Jue, 07/25/2019 - 13:59

Con estos uribistas ¿para qué enemigos?

Los uribistas no son una especie en vía de extinción como pretenden algunos ex uribistas. Aquellos que lo mismo son una cosa como la otra, que al mejor estilo de la Chimultrufia, lo mismo fueron acérrimos uribistas como furiosos anti uribistas. De Juan Manuel Santos para abajo, pasando por Roy Barreras y Armando Benedetti, para mencionar sólo los más sonoros.

Los uribistas ya no son un fenómeno creciente. Ya no son épocas de pescas milagrosas de las FARC, o de inseguridad para la clase media para circular por las zonas semi rurales. Pero tampoco son un fenómeno decreciente. Las trampas del proceso de paz y las triquiñuelas para sacar adelante un entuerto que no es ni proceso ni es de paz, les da l razón permanentemente.

Las trapisondas de Santrich y el juego doble de la Corte Suprema dejan bien parado al uribismo en la opinión. Y pese a que los medios se esfuercen por maquillar la realidad no logran hacer mella en las huestes uribistas. A veces incluso consiguen que el expresidente Alvaro Uribe decaiga en popularidad pero no logran que eso pase con el uribismo. Siempre hay algo que le da la razón.

En todo caso el uribismo como fenómeno no está enfermo ni está en n decadencia y menos, cómo quisieran los mamertos, en cuidados intensivos. Máximo se mantiene y máxime si de alguna manera está en el poder. Hay que reconocer que el poder en sí mismo genera “simpatías”. Y además que los uribistas son un género que incluye, lagartos, sapos, culebras, micos, tigres, leonas, camaleones, perros, gatas, tortugas, en fin, toda una fauna completa digna de cualquier partido colombiano. 

Tanto sigue vigente contra la adversidad mediática que si los enemigos del uribismo pensaran con la cabeza y no con los hígados no promoverían el carcelazo del expresidente. Eso serviría para alimentar los egos de algunos políticos y unos pocos periodistas de las élites de la prensa, pero el búmeran sería muy monumental. Un Uribe tras las rejas es un megáfono aumentado exponencialmente en decibeles, replicado a la n potencia en la redes. Eso sería el mejor retroalimento para el uribismo como fenómeno.

Las nuevas generaciones que solo reciben la información de la contraparte, quienes entre mamertos, inconformes y desilusionados del poder han encontrado en Uribe el símbolo de todo lo malo que suceda en Colombia, lo celebraran casi sin saber por qué. Pero la gente que ha vivido el horror de la guerra de guerrillas, que ha sufrido los vejámenes de las masacres, de los secuestros, las minas antipersonales y la pérdida cruel de sus seres queridos se sumarán a las hordas que generarán la victimización de un caudillo perseguido por las aristocracias tradicionales.

Pero lo que si le quita puntos permanentemente a Uribe y a los uribistas son esos uribistas de medio pelo como Ernesto Macias, ex presidente del senado o Juan Pablo Bieri ex director de RTVC. Sus torpezas, su arrogancia y sus disparatadas actuaciones producto de querer parecer más papistas que el papa o de pretender asumir posiciones ideológicas que ni siquiera entienden, hacen quedar a los uribistas como chambones, como ignorantes, como censuradores o como fachos, sin que estos uribistas de medio pelo, siquiera conozcan lo más mínimo de los derechos y las libertades y menos de las consecuencias de atravesárseles.

Uribistas furibundos al estilo del ex procurador Alejandro Ordóñez, que se desmadraron en decisiones desproporcionadas y se ensañaban con sus contrarios o uribistas con las metidas de patas de Bieri o Macias dejan al uribismo como si en su seno existieran mandamientos de censura o directrices contra la libre expresión, o un talante dictarorial.Flaco servicio le prestan al uribismo estos “amigos”. Quizás al contrario lo que estos personajes escogidos más por lambones que por méritos propios lo único que garantizan es allanarle el camino a Gustavo Petro o a cualquier otra expresión que termine por el sendero del Socialismo del Siglo XXI.

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