Jue, 10/31/2019 - 08:43

El arte más allá de la política, director de música de Beethoven

Wilhelm Furtwängler fue sin duda el director de orquesta que mejor supo carnalizar la obra del compositor Beethoven. Su forma de acelerar los tempos hacía de las sinfonías del compositor otra cosa jamás escuchada. Nadie interpretó ni interpretará aquellas piezas de una forma tan sumamente impresionante.

Pero él también decidió quedarse en la Alemania nazi durante la segunda guerra mundial y el mandato del nacionalsocialismo, él decidió mantenerse al margen con su agradable estatus de privilegiado genio de la música.

Ojo, no vengo aquí a hablar de cómo el arte de un artista debería ser o no separado de las ideas y decisiones de la persona del artista. Es decir, si hay que amar al artista con su arte o juzgar su arte por el comportamiento del artista. Sin duda, ese es otro artículo para otro día. Vengo a hablar de como para algunos genios de sus diferentes épocas, lo más importante era crear. Wilhelm Furtwängler no es la única genialidad a lo largo de la historia que era capaz de encerrarse en su caparazón sin ser totalmente consciente de que su mundo alrededor no era justificable. Para artistas de este tipo, lo importante no es donde o con quién, lo importante es lo que perdurara, la supremacía de la obra artística por encima de las circunstancias del resto de los mortales.

Nos lleva a que todos los ideales son capaces de representar arte y ese arte debería ser respetado. Cuando por leyes de memoria histórica se decide eliminar los símbolos de una u otra vertiente, también estamos callando las voces de esos artistas. Es la suerte de los vencedores, su faz de la historia es la que perdura.

Quedan varios testimonios en la actualidad, como que por ejemplo nunca se le viera hacer el saludo nazi, que indican que Wilhelm Furtwängler no comulgaba con las ideas del régimen. Hay testimonios y documentación que respaldan que el simplemente se quedó allí a seguir haciendo lo que hacía. Criticable o no, siempre queda el poso real de que lo que realmente debe importar en esos niveles de genialidad es el arte en palabras escritas con luces de neón.

Las políticas como los antojos infantiles, van y vienen, en una procesión histórica que muchas veces parecen cintas de moebius condenadas a repetirse con diferente disfraz. Pero independientemente de los políticos, Platón quedó, Mozart que simplemente sobrevivía viniera de donde viniese el dinero que le dejaba vivir sobrevivir, Wilhelm vive en su música grabada, porque si nos paramos a pensar pese al dolor que se puede producir por decisiones políticas, lo realmente universal y eterno es lo que nos eleva, el arte venga de donde venga nos hace mejores.

Y para finalizar, un poco del pobre Wilhelm Furtwängler:

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