Dom, 03/29/2020 - 15:17

Educación sin transporte

La virtualización de los procesos de educación para niños, niñas, adolescentes y jóvenes en Colombia, producto de la cuarentena obligatoria por el COVID-19, es una estrategia loable y válida del gobierno nacional en el marco de la emergencia. Sin embargo, como se está implementando puede ser generadora de más inequidades, pobreza, exclusión y disminución de la calidad de la educación. ¿Qué hacer? El transporte ha perdido su función de inclusión social y acercamiento de los más pobres a la oferta institucional de las ciudades en beneficio de la salud.

Las ciudades y las zonas rurales se mueven gracias al transporte y sus medios, ya sean estos motorizados o no. El transporte conecta a las personas entre el sitio donde están y el lugar donde quieren estar. También las enlaza al ponerlas juntas físicamente y les permite interacciones desde el punto de vista comunicativo que no son posibles por otros medios como el teléfono, el chat o la videoconferencia, cuando hay acceso a ellos.

El transporte público, por su parte, no produce bienes de consumo tangibles pero hace posible su producción gracias a que traslada diariamente a miles de trabajadores desde su casa hasta sus sitios de trabajo. Tampoco educa, pero facilita que miles de estudiantes lleguen a sus centros de estudio (Molinero Molinero & Sánchez Arellano, 2002 4a. ed.), interactúen con otras personas y generen conocimiento para sí mismos, para sus grupos y para la sociedad.

Con la pandemia por COVID-19, ¿qué impactos tiene la virtualización masiva de la educación en Colombia en el aumento de las inequidades? ¿Es posible desarrollar una virtualización de los procesos educativos en el marco de la emergencia sanitaria en Colombia atenuando sus impactos en la inequidad y en la perpetuación de la pobreza?

Cuarentena obligatoria como medida sanitaria

Los primeros confinados en la ciudad de Bogotá fueron los estudiantes desde el preescolar hasta los niveles universitarios.

Luego, el gobierno nacional de Colombia estableció una cuarentena obligatoria inicialmente por 19 días como medida sanitaria para evitar la propagación del coronavirus COVID-19. Hasta el momento esta arroja buenos resultados al permitir el control de la expansión del virus en la población de manera moderada. Y salvar vidas.

Según declaraciones del Presidente de la República, este periodo de cuarentena puede prolongarse.

Todo el proceso de gestión sanitaria, económica y social en el país a causa del virus puede durar entre ocho meses y un año, en principio, y de acuerdo con los pronósticos anunciados por el Presidente.

Sin embargo, la duración de la emergencia hoy es una incertidumbre.

Las brechas

El documento ‘Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022. Pacto por Colombia, pacto por la equidad’ (Departamento Nacional de Planeación, 2019), refiriéndose a la desigualdad en los avances en conectividad de Internet, establece que la brecha en acceso a estos servicios entre estratos socioeconómicos “es significativa y representa un riesgo de aumento en las brechas sociales y económicas”.

En los estratos 1, 2 y 3, sustenta el documento, la cantidad de conexiones a Internet en hogares está por debajo del 50%, mientras que en los estratos 4, 5 y 6 este porcentaje sube hasta alcanzar más del 90% en el estrato 6. Aproximadamente 7,2 millones de hogares en estratos 1 y 2 carecen de Internet fijo (Gráfica VII-2).

De otro lado, 18 departamentos del país se encuentran por debajo del promedio nacional de suscriptores de internet fijo por cada 100 habitantes. Estos son: Huila, Cesar, Magdalena, San Andrés, Sucre, Nariño, Córdoba, Cauca, Chocó, Arauca, Caquetá, La Guajira, Vichada, Putumayo, Guaviare, Guainía, Amazonas y Vaupés.

Según el documento, tan solo el 17% de los hogares rurales tiene conexión a Internet.

Las bases para el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 son concluyentes al decir que la velocidad de penetración de Internet ha sido lenta en comparación con la de otros países, desigual generando brechas geográficas y sociales, mientras que la calidad, medida por velocidad de descarga, es baja en comparación con los estándares internacionales.

¿Educación virtual para todos?

La estrategia de virtualizar la educación y en especial las clases presenciales de niños, niñas adolescentes y jóvenes en Colombia a causa de la emergencia económica es loable y válida.

Esta, sin embargo, ha contado algunos supuestos básicos que es necesario poner en la mesa y, en lo posible, debatir.

El primero es que toda la población estudiantil de Colombia tiene acceso a Internet y los medios necesarios para hacer la conexión con las clases virtuales tales como un computador, sus periféricos y un sitio o lugar adecuados (desde el punto de vista físico y psicosocial) para fortalecer el aprendizaje virtual.

Una encuesta realizada por estudiantes de pregrado de la Universidad Nacional de Colombia respondida por cerca de 8.000 de ellos reveló que aproximadamente 12% de quienes tuvieron los medios para contestar y lo hicieron, no cuentan con las herramientas necesarias para conectarse desde sus hogares o sitios de vivienda a las clases virtuales.

Los estudiantes asocian también factores psicosociales a las dificultades para generar aprendizaje virtual debido a las presiones generadas por el confinamiento, la emergencia sanitaria y las condiciones espaciales y familiares de muchas de sus viviendas, que les impiden concentrarse en las clases virtuales.

