Dom, 12/08/2019 - 11:26
Niña pasajera de moto en Cali en 2015. (Foto: Guillermo Camacho Cabrera)

El problema visible

En 2018 en Colombia cada 44 horas falleció un niño, una niña o un adolescente en motocicleta, ya sea como conductor o como pasajero. 40% de las más de 500 muertes fatales de menores de 18 años que se presentan anualmente en el país, y cuya cifra no baja desde hace más de una década, se dan por siniestros en motocicleta. Abordar el problema desde la familia, la sociedad y el Estado es una tarea pendiente. Una deuda que tenemos con la población de niños y adolescentes de Colombia y con nosotros como adultos. Como mejores adultos que podemos ser.

Mi tía, docente de un municipio de aproximadamente 20.000 habitantes al sur de Colombia, me escribió hace unos meses contándome que muchos jóvenes fallecen allí en siniestros viales en motocicleta. Se desnucan.

Me comentó, un fin de semana de agosto, que el martes anterior había sido el funeral de un muchacho y el miércoles el de una chica. La chica sufrió el siniestro transportándose desde un municipio vecino, luego de unas ferias y fiestas a eso de las 3 de la mañana. En una curva se golpeó la cabeza y entró en coma. Falleció casi una semana después. Su edad era de 15 años. Sobró preguntar si llevaba casco.

El muchacho, de entre 20 y 25 años se embriagó en una celebración el sábado anterior. En la mañana del domingo le prestaron una motocicleta para hacer piques. Paró la moto sobre la rueda trasera, se cayó y se desnucó.

Un mes antes otro joven, que fue alumno de ella, se había estrellado en la moto contra un carro. Voló y al caer también se desnucó. Ese día era el de su cumpleaños. Cuando me contó de estos tres casos, mi tía añadió que había llorado mucho y que no solo la embriaguez sino la velocidad eran los factores de riesgo para que estas situaciones sucedieran.

Las muertes de niños, niñas y adolescentes en motocicleta ya sea como conductores o como pasajeros son cotidianas en Colombia. Solo en 2018 fallecieron por esta causa 207 niños, niñas y adolescentes. 90 como pasajeros, desde bebés y 117 como conductores, desde los 11 años. 4 de cada 10 niños y niñas que mueren en siniestros viales en Colombia son pasajeros o conductores de motocicleta.

Para nadie en los municipios de Colombia, especialmente los de clima cálido, es un secreto que los niños, niñas y adolescentes, es decir quienes no han cumplido su mayoría de edad (18 años en Colombia), conducen motocicleta. Y tampoco es un secreto en las grandes ciudades que los bebés y los niños y niñas pasajeros de moto son una realidad diaria.

La permisividad de padres y cuidadores para dejar que sus hijos y niños y adolescentes a cargo conduzcan una motocicleta parece una práctica válida culturalmente. La moto es un medio de transporte (ya no se usa con fines exclusivos de deporte o de recreación), y como tal, su validación social en las ciudades gana terreno.

En zonas rurales y semirrurales son muchas veces la única oportunidad que tienen los pobladores de acceder a la oferta de productos y servicios en las cabeceras municipales, desplazándose por caminos de herradura o por vías terciarias cuando las hay.

El conflicto llega en las carreteras o en las vías secundarias y principales en las ciudades, en las interacciones con otros vehículos o con la misma infraestructura, que no es segura.

Dominar una máquina que pesa más de 150 kilogramos, que alcanza grandes velocidades en pocos metros de recorrido y a la que hay que subirse con elementos de protección personal de calidad (casco, chaqueta, pantalón, botas y guantes fabricados en materiales de alta resistencia a los golpes y a la fricción), requiere de una experticia y de unas cualidades físicas que en mi opinión solo pueden ser posibles en una persona adulta. Es decir, la contextura física y la madurez mental de los niños y los adolescentes no son las adecuadas para que conduzcan una motocicleta. Su cuerpo y su mente aún no tienen la preparación ni la fortaleza para manejar una moto.

Sin embargo, en Colombia los adolescentes pueden conducir motocicleta desde los 16 años. El Código Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre lo permite, así como permite también que sean conductores de vehículos de cuatro ruedas. De los 117 adolescentes conductores de moto fallecidos en 2018 por siniestros viales, 85 tenían entre 16 y 17 años, de 15 fueron 21 y de 14 eran seis.

El Código Nacional de Tránsito tampoco prohíbe el transporte de niños, niñas y adolescentes en motocicleta como pasajeros. De los 90 fallecidos en 2018 en esta condición en siniestros viales, 31 eran menores de 10 años, 17 tenían entre 11 y 14 años y 42 entre 15 y 17 años.

Algunas ciudades como Bogotá han legislado a través de Decretos la prohibición de que los niños y las niñas menores de 10 años viajen en motocicleta. Para las familias que llevan a los niños al colegio o para los padres y madres que requieren transportarse con ellos es difícil comprender los riesgos que corren las vidas y la integridad de los niños al hacerlo.

El mercado no cuenta con oferta disponible de elementos de protección personal para niños y niñas. Tampoco hay legislación para ello.

A los adultos, por su parte, les es difícil acceder a los elementos de protección personal en tallas estándar para sí mismos por los altos costos de los materiales, la confección y la fabricación, poco posibles económicamente para gran parte de la población de motociclistas adultos que tiene Colombia.

Las familias eligen el riesgo en lugar de proteger las vidas de sus hijos buscando otros medios de transporte.

El gobierno nacional y los gobiernos departamentales y municipales por su parte, podrían ser más vigorosos en el abordaje del problema con las herramientas que tienen; sin embargo, están desde los órganos ejecutores con las manos amarradas a la legislación existente, que no contempló los riesgos para la seguridad vial del transporte de niños en moto y la conducción de estos vehículos por parte de niños y adolescentes.

Tampoco previó la legislación de 2002 (Código Nacional de Tránsito), que la motocicleta es hoy un vehículo de transporte y que es usado también por las familias como tal. Inadecuado para ello, pero usado y popularizado como tal. A esto se suma que no hay estadísticas de cuántos viajes diarios hacen los niños y niñas en moto en Colombia.

Las muertes de niños, niñas y adolescentes en motocicleta deben ser visibles a la sociedad. También a los ojos de los padres y madres, a los ojos del Estado, de los gobiernos, de los legisladores. Los riesgos, a los ojos de los mismos niños.

Ver el problema, estudiarlo, hallar alternativas es la tarea pendiente que entre todos debemos resolver. Entre la familia, la sociedad y el Estado, como dice la Constitución Nacional.

Y entre más pronto, mejor.

There are 2 Comments

Especialmente en poblaciones donde en cuestión de regulación de tránsito es nulo, se ve hasta madres como parrilleras con su bebé recién nacido amamantando o dándole tetero, en fin da rabia la irresponsabilidad de los adultos

As´es, Ricardo. La moto paradójicamente se vuelve una solución de transporte para los adultos, pero transportar niños y niñas en ellas es un riesgo no previsto por los padres y cuidadores, así como lo es también permitir su conducción desde edades tempranas. Lo lamentable es que esta prácita está matando a niños, niñas y adolescentes. Muchas gracias por su comentario y la realidad que describe.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
16 + 0 =
Solve this simple math problem and enter the result. E.g. for 1+3, enter 4.