Vie, 11/19/2021 - 08:01

El séptimo sentido del séptimo arte

Soy escritor, caleño, mechudo, salsero y cinéfilo, pero nada tengo que ver con Caicedo. Solo que me parece que hay un séptimo sentido que le falta a la visión del séptimo arte y es eso que no ve el ojo común en las películas. De eso vengo a hablarles desde hoy, pero antes, una pequeña introducción.

Mi padre conoció a Caicedo y ayer almorzando con él, le pregunté sobre ese épico encuentro con el caleñito delgado, erudito y ocurrente de “Destinitos fatales”. Se fue hasta el origen, por allá al 69’, y aunque casi me cuenta toda su adolescencia, logré sacarle una escenita que nunca se le va a olvidar.

Vidal Espitia, mi padre, era diseñador gráfico y trabajaba haciendo fotograbados en diferentes empresas. Además tenía una revista llamada Yoguismo, en donde publicaba columnas sobre crítica de cine y Horóscopos. Y por eso, compartían con Caicedo gustos afines.

Vidal nunca se imaginó que Caicedo fuera a superar su gusto por el cine. Y lo descubrió el día que Andresito lo fuera a visitar a su oficina, cuando él le contó una escena de una película que ni mi padre se acuerda hoy en día, después de unos 40 años; el caso es que Vidal relataba una viñeta en donde “una mujer corría por un bosque, como escapando de algo, entre los árboles se veía su silueta, de vez en cuando las ramas no dejaban verla, era de noche y todo se veía a contraluz”. Vidal hizo una pausa y se despistó en su zona de trabajo, Caicedo le decía, “no, no parés, seguí, seguí, mirá cómo se me puso la piel”.

A mi parecer, Caicedo en su momento como Director del Cine Club del Teatro Experimental de Cali, superó su producción narrativa y ficcional con la crítica del séptimo arte y es algo que el libro ‘Ojo al cine’ lo demuestra, un ladrillo interesantísimo de casi mil páginas que en su momento fue una revista en la que participaron más escritores del comité de redacción, entre ellos Luis Ospina.

Pero esta columna no es sobre este libro, mucho menos sobre Caicedo. Lo que queremos tratar de ahora en adelante, los viernes, cada 15 días, es recomendar “cine de calidad”, como lo diría Andresito, filmes psicológicos, thrillers, obras cinematográficas policiacas, de misterio, suspense u horror, con alto, altísimo contenido filosófico.

Pero ojo, no son esas típicas películas que se valen del libro para existir, no, son esas que aún en sus referencias clásicas y literarias, se mantienen al margen de una historia que ya existe, para crear un universo y un imaginario independiente.

Hace poco estuve ejercitando mi tercer ojo, un amigo trabajó mi espíritu en lo que él llamara “Armonización Energética” algo así como una alineación de chakras, pero un poco más elevada, con Rapé. Y días después en un sueño, me dijo, “Abra el tercer ojo”. Recuerdo que estando dormido, tenía mis ojos cerrados y logré ver el mundo, (otro mundo) sin mis ojos, solo con ese que estaba ubicado a la altura de la glándula pineal. Después, en un viaje a Medellín, conocí a un hippie que me dijo, “cuando sueñe, trate de verse las palmas de las manos”. Desde esa vez he estado intentando, experimentando, pero no lo he logrado. Lo que sí sé, es que podemos desarrollar nuestro sentido espiritual incluso a través del cine.

El arte en sí nos permite mirar hacia adentro. Y no sé si les ha pasado, pero hay veces que las películas nos dejan mensajes ocultos, respuestas que debemos develar cuando hacemos una introspección en nuestras vidas distraídas.

Los mejores directores de cine han tenido ese sentido, lo han desarrollado con su producción y lo han mostrado sin mostrarlo. Como lo hacen los libros con lo que dicen los autores aún sin decirlo. De esto se trata este tratado, de no ver los filmes, sino imaginarlos. O mejor, verlos con nuestro tercer ojo.

Ahora bien, he aquí lo que este órgano acuoso cerrado, esa pupila que mira hacia adentro, esa retina que enfoca el interior, ve de las películas que no cualquiera ve. ¡Váyalo!

Los dejo con una película soviética que se ve a sí misma, como diría mi padre: una película distinta. “Man with a movie camera” dirigida por Dziga Vértov. Nos vemos en 15.

M. E. Espitia

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