Este factor psicosocial aplica también a estudiantes de preescolar y primaria, con niños y niñas que deben tener supervisión adulta en casa para el proceso de aprendizaje virtual, con padres o madres de familia que no tienen el entrenamiento pedagógico para hacer supervisiones largas. La baja capacidad de concentración propia de algunos niños y niñas, aunada a las presiones de los padres desfavorecen el proceso pedagógico.

Del pénsum presencial al pénsum virtual

El segundo supuesto es que los materiales virtuales y su diseño es sencillo y rápido de realizar por parte de los docentes, si cuentan con las herramientas adecuadas. Esto es, las plataformas de virtualización o de educación virtual que proveen las universidades, colegios y el mismo gobierno.

Sin embargo, llevar a la virtualidad un pénsum presencial es difícil y pocas veces se logra en algunas semanas; requiere tiempo, conocimiento de las herramientas digitales, de las necesidades virtuales de la asignatura y de las necesidades de los estudiantes. Así mismo, requiere la elaboración de productos digitales especiales con dedicación y tiempo.

Nuestros docentes en Colombia fueron sorprendidos por la pandemia, al igual que todos los ciudadanos. Pedirles el desarrollo de contenidos que virtualicen su pénsum académico debería ser un proceso respetuoso con los tiempos, cuidadoso y planificado. Hacerlo de un día para otro o de una semana para otra no es una decisión responsable.

Aumento de la brecha entre la pobreza y la riqueza

El tercer supuesto es que se puede evaluar el desempeño de los estudiantes en las clases virtuales en el marco de la emergencia sanitaria, y que esa evaluación debe puntuar para el avance en las asignaturas, del año escolar o del semestre académico.

Creo que es posible evaluar el desempeño de los estudiantes en condiciones normales, con clases y un pénsum desarrollado especialmente para entornos digitales, complementario a la presencialidad. No es posible hacerlo cuando la preparación de las herramientas virtuales ha sido insuficiente y, especialmente, cuando no todos los estudiantes puede acceder al conocimiento debido a las barreras de acceso a Internet, software y equipos de los que hablamos más arriba.

Lo que está en juego es la calidad de la educación y las competencias de los nuevos profesionales que van a graduarse. Las de los niños que deben aprobar su año escolar y las del sistema educativo colombiano en general.

La solución deberá ser diferente a que los estudiantes que no tienen cómo acceder a las herramientas digitales simplemente pierdan la asignatura, el año o el semestre. Ello solo generaría más inequidad y aumentaría las brechas que existen entre la pobreza y la riqueza, entre una generación educada y una que no lo fue por falta de oportunidades teniéndolas todas en el entorno.

Carreras como agronomía, biología, antropología, trabajo social, medicina, diseño industrial, educación física, por mencionar algunas que requieren de la práctica profesional presencial, de salidas de campo y de la realización de laboratorios, difícilmente van a lograr resultados idóneos en sus profesionales si virtualizan el ciento por ciento de sus contenidos. Con la evaluación y la calificación de la educación virtual en emergencia, definitivamente disminuye la calidad de la educación en Colombia.

Esto, sin hablar de los niños de preescolar a quienes sus docentes en videos les enseñan las técnicas de recorte y trabajo manual para desarrollar la motricidad fina. Los niños y las niñas deben hacer un esfuerzo adicional para ver en la pantalla que la mano que aparece al lado izquierdo de la docente es en realidad la mano derecha de esta, pues el efecto espejo de la cámara del celular o del computador invierte la imagen generando confusión en ellos, que están desarrollando sus procesos laterales.

La educación sin transporte

El transporte es un importante instrumento de promoción de la inclusión social de los colectivos urbanos. Mejora la accesibilidad y la movilidad urbanas permitiendo el acceso a las oportunidades y a los servicios sociales (entre ellos la educación), reduciendo la pobreza, aumentando la inclusión social y atenuando los procesos de segregación social y territorial (Avellaneda García, 2007)

La educación sin transporte es un reto que debe asumir el país en su justa dimensión mientras se supera la pandemia global de COVID-19.

Debe ser asumida con mesura, atendiendo las diferencias del país y de sus poblaciones. No debe ser objeto de evaluación formal, pues el proceso de la emergencia sanitaria conlleva otro de anormalidad académica que debe atenderse.

La educación sin transporte debe ser solidaria con quienes no pueden acceder a Internet o no cuentan con las herramientas de hardware y software suficientes. Debe ser creativa ante las realidades actuales del país.

Debe incrementar la calidad de la educación en lugar de disminuirla.

Debe aumentar la equidad social en lugar de crear más inequidades.

Referencias

Avellaneda García, P. (febrero de 2007). Movilidad, pobreza y exclusión social. Un estudio de caso de la ciudad de Lima. (Tesis doctoral). Sabadell, España.

Departamento Nacional de Planeación. (2019). Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, Pacto por Colombia, pacto por la equidad. Bogotá D.C.: Departamento Nacional de Planeación.

Molinero Molinero, Á., & Sánchez Arellano, P. (2002 4a. ed.). Transporte público. Planeación, diseño, operación y administración. México D.F.: Fundación ICA, A.C.

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Educar es un reto. Educar en el aula ha sido una labor hermosa y compleja. Educar de manera virtual en la condición actual muy difícil. Hay que ver también el esfuerzo que hacen los maestros y educadores, para cumplirle a éste reto. Sí es cierto que los médicos y personal de salud son quienes enfrentan en reto de atender y salvar vidas, los maestros también lo hacen, ellos mantienen viva la posibilidad de estar más preparados para enfrentar situaciones dificiles

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