Mié, 02/20/2019 - 07:31
Foto: caracol.com.co

De lo ético a lo político ¿Es Hollman Morris una alternativa para Bogotá?

Desde hace varios meses la figura de Hollman Morris –como político, defensor de derechos humanos y periodista– ha estado sujeta a intensos debates. Esto, por cuenta de sus cuestionables actuaciones frente a las mujeres, los medios de comunicación y las colectividades alternativas. Dentro de su repertorio de acciones recientes se encuentran la violencia intrafamiliar, el acoso sexual, la censura contra medios y comunicadoras feministas y el desconocimiento sistemático de las mujeres que integran los movimientos cercanos a él.

La negación de otros candidatos alternativos a la Alcaldía de Bogotá también ha sido una estrategia empleada por Morris para aferrarse a su lucha por el poder. Que el proceder de este se encuentre marcado por violencias contra las mujeres, los periodistas y las colectividades políticas nos lleva a la siguiente pregunta: ¿es en verdad Hollman Morris una opción viable para Bogotá? Para abordar esta cuestión es importante analizar cómo la dimensión personal de un individuo puede traducirse en ejercicios de liderazgo, autoridad y gobierno distintivos, y cómo estos pueden impactar positiva o negativamente a la población urbana de la capital.

La situación ética, legal y política de Hollman Morris ha propiciado diversos debates sobre el rol de la oposición política en Colombia, representada mayormente –aunque no exclusivamente– por movimientos y coaliciones como la Colombia Humana, la Lista de la decencia y el Movimiento Alternativo y Social (MAIS). Este último fue quien concedió el aval como candidato a la Alcaldía de Bogotá a Morris.

Los debates sobre la oposición política en el país, en el contexto de la problemática que envuelve a Hollman Morris, han sido desarrollados tanto al interior de estos movimientos y coaliciones como por fuera de estos. Quienes estamos fuera y no nos identificamos con la Colombia Humana, el MAIS y la coalición de los decentes –por su reformismo y su discurso claramente reaccionario– nos preguntamos cuáles son sus creencias acerca de la práctica política y cómo desean transformar el modelo económico actual (si es que en verdad lo desean). Asimismo, preguntamos por sus metas, objetivos y aspiraciones. Quisiéramos saber si cuentan con un programa concreto que exceda las propuestas de campaña presidencial de Gustavo Petro. Esto último en el caso concreto de la Colombia Humana y la coalición de los decentes. El MAIS tiene un proyecto político propio que es distinto y que se configura en torno a una base social indígena. Se trata de un movimiento diferente que construye alianzas con el progresismo y de ahí su cercanía con Petro.

En las redes sociales y en espacios de deliberación ciudadana también notamos que la propuesta de acción política determinada por ciudadanías “libres” (¿existe eso en términos teóricos y prácticos?) y nodos temáticos, que es transversal a la propuesta de la Colombia Humana, no es viable. Y no lo es porque favorece los personalismos y genera incertidumbre en las bases. Paralelamente, elaboramos preguntas por cómo las dimensiones personales de los políticos alternativos se transforman en estilos de liderazgo político, autoridad y gobierno. Ahí hallamos una conexión profunda entre lo ético y lo político.

Desde el colectivo Somos Ciudadanos hemos generado una iniciativa radial en alianza con Teusaradio. Esta iniciativa se llama ‘Bajo fondo’ y busca discutir temas de actualidad cultural, coyuntura política y construcción de paz. El programa opera sobre la base de una premisa: sacar a relucir lo oculto en toda práctica política, es decir, lo que no es evidente. En la primera emisión del programa, abordamos la situación de Hollman Morris. Conversamos sobre la sostenibilidad de su candidatura a la Alcaldía de Bogotá y sobre cómo ciertos aspectos que caracterizan su proceder reciente –la violencia machista, la censura a medios y el desconocimiento de colectivos alternativos– pueden convertirse en estilos de liderazgo, autoridad y gobierno nefastos para la ciudad. La dimensión personal y ética de una persona se traduce, inevitablemente, en su ejercicio político. Fue así como durante el programa concluimos que para escoger un alcalde es importante tener en cuenta la sincronía entre lo ético y lo político.

Teniendo en mente lo anterior, considero que la candidatura de Morris es inviable y no bienvenida. Primero, porque hay un cuestionamiento a su persona en lo ético. Esto pasa por las acusaciones legales por violencia intrafamiliar y acoso sexual que enfrenta hoy en día. El cuestionamiento también se encuentra atravesado por la manera en que este defensor de derechos humanos y antiguo periodista llega a la censura y el ataque a la libertad de expresión con tal de silenciar las voces de las mujeres víctimas. Esto ocurrió en el programa Mujer y Sociedad de Publimetro, presentado por la activista feminista Mar Candela Castilla. Conocí de primera mano que Castilla y el director del medio recibieron comunicaciones insistentes de Morris a través de su abogado para evitar que se emitiera uno de los programas. En Mujer y Sociedad se le dio espacio a Lina Castillo –una de las denunciantes– para que contara su experiencia. Ese fue el programa que intentó censurar Morris.

Segundo, porque es demasiado evidente que Morris es capaz de hacer cualquier cosa para sostener su candidatura, incluso, desconocer a políticos alternativos que también aspiran a la Alcaldía y a sus propias compañeras de causa, como Ángela María Robledo y María Mercedes Maldonado. En su afán de poder piensa que él es el único candidato viable. Tercero, al aferrarse tanto a su candidatura, Morris muestra que la oposición política representada por los decentes, el MAIS y la Colombia Humana carece de horizonte programático. No han generado lineamientos mínimos que les permitan rechazar las actuaciones de Morris en colectividad, como conjunto. Al día de hoy, el ideólogo de ese movimiento no se ha pronunciado con contundencia.

¿Es Hollman Morris una opción alternativa para Bogotá? Definitivamente no. La obsesión con el poder y las violencias que ejerce contra mujeres, compañeras de movimiento, colegas políticos, medios y periodistas puede traducirse en un estilo de gobierno autoritario y excluyente para Bogotá. Morris no cuenta con las bases éticas y políticas para transformar el modelo de ciudad vigente.

Vivian Martínez Díaz

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