Lun, 08/17/2020 - 08:00

El contagio en una sociedad de baja credibilidad

El año 2019 finalizaba con los acostumbrados afanes de la población mundial y la velocidad abrumadora del nuevo milenio nos envolvía en el dilema de los obsequios de navidad y noche buena. Sin percatarnos el mes de diciembre aportó los primeros casos de una neumonía desconocida: fue en la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei en China, en un mercado húmedo y muy popular donde las autoridades sanitarias de la República Popular China detectaron un mortal suceso.

27 casos de la neumonía desconocida ponían en alerta al ente rector OMS (Organización Mundial de la Salud), pero fue hasta enero cuando La Comisión de Salud y Sanidad identificó el agente causal de esta alerta en salud pública, se trataba de un microorganismo tipo virus de la familia Coronaviridae, al cual llamaron “Nuevo Coronavirus” o SARS-CoV-2 al tiempo que todos los mercados húmedos de la zona de Wuhan fueron cerrados para control ambiental y desinfección.

El microorganismo encontrado pertenece a una extensa familia de virus ya reconocida por la comunidad científica y médica por ocasionar enfermedades leves o moderadas del tracto respiratorio, conocidas como resfriado común, pero algo más estaba pasando, a más casos y más pacientes se observó la severidad de la enfermedad que comprometía en gran medida la salud de la población hasta Incluso llevarla a la muerte; no era la primera vez que las autoridades de salud se topaban con este tipo de enfermedad pues en 2003 el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) también originado en Asia, cobro vidas en 24 Paises y en 2012 en Arabia Saudita se conoció el  síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) que infecto el 80% de su población, la primera muy ligada en sus síntomas con la actual purga, motivo por el que se le denomino SARS COV 2 o COVID-19. Vale la pena decir que en ambos casos no se conoce una vacuna a la fecha.

Todos los medios de comunicación y los ojos del mundo se volcaron a reportar y conocer de primera mano lo que aún no podían creer. Los libros de historia en los capítulos de la peste negra, viruela, peste española y en los buscadores más reconocidos rompía récord el logaritmo SARS COV1, SARS COV 2, coronavirus, neumonía, muerte instantánea y con más recelo aún se buscaba pandemia, aislamiento y cuarentena.

No tuvo que pasar mucho tiempo y sin mayor información del virus los gobiernos del globo terráqueo respaldados en doctores en epidemiologia, infectología, virología entre otros se dirigían a sus naciones pidiendo detener toda actividad y sin objeción confinarse en su vivienda como única alternativa para su protección, especialmente mayores de 70 y menores de 15 años (#quédate en casa) ya que una mortal enfermedad (el “virus chino” como lo denominó Estados Unidos exacerbando la xenofobia contra el gigante Asiático) había cruzado toda frontera e indiscriminadamente estaba eligiendo sus víctimas sin tener en cuenta edad, sexo, posición social y menos económica.

En mayor o menor proporción empezó la carrera por mantener la vida sin el desplome de la economía local en su mayoría compuesta por sociedades con altos índices de pobreza e informalidad, circunstancia que impuso un ranking de “soberanos” según su manejo de la pandemia. A Colombia no le tocó tan fácil a pesar de ser un país que históricamente ha convivido con la Malaria, zika y Dengue y que apenas unos meses atrás venia afrontado una lucha con enfermedades ya erradicadas por su sistema de vacunación como el sarampión o la varicela esto a consecuencia de la crisis migratoria originada por la situación socioeconómica del vecino país de Venezuela.

