguien, o a visitar a alguien, o a conocer un lugar, todo a la vez. Puedo ser tantos como yo quiera y, como imaginarán, puedo ser tantos como yo pueda.

Pero lo que vine a decir, más allá de contarles esta anécdota, esta capacidad o esta habilidad, tiene que ver con el tiempo y el uso que le damos las personas que no tenemos ese don en realidad, quienes sólo tenemos una vida, quienes sólo tenemos un cuerpo y quienes, además, tenemos las necesidades u obligaciones de más de un cuerpo. Hablo de qué pasa cuando se nos acaba el tiempo, porque pasan muchas cosas, se vencen los términos, nos cobran lo sucedido, ganamos algo, perdemos a alguien, en fin, podríamos quedarnos enumerando un tiempo y no acabaríamos, pero, en realidad, lo que pasa es que se reinicia el tiempo, vuelve a comenzar desde cero para nosotros. Esto con la muerte, esto con la vida, esto con el dinero y demás. Cuando terminemos de vernos y escucharnos aquí, en donde estamos en este momento, el tiempo volverá a empezar, yo volveré a ser alguien que no está hablándole a un grupo de personas, ustedes volverán a ser alguien que no está escuchando a nadie, sino a sí mismos, y el mundo volverá o, en su defecto, seguirá siendo el que ha sido desde siempre.

Por esas cosas y por tantas otras, quisiera invitarlos a que en este instante piensen en el tiempo como si fuera una persona, es decir, que imaginen que el tiempo tiene su rostro, su cuerpo, su personalidad, todo lo que ustedes ven cuando se miran al espejo. Obsérvenlo por unos instantes y vean cómo se comporta, qué hace consigo mismo y para qué lo hace. Esto, para que se enteren de lo que ustedes hacen con el tiempo cuando no están siendo vistos por nadie más que ustedes.

Y para qué, se pregunta usted, señor de la tercera fila, pues para que cuando volvamos a perder por completo el tiempo, o que se nos vuelva a acabar, dejemos que ese invisible que llevamos dentro se comporte y haga algo con el tiempo y nos deje como resultado lo correcto.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.