Lun, 06/10/2019 - 09:27
Foto: elblogalternativo.com

El quejica dictador

Bienvenidos a la actualidad, a un enorme deber ser que tenemos que cumplir. A un tipo de rebeldía que no se sale de lo que debe ser rebelde. En el libro de Marcuse, “El hombre unidimensional”, ya se hablaba de los rebeldes que no lo son, ya que no salen de esa línea de confort establecida dentro de su rebeldía.

Parece un trabalenguas, pero esa es nuestra realidad diaria. En redes sociales, en grupos de opinión, en el trabajo, entre los amigos más conocidos que amigos, en nuestras acciones del día a día, podemos ver como lo establecido y lo que se está estableciendo está determinado por el mismo tipo de normas.

Vivimos en la época de los quejicas dictadores, una etapa dominada por los mundos burbujas donde las personas cómodamente se manejan mejor. Burbujas que crean realidades raramente reales, uno consume lo que piensa, lee lo que piensa y todo, absolutamente todo lo que se salga de aquella burbuja o que ponga en duda el contenido de ésta… es atacado con tanta virulencia que parece que viviéramos en una guerra dialéctica constante. No, me he equivocado. No es una guerra dialéctica, en el caso de dicha guerra las partes lucharían con razones  basadas en algo, trabajaríamos con premisas salidas de algún sitio y exquisita validez. La situación no es esa, las personas lo que sí realizan es una guerra encarnizada y violenta donde no se ejerce ningún ejercicio mental. La violencia por violencia verbal se convierte en un juego de ratón y gato donde los conceptos equivocarse, perdón y un lago etcétera no existen. Nuestros quejicas dictadores nunca piden perdón, ni permiso porque ellos son la verdad.

Son los hijos de una sociedad que no ha tenido problemas reales como en el caso de nuestros antecesores. Nos hemos criado, hemos nacido en una sociedad donde las cuitas comunes y diarias no son comer, un techo, la enfermedad por la precariedad, etc… Resultamos ser una generación que tenemos lo básico asegurado (en la mayoría de los casos), es más lo tenemos tan asegurado que a veces tenemos la osadía de ir en contra para reencontrarnos con las circunstancias que habíamos exterminado.

Es una generación cuyos problemas se pueden resumir en una antigua viñeta que decía:

  • ¿Vienes?
  • No, hay alguien en Internet equivocado y tengo que solucionarlo.

Creamos nuestra burbuja como algo tan certero que toda oposición no es más que un sacrilegio. Tenemos la supervivencia asegurada, tenemos medicina a nuestro alcance, el alimento sobra de forma desproporcionada, hay posibilidad  de un techo, de un sitio seguro donde descansar, y nos quejamos. Nos quejamos, los quejica dictadores se quejan de todo lo que no es pensar como ellos. El problema es cuando se agrupan y paren una sociedad con grupos que censuran.

¿Pueden ser los quejica dictadores el fin del pensamiento crítico y la libertad de expresión?

Solamente diré que cuando las premisas no son acompañadas de razonamientos, sino de violencia, el debate ha terminado.

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