Mié, 05/04/2022 - 07:16

Diario de un huérfano

Deseo la muerte, pero no la planificada. Deseo la natural, la que puede llegar de sorpresa porque esa es mi posibilidad para seguir construyendo momentos, para si hay un más allá, encontrar a mi padre y contarle cada detalle.

Quiero contarle que en la casa ya escasean las Mirlas que cantaban en su ventana, las mismas que había bautizado y presumía que acudían a su llamado. Quiero contarle que por estos tiempos la soledad me carcome, que son más constantes los momentos que lloro sin consuelo y que anhelo esos viejos tiempos en los que yo acudía a su humor negro como compañía.

Quiero contarle que el duelo que asumí como exitoso no funcionó y que solo soy preso de recuerdos y que soy un fallido detective buscando rastros, vestigios de su presencia en libros, fotografías y olores. Estoy preso en los olores a café recién hecho, porque lo vi durante más de 15 años hacer el tinto a diario. Su ritual al preparar el café era puntual y aún hay una ilusión visual, muy fantasmagórica que me hace verlo, de vez en cuando, con su camisa a cuadros y pantalón de lino revolviendo la olleta con la paciencia de un monje mientras el café en molido se va mezclando con el agua hirviendo.

Compré un periódico hace unos días, de los mismos que él solía leer los domingos —que son los días de mayor melancolía—, lo compré con el único objetivo de oler sus páginas, su tinta fresca que me lleva a mi niñez donde me sentía protegido por él y mi madre. Tengo la fortuna de haber vivido una linda niñez. Una suerte de mejor recuerdo. Veo las fotos, suspiro siempre y a modo de monólogo me digo que es increíble que ya no esté conmigo, pero más increíble que yo tenga que seguir aquí, sin él.

Tags: 

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.