Mié, 11/01/2017 - 09:16

¿Cuáles FARC?

Me pueden decir lo que quieran, igual yo sigo respetando todas las ideas. En lo personal prefiero a las FARC – Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común – con personería jurídica otorgada por el Consejo Nacional Electoral; que a las FARC – Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – con licencia para matar y ejercer el terrorismo tomada a sangre y fuego por ellas mismas. Esa licencia fue dolorosamente pagada con la vida de miles y miles de inocentes que cayeron en más de 50 años de existir como guerrilla.

Hay cosas que son innegables así muchos prefieran desconocer hechos que para otros están allí. Que son medibles. Es innegable que los niveles de violencia producto del conflicto armado con esta guerrilla, recién desmovilizada, han llegado a su nivel más bajo de la historia. Es igualmente innegable que las Farc se concentraron, en su gran mayoría, como lo habían ofrecido, se desmovilizaron y dejaron sus armas. El cese al fuego se cumplió. aunque con algunos lunares ocasionados por todas las partes, como lo ha explicado el Cerac – Centro de recursos para el Análisis de Conclictos –. Esta misma entidad calcula que en Colombia, producto de este proceso de paz, se previno la muerte de casi 3 mil ciudadanos. Puede que a muchos esto no les parezca importante, o en sus mentes prevalezca la tesis de “paz sin impunidad”, pero esta cifra se traduce en la tranquilidad de miles y miles de colombianos que esta noche tendrán la certeza de que sus seres queridos regresarán una vez más a casa. En Colombia, para 2016, se cree que había 673 municipios con minas antipersona. Hoy, estos artefactos criminales han sido erradicados en 175 municipios y la acción permanente para acabar con ellos continúa en 244 más. A este paso posiblemente el país podrá cumplir, para el año 2021, el compromiso con el Tratado de Ottawa de estar libre de estas armas no convencionales. Eso no es cualquier cosa.

También hay hechos que son bastante preocupantes. No es un secreto, al menos para mi, que las disidencias de las Farc se están expandiendo y creo que en gran medida es porque el Estado no ha cumplido con la tarea de copar los territorios dejados por los desmovilizados. Diría el refrán: “Mataron el trigre y se asustaron con el cuero”. Lo sucedido con alias “El Paisa” en los últimos días es una alerta gigante para el gobierno. Las explicaciones, que no son satisfactorias, son bienvenidas. Pero más que esto debe haber un cumplimiento total en lo acordado y no las demoras que se han registrado, comenzando con los graves retrazos en la adecuación de las zonas veredales, hasta el ineficiente manejo para lograr la aprobación de las leyes necesarias y la implementación de las que ya son un hecho. Claro, esto ultimo también depende además del vil chantaje de los congresistas al gobierno de Juan Manuel Santos para aprobarle sus requerimientos; y, la ambición desmedida del mismo gobierno por meter muchas cosas que no hacen parte de lo negociado. No es que los congresistas tengan moral o estén preocupados a última hora, es que en época electoral exigen puestos, cuotas y dinero. Que bajeza la de nuestra clase política.

Faltan solo meses para que salgamos a las urnas a elegir nuevo presidente. Muchas caras conocidas y otras no tanto. Buenas hojas de vida, trayectoria y experiencia de diversos sectores ideológicos. Hay para todos los gustos, entre ellos el Sr. Rodrigo Londoño, conocido como Timochenko, quien hoy es candidato de las FARC, esas que al comienzo dije que prefiero. Seguro que si se hubieran esmerado hubieran podido encontrar un candidato menos peor. Pero como apenas aprenden a hacer política sin un fusil en la mano o apoyados en la horrible estrategia del terror, estos señores cometen errores garrafales, entre ellos dos muy graves.

Primero: mantener su nombre, que inevitablemente con solo mencionarlo regresa rápidamente a los colombianos a dolorosos episodios que están muy cerca en nuestra historia reciente. Cuanta sangre se derramó por esas cuatro letras. Segundo, elegir como candidato a un hombre cuyas condenas suman más de 400 años por un verdadero rosario de crímenes de todo tipo. Seguro que habrá quien vote por él, pero seguro que será una insignificante minoría o al menos eso espero. Colombia es un país en el que infortunadamente el atroz accionar de las guerrillas estigmatizó a la izquierda democrática y nos ubica más hacia el centro y la derecha.

Yo prefiero seguir creyendo en nuestro país, en que unidos somos muchos más y mejores que esos pocos que han querido acabarnos como sociedad. Legales o ilegales. La página de esa violencia apenas se termina de pasar y debemos mirar con fe y esperanza el futuro. Sé que no es nada fácil y menos si se tiene en cuenta lo que se ha dado en la negociación en Cuba y la que comienza en Ecuador. Pero no olvidemos que los colombianos somos generosos. Pero eso si, con nuestro voto no lo seamos. Esta vez hay que cuidarlo para entregarlo solo a quienes lo merecen, a ver si de una vez por todas salimos de esta espiral de violencia, o de lo contrario la sed de venganza nos seguirá consumiendo.

A ver si somos capaces de entender, como lo dijo Nelson Mandela, que “La bondad del hombre es una llama que se puede ocultar, pero no extinguir”. A mis amigos los invito a no permitir que los violentos, que por años intentaron dominarnos, nos arrebaten la bondad. No dejemos que el odio sea más grande que nosotros mismos.

#SeValeSoñar

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