Lun, 02/18/2019 - 10:09
Foto: colombiacheck.com

Entre chiste y chanza

Le preguntó algún alumno osado al canciller Carlos Holmes Trujillo si aspiraría a la presidencia en 2022. Y ante la audacia de la pregunta el Ministro de Relaciones Exteriores medio aturdido pretendió salirle al paso con un chiste. “Aquí entre nos y que no salga de Colombia, claro que voy aspirar”. Burla burlando el canciller respondió lo que le sale del alma. Obvio que una persona que fue aspirante presidencial con muy buenas posibilidades seguirá aspirando y probablemente llegue a ser una carta del Centro Democrático para el 2022 porque tiene todas las credenciales para serlo. Pero lo políticamente correcto no es decirlo ahora y menos pensarlo mientras se está ejerciendo, por lo menos en Colombia.

Lo que si dejó ver este simpático episodio que pretendieron volverlo casi una falta disciplinaria es que es hora de pensar que del lado del centro derecha, como se ubicaría a ese sector del uribismo al que pertenece el presidente Iván Duque, se debe comenzar a buscar un candidato que garantice que no se imponga un exponente de la extrema derecha porque esa sería la plataforma perfecta para facilitarle el triunfo a la extrema izquierda de Gustavo Petro. Algo que no han entendido esas concepciones extremistas o derechas radicales que impulsa ese sector que apoyaría gustoso al exprocurador Alejandro Ordóñez o alguien así y que se manifiestan a través de las barras bravas en las redes, las cuales incluso descalifican a Duque por no que no les parece un purasangre uribista. 

En los mas de seis meses que lleva el presidente Duque en el gobierno ha quedado claro que él no es monedita de oro para la extrema derecha dentro de su partido. Pero esta derecha radical no ha logrado entender que si hubiera salido escogido por el Centro Democrático una figura radical como Ordóñez el presidente hoy sería Gustavo Petro y los problemas de los colombianos habrían cogido inevitablemente la ruta venezolana. Por eso no es descabellado comenzar a pensar en figuras como el canciller Carlos Holmes Trujillo o la Vicepresidente Marta Lucia Ramírez, quien también se ubicaría en esta corriente política de centro derecha.

Es muy temprano para que respondan ellos y el canciller no debió pisar la cascarita ni en broma. Y aunque no es ni mucho menos falta disciplinaria si lo puede desdibujar un poquito y no sería justo con un hombre que en lo que lleva de gestión ha dejado ver que tiene los pantalones bien puestos para enfrentar la mamertada internacional y para recomponer el prestigio colombiano a nivel mundial. Irónicamente en la campaña presidencial Holmes parecía lo más representativo de la clase política tradicional, que ya no vende. Su aspecto de cacique regional no le ayudaba mucho en un momento en que la gente quería algo diferente y estaba cansada de los Roys Barreras o los enmermelados del gobierno de Juan Manuel Santos.

En lo poco que lleva al frente del Ministerio de Relaciones exteriores Holmes Trujillo ha sacado su talante de canciller. Y en medio de la crisis venezolana se ha destacado como un auténtico canciller de hierro, que fácilmente trae a la memoria la política de alianzas de aquel legendario estadista y político alemán, Otto von Bismarck, artífice de la unificación alemana y hombre clave en las relaciones internacionales durante la segunda mitad del siglo XIX. Hoy la figura de político tradicional de Holmes Trujillo ha dado paso a la de estadista y estratega geopolítico. Sus posturas férreas incluyen por ejemplo una petición expresa a la Corte Constitucional para que no invite a los embajadores de Israel y Palestina a la audiencia para discutir sobre los alcances del Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado por el Gobierno de Juan Manuel Santos. 

Claramente esta petición generó una especie de regaño de la Corte pero permitió mostrar que Homes Trujillo tiene un pensamiento geoestratégico y que su experiencia en Rusia y Austria como embajador y haber sido alto consejero de paz en Colombia le han generado una combinación de hombre de estado con talante conciliador. Pero el regaño más importante vino fue partir de su respuesta socarrona por parte del Procurador Fernado Carrillo, quien no desperdició la papaya que daba Holmes Trujillo para emprender el debilitamiento de su mas vistoso rival, ya que nadie duda que el Procurador también está en campaña para la presidencia en el 2022. Por eso su lección de moralidad pública se notó muy ejemplarizante pero a su vez reflejaba su propio lanzamiento.

La reprimenda carrillista no logra ocultar los celos de rival: “como titular del Ministerio Público le requiero se abstenga de realizar declaraciones de las que se desprenda cualquier tipo de insinuación o expresión de interés en ejercer actividades políticas electorales futuras, teniendo en consideración la investidura que corresponde al cargo del cual es titular, así como la obligación perentoria de cumplir las normas que regulan la función pública y el régimen disciplinario, en particular las referidas a la descripción de faltas por participación en política (numeral 39, artículo 48 de la Ley 734 de 2002). El servidor público que quiera hacer política electoral, que renuncie a su investidura”, le dijo.

Pero más allá del chistecito del canciller que por poco le sale caro, hay que tomarse muy en serio lo que se viene para Colombia. La postura férrea con los principios democráticos que exige el momento particular frente a la situación venezolana marcará necesariamente la agenda política de cara a las elecciones del 2022. Y la actitud que ha tomado el canciller en esta coyuntura lo ha puesto en primer plano. Su rechazó a la decisión de Nicolás Maduro a la expulsión de una delegación de euro diputados que pretendía reunirse con el presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, ha sido un acto de liderazgo en el que no se frena para denunciar que el dictador Nicolás Maduro ha cometido un "atropello a la democracia y la libertad” con este hecho  autoritario.

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