Lun, 10/12/2020 - 08:57

El siglo que forjó la generación que está muriendo

Si pensábamos que este siglo estaba ensañado contra los pobladores de la tierra, veamos que hace poco más de 100 años se daba la bienvenida al siglo XX un siglo donde la ilusión de grandes eventos, descubrimientos e invenciones eran la esperanza de uno de los continentes en guerra.

Con gran optimismo el señor Henry Ford presentaba al mundo el automóvil como una nueva idea de transporte sin tracción animal, en nuestro lado del océano, Cuba se independizaría como nación autónoma (1902) y Panamá salía del mapa Colombiano (1902). Siguiendo con la buena racha en 1905 Albert Einstein el científico más importante del siglo publicaba su teoría de la relatividad.

Pero la bienaventuranza y el regocijo del nuevo siglo no duraría mucho con un continente en guerra y la ironía de primer Nobel de paz concedido al inventor de la dinamita (El sueco Alfred Nobel).  Para una persona nacida con el siglo (1900) no debió ser nada fácil sopesar los embates de la nueva era pues a sus escasos 14 años vivió o sintió las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Posteriormente tal vez de boca de sus padres o en los entrecortados y limitados comentarios de la radio llegando a su juventud con tan solo 18 años, se enteró que la guerra finalizaba (1918) con 22 millones de muertos, cantidad que pudo ser cinco veces mayor si no se hubiese contado con el descubrimiento de los grupos sanguíneos por el médico austriaco Karl Ladsteiner, clave para transfusiones de sangre de los soldados heridos en el campo.

Cumplidos los 18 años esta persona sale viva y libre de la guerra y entonces aparece un virus mortal que se propaga rápidamente por todo el planeta, afectando a cerca de la mitad de la población mundial, una pandemia por gripa llamada ′′española", que lo obliga a aislarse por 2 años de su vida pues para la época no contaban con antibióticos (la penicilina se inventó en 1928) y las condiciones sanitarias eran precarias. Tras 2 años encerrados en las granjas alimentándose de pan y la leche de las cabras que criaban y del uso de tapabocas como única arma contra la mortal enfermedad, el mundo confirmaba la muerte de 50 millones de personas, superando los muertos de la guerra reciente.

Luego a los 29 años con la televisión, la radio y el teléfono inventos entregados a la humanidad para su beneficio se entera de la «Gran Depresión», crisis económica que afecta a casi todos los países industrializados, provocando un desempleo masivo y enormes dificultades para la población. Los sobrevivientes de las guerras ahora ven su dinero irse por el caño en la la bolsa de Nueva York, provocando inflación, desempleo y hambre.

Supongamos que este hombre o mujer que nació con el siglo logró superar la guerra, el hambre y desempleo de la depresión económica y no perdió la lucidez en el encierro de la pandemia, tal vez logró conformar una familia y a sus 33 años con una pareja e hijos recibe la noticia que los Nazis llegan al poder. El 30 de enero de 1933 Hitler es nombrado como Presidente. Hitler no fue elegido por el pueblo alemán, pero sí llego al poder en forma legítima. Con el socialismo en el poder se inició la "revolución nacional", revolución comunista sobre la que se implantó la dictadura; punto seguido la historia relata que la muerte fue el combustible para mantenerse en el poder y entonces vino el HOLOCAUSTO (proviene del griego antiguo y significa «quemarlo todo») una de las etapas más sangrientas, belicosas, discriminatorias y de segregación  de la historia de la humanidad que dejó entre 15 y 20 millones de muertes (cifra publicada recientemente por el New York Times).

Ya con la invención mejorada del  paracaídas, los pilotos militares dominando el aire con aviones salidos del imaginario y creatividad que desafiaba la naturaleza de los hermanos estadounidenses Orville y Wilbur Wright y con los beneficios de la penicilina, invención del médico y bacteriólogo escocés Alexander Fleming (1228), cumplidos los 39 años este “cristiano” por segunda vez tiene que ver a su mundo en guerra, la Segunda Guerra Mundial, que termina al cumplir sus 45 años, cuando  todo el mundo sale a las calles para celebrar el día de la Victoria en Europa, que marca el final del conflicto militar más letal de la historia con 60 millones de muertos y cuya devastación da origen a la Organización de las Naciones Unidas ONU con el objetivo de mantener la paz y seguridad internacional. 

Como si fuera poco pasarse la vida entre guerras y pandemia, esta persona logra llegar a los 52 años solamente para ver como el hombre, sin la lección aprendida, repite sus errores y comienza la guerra de Corea que termina 12 años después solamente para iniciar la guerra de Vietnam que finaliza cuando celebra sus 75 años de “vida”, aparentemente cerrando una era de violencia armada.  

Los niños nacidos en la década de los 80 y sin la más mínima idea de sobrevivir a las guerras y catástrofes piensan que sus abuelos no saben lo difícil que es la vida.

¡Ah! pero que podemos decir de los nacidos en 1995, hoy con 25 años, ellos que piensan que es el fin del mundo cuando su paquete de Amazon tarda más de tres días en llegar o cuando no consigue los likes de su contenido publicado en Instagram, Facebook o Twitter.

En 2020 la humanidad en su mayoría vive con comodidades como agua caliente, refrigerador, luz, televisión, Netflix,  Amazon prime, videojuegos en línea, WhatsApp, tiktok, Telegram y un sinnúmero de beneficios que a menudo es más de lo que necesitamos. Pero nunca es suficiente pues la mentalidad humana siempre está insatisfecha y olvida que el secreto para sobrevivir es dejar a un lado el egoísmo, la incapacidad de pensar en el otro y entender de una vez que la tierra es la herencia que debemos cuidar para que las futuras generaciones puedan disfrutar los beneficios que hoy despreciamos al encerrarnos en cuatro paredes, frente a una pantalla lejos del verde del campo y el azul de las aguas.

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