Dom, 12/12/2021 - 09:13

Dallas, asesinan a Kennedy. 1963

En Dallas, Texas, cae asesinado John F Kennedy y, como en el caso de Bogotá, culpan a quien conviene. Esta vez no es un Juan Roa sino un Lee Harwey Oswald.

El arma no coincide con la bala ni la bala con los agujeros ni el culpable con las cualidades que debería tener el tirador, porque según la versión oficial actuó como un campeón olímpico del tiro al blanco y carreras de velocidad. Disparó un viejo fusil a un ritmo imposible y su bala mágica ha dado vueltas acrobáticas para atravesar a Kennedy y al gobernador de Texas, Connally ,quedando milagrosamente intacta.

Oswald lo niega a gritos, pero nadie sabe ni sabrá nunca qué fue lo que dijo y a los dos días se desploma ante las cámaras de televisión. El mundo entero asiste al espectáculo: le cierra la boca Jack Rubí, un hampón consagrado al tráfico de mujeres y de drogas.

Dice Rubí que ha vengado a Kennedy por patriotismo y por la lástima que le da la pobre viuda.

(Henry Hurt, Dudas razonables, Una investigación del asesinato de John F. Kennedy, Nueva York, Holt, Reinart  and Wiston, 1986)

 

23 ACRIBILLADOS EN EL CANAL DE PANAMÁ, 1964

Veintitrés jóvenes panameños fueron acribillados cuando intentaron izar la bandera de Panamá en la zona del canal.

"Solo se usaron balas de cazar patos", se disculpa el comandante de las tropas norteamericanas de ocupación. Otra bandera  corta el istmo de lado a lado, otras leyes rigen, otra policía vigila, otro idioma se habla, los panameños no pueden entrar sin permiso a la zona del canal ni para recoger la fruta caída de un árbol de mango y si allí trabajan reciben salarios de segunda como los negros y las mujeres.

El canal, colonia norteamericana, es un negocio y una base militar. Con el pasaje que los buques pagan se financian los cursos de la escuela de las Américas en los cursos y los cuarteles de la zona del canal los oficiales del Pentágono enseñan a los militares latinoamericanos que pronto ejercerán en sus países presidencias ministerios comandancias o embajadas, que todos aquellos que no estén de acuerdo con sus principios, son comunistas.

"Son los líderes del futuro", explica Robert McNamara Ministro de Defensa de los Estados Unidos.

Vigilantes ante el cáncer que acecha, estos militares cortarán las manos a quienes osen cometer Reforma Agraria o nacionalización y arrancarán la lengua de respondones y preguntones.

Se  impone en el continente la Doctrina de Seguridad Nacional, la del Enemigo Interno, según la cual el enemigo no está en Europa, ni en Asia, sino en esas doctrinas que han venido corrompiendo a los pueblos desde Cuba.

(Michael T. Klare  y Nancy Srein, Armas y poder en América Latina, México, Era, 1978)

CAMBIO DE PODERES EN BRASIL. 1964

El presidente de Brasil Joâo Goulart acaba de anunciar reforma agraria, nacionalización de las refinerías de petróleo y el fin del evasión de capitales y el embajador de los Estados Unidos, Lincoln Gordon, indignado lo ataca de viva voz.

Se difunde en los medios de comunicación un manifiesto que pide a gritos el golpe de Estado. Hasta el Club de Leones lo firma. Los principales periodistas y altos jefes militares reciben paladas de dinero para preparar a la opinión pública para el cuartelazo.

Diez años después del suicidio de Getulio Vargas resuenan multiplicados los mismos clamores políticos y periodistas ya ven al uniformado mesías capaz de poner orden a este caos. La televisión difunde películas que muestran muros de Berlín cortando todas las ciudades brasileñas, diarios y radios exalta las virtudes del capital privado que convierten los desiertos en oasis y los méritos de las Fuerzas Armadas que evitan que los comunistas se roben el agua.

El embajador Lincoln Gordon denuncia la conspiración comunista: el estanciero Joâo Goulart está traicionando a su clase a la hora de elegir entre los devoradores y los devorados, entre los opinadores y los opinados. entre la libertad del dinero y la libertad de la gente.

Hace casi 30 años fabricaron una conspiración comunista el, Plan Cohen, Para derrocar al Getulio Vargas ahora el general Mourâo Filho compra la conspiración fabricada por Gordon y proclama que arrancará al Brasil del abismo.

Mourâo Filho  a la cabeza de sus tropas emprende la marcha hacia Río de Janeiro y los demás generales se le van uniendo uno tras otro.

Mientras tanto, avanzan rumbo al Brasil, desde los Estados Unidos, un portaaviones, varias naves de guerra y cuatro barcos petroleros. Es la operación Brother Sam, para ayudar a los alzamientos.

Joâo Goulart,  perplejo, deja hacer. Su colega Lyndon Johnson envía desde Washington el más claro reconocimiento a los autores del cuartelazo aunque Joâo Goulart todavía ocupa la presidencia, el Departamento de Estado anunció generosos préstamos para el nuevo gobierno. Desde el sur Leonel Brizola intenta  la resistencia, sin eco

Finalmente Joâo Goulart marcha al exilio.

Alguna mano del pueblo escribe en una pared de Río de Janeiro:

¡Basta de intermediarios! ¡Lincoln Gordon presidente!

(Filho Mourâo, Memórias: a verdade de un revolucionário, Porto Alegre, L y Ppm, 1978)

EL SOMBRERO BOLIVIANO 

El indio boliviano, hombre, mujer, niño o niña podrá andar descalzo; pero sin sombrero, no. El sombrero prolonga la cabeza que protege; y cuando el alma se cae, el sombrero la recoge del suelo.

Los sombreros de ahora llegaron a Bolivia desde Europa, traídos por los conquistadores y mercaderes, pero se han hecho muy de esta tierra y de esta gente. Nacieron como marca de ganado, obligatorios disfraces venidos de España para que cada señor reconociera a los indios de su propiedad.

Con el paso del tiempo, las comunidades fueron poniendo sus propios sellos de orgullo, sus señales de alegría: estrellas y lunitas de plata, plumas de colores, cuentas de vidrio, flores de papel, coronas de maíz...

Después los ingleses inundaron Bolivia con bombines y sombreros de Copa, Galera negra de las Indias de Potosí, Galera blanca de las Indias de Cochabamba y, por error, llegó el sombrero borsalino, desde Italia, y se quedó a vivir en la cabeza de las Indias de La Paz.

Los indios Laimes y los indios Yucumanis, que se odian, para exterminarse entre ellos, se cubren la cabeza con monteras de cuero crudo que tienen la forma exacta del casco del conquistador.

(Halroldo y Flavia de Faria Castro, Los mil y un sombreros de la cultura boliviana, Revista Geomundo, vol.8,  num. 6, Santiago de Chile, Junio de 1984)

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