La ya conocida pandemia en corto tiempo desnudó las consecuencias de las nefastas administraciones que le dieron periodo tras periodo a las políticas de salud, educación, economía, trabajo, etc, y previniendo una tragedia económica por guardar la mano de obra, surgieron fuertes presiones de la banca y los benefactores políticos que en plena avalancha de muertes en Europa, Asia y las Américas precisaron adoptar un término que recién concebían los gobiernos “la apertura inteligente o gradual” que consiste en liberar del encierro preventivo a los renglones de la industria y la comercialización confiando en su capacidad para jalonar la economía y detener la caída libre del PIB (Producto Interno Bruto) y otros 9 indicadores finacieros que decrecieron hasta 3 puntos según Juan Daniel Oviedo, director del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), contingencia por la que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) recomendó mantener y  fomentar el empleo estable disminuyendo impuestos a empleadores y apalancar prestamos flexibles desde la banca privada con intermediación del estado para incrementar la productividad.

120 días después de un manejo mesurado del contagio y sin las cifras devastadoras de otros países en muertes pero a puertas de un colapso en los centros asistenciales en salud y  no precisamente por la falta respiradores, pues un supuesto “cartel de la Covid19” y  la perdida de credibilidad de los ciudadanos que ven en la pandemia la excusa perfecta para ganar caudal político-electoral y poner cortinas de humo para distraer a la opinión pública de temas de estado verdaderamente importantes, Colombia extrema en la pedagogía de vivir en una sociedad de bajo contagio; con tres herramientas de autocuidado como el uso del tapabocas, lavado de manos y distanciamiento social y la estrategia PRASS (más Pruebas a más personas, aumentar Rastreo de enfermos y realizar esfuerzos extras en Aislamiento Sistemático).

Al mismo tiempo que se pretende la reactivación de las iglesias de todas las creencias y restaurantes siempre y cuando se ajusten a protocolos emitidos desde el Ministerio de Salud en cabeza del Médico Fernando Ruiz Gómez. Por otra parte, los estudiantes y usuarios de los sitios de esparcimiento junto con el sector hotelero y turístico entre otros  tendrán que seguir esperando el tan aclamado aplanamiento de la curva de contagio o la llegada eventual de una vacuna para liberarse del término acuñado por las versiones extraoficiales “selección natural” mientras observan como la tan peligrosa cultura de corrupción latinoamericana se ocupa de desviar los recursos destinados a capotear la crisis haciéndole el quite a la transparencia.

Como lección de vida la pandemia no solo nos aterrizó en nuestra condición de mortales frágiles, también nos demostró la importancia de saber elegir, pues aunque la crisis es mundial no todos los países cuentan con dirigencias pulcras apegadas a la virtud de sus altas dignidades que rápidamente redireccionaron los fondos públicos, empoderando el trabajo y estudio desde casa, acompañado de una renta básica y canasta familiar atiborrada de víveres y medicamentos que descartaban la idea de irrespetar la cuarentena y con esa misma disposición se blindaron con centros de salud dotados en tecnología y talento humano. Mientras que en la otra orilla desde la óptica de nuestro diezmado país donde el Índice de Percepción de Corrupción de la Agencia para la Transparencia Internacional, Colombia tiene una calificación de 37 puntos, muy por debajo del promedio global que es de 43 puntos, donde los colores políticos son usados como pretexto para saquear los recursos naturales y explotar a la población sin el más mínimo remordimiento, remembrando a cada instante las palabras del periodista y escritor Eduardo Galeano  “La pobreza del hombre es el resultado de la riqueza de sus tierras”; los ciudadanos incluyendo los pobres camuflados de ricos en los estratos 4,5 y 6 se quedaron con un palmo de narices esperando lo que no ha de llegar y sin mas remedio se vieron obligados a regresar a la calle y cual película de gánster de la edad de oro de Hollywood, hacerle el quite a la autoridad y no recibir una infracción en el intento.

Como dicen las matronas en sus rosarios vespertinos: Dios tenga piedad de esta sufrida tierra y pronto nos libere de este condenado mal y sus consecuencias, el hambre y la violencia y con las familias completas y la conciencia renovada retomaremos donde nos quedamos en el 2019, en un mes de diciembre ocupado por la compra de obsequios de navidad y noche buena.

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