Dom, 08/30/2020 - 21:03

Derecho a NO ser abusados

A puerta cerrada, en sus mismos hogares los niños, las niñas y los adolescentes son abusados. Con los centros educativos cerrados los menores deben quedarse bajo el cuidado incluso de extraños mientras sus padres o cuidadores deben permanecer todo el día fuera de casa.

La procuradora delegada para la defensa de los derechos de la infancia y la adolescencia no desconoce que para muchos de los menores en edad escolar que deben permanecer en su casa o en la de sus cuidadores los días largos y tortuosos mantienen su corazón absorto de la realidad, sus ojos tristes gritan lo que su boca no se atreve a decir, pues aunque sus abusadores no utilizan la fuerza física, usan tácticas psicológicas que pueden hacer  sentir al niño culpable de lo que pasa, además de chantajes o amenazas en contra de sus hermanos u otros seres más cercanos.

Las ocupaciones diarias de los adultos impiden que sean notorios los cambios en la conducta o temperamento del menor, Maxime cuando según la edad y entorno un niño no está en la capacidad de comprender qué es un abuso y menos aún entiende que él mismo está siendo abusado sexualmente. En el 2019 el comité de derechos humanos de la ONU (Organización de las Naciones Unidades) determinó que en algunos pocos casos los menores sienten que algo está mal, pero guardan silencio.  ¿Pero si el menor es consciente que ocurre algo que él no consintió por qué calla?, un niño puede callar no solo por miedo, a veces pesa más su relación y amor por su padrastro, tío, primo, etc. Cuando el abusador es el padre el sentimiento de amor puede ser superior a tal grado que el niño no va a querer perder su vida de familia y menos si siente que su madre va a sufrir.  Aunado a esto se observa un miedo aun mayor, a no tener credibilidad, al niño o niña le aterra pensar que lo juzgaran como un farsante que quiere acabar con la nueva relación de su padre o madre.

El abuso sexual de un menor de edad es uno de los tipos de maltrato infantil con peores repercusiones traumáticas a corto y largo plazo ya que tanto la victima como la familia y la sociedad son afectados. Cabe agregar que también existe abuso sexual cuando son dos menores con una diferencia de edad de 5 años entre sí.

Los delitos sexuales contra menores en Colombia fluctuaban por encima de los 21 mil casos anuales, pero muy a nuestro pesar desde 2018 las cifras han marcado 26.059 casos por año, es decir que cada día 72 niños y jóvenes entre los 0 y los 17 años son abusados. Según el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, entre enero y mayo de 2020 se han practicado 7.544 exámenes médicos legales por presunto delito sexual que representan el 43,49 por ciento de las lesiones no fatales en el país. De estos, 6.479 fueron realizados a menores de edad. Estas cifras redundan en el subregistro pues el número de casos reportados no es acorde a la realidad; dentro de las razones además de la estigmatización está la falta de reporte por parte de personal médico o policía judicial, el difícil acceso a servicios de salud, justicia y redes de apoyo social; también existen aspectos culturales, sociales o familiares que consideran normal la agresión y  esto se recrudece cuando más del 80 por ciento de los casos quedan en la impunidad y no pasan de la indagación preliminar por causa de la deficiente acción u omisión de la justicia que muchas veces normaliza y excusa estas conductas y las victimas observan como una y otra vez son revictimizadas por el mismo sistema.

La responsabilidad en el cuidado de la genitalidad de los menores recae exclusivamente sobre los adultos y el ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar) con la actual directora Lina María Arbeláez, tiene la misión proteger a los menores de edad y prevenir la vulneración de sus derechos. Los niños, las niñas y los adolescentes son seres sujetos de derechos y deben ser protegidos contra el maltrato y los abusos de toda índole incluyendo actos sexuales abusivos y la violación de parte de sus padres, de sus representantes legales, de las personas responsables de su cuidado y de los miembros de su grupo familiar, escolar y comunitario. (Ley 1098 de 2006).

Se ha identificado que dentro de los factores predisponentes para que ocurra el abuso se encuentran: la edad y género, aspecto físico, ser un hijo no deseado, tener una  discapacidad física o mental, tener necesidades afectivas; así mismo se reconocen algunos factores de riesgo como la presencia de hombres ajenos a la familia en la casa, ausencia de armonía marital, métodos disciplinarios fuertes, problemas de farmacodependencia o alcoholismo en la familia, viviendas con hacinamiento y familias numerosas,

el abusador suele ser alguien conocido o cercano al entorno de la víctima, contrario a la creencia popular. Se estima que solo el 10% de victimarios son desconocidos, un 20% lejanos y en el 70% son miembros de la familia, amigos, o personas a cargo del cuido o educación del menor. Las cifras en los reportes indican que no todos los casos terminan en violación sexual, circunstancia por la cual no se denuncia, pues erróneamente existe la creencia que los tocamientos de genitales, acoso, pornografía o exponer a la víctima a observar el cuerpo desnudo o actos obscenos o sin pudor no son catalogado como delito.

En cuanto a las víctimas, son más frecuentes en el sexo femenino con una proporcionalidad de 2-4 veces, siendo mayor en niñas antes de los 12 años, mientras que en los niños entre los 12 y 13 años según el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).  cuando el abuso es generado en una niña las repercusiones a futuro se triplican siempre queda la posibilidad de una enfermedad de transmisión sexual, un embarazo no deseado, la mortalidad materna, nacimiento de niños prematuros o que nacen con condiciones especiales de salud, esto según datos de la secretaria ejecutiva del Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (Clacai).

Cada territorio debe hacer parte de una base unificada de información sobre delitos sexuales contra menores, alimentando información como autores, cómplices, proxenetas tanto condenados como sindicados, con el fin de controlar y prevenir la comisión de este delito (ley 679 de 2001),

Como aporte a las autoridades y entidades cuidadoras de los menores, en casa podemos contribuir a su cuidado con acciones tan fáciles como supervisar sus actividades en internet ya sea desde un computador o celular, explicarles con claridad y confianza acerca de guardar secretos, enseñarles con nombre propio cuáles son sus partes íntimas y fortalecerles su autoestima para que no reciban regalos o favores y puedan auto protegerse de familiares o personas cercanas. Diariamente hable con sus hijos o los menores a su cargo, pregunte acerca de profesores, compañeros u otros y esfuércese por hacerlos sentir protegidos y cuidados; recuerde que al menor siempre debemos escucharle y creerle por encima de cualquier otro sentimiento. En caso de sospecha de un abuso no dude en denunciar a Bienestar Familiar, línea 141, Fiscalía, Estación de Policía, Comisaria de familia o al centro de salud u hospital más cercano.

Quien no denuncia, sin importar el motivo, se convierte en cómplice.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.