Dom, 03/26/2017 - 07:57

Es que la gente es muy rara

Un hombre al volante –llamémoslo Julio- se descuida un momento y cierra involuntariamente al que lo quiere adelantar –llamémoslo Juan-. Juan se enfurece y da un gran pitazo, largo y estridente.

Julio hace caso omiso y acelera para evitar el drama. Juan se enfurece más y acelera a fondo, adelanta a Julio y lo cierra bruscamente, frena y se baja a insultar. Julio se enfurece también y reclama por la cerrada de Juan. La pelea sube de tono y Juan vuelve a su auto para buscar un machete, con el cual regresa a amenazar a Julio. Julio se asusta, saca su pistola y mata a Juan.

Versión de la esposa de Julio –que viajaba con él-: “Ese tipo nos cerró y empezó a insultar a mi esposo. Luego sacó un machete y vino a matar a mi esposo, entonces mi esposo tuvo que defenderse”.

Versión de la esposa de Juan –que viajaba con él-: “Ese tipo nos cerró, y cuando mi esposo se bajó a reclamarle, el tipo ese insultó a mi esposo y lo mató de un tiro”.

Ambas versiones están sesgadas para favorecer a su propio marido, ambas callan la parte negativa de su marido, ambas exageran la culpa del otro.

Así son las discusiones que arman los seguidores de uno u otro líder, de uno u otro movimiento político, de uno u otro sistema económico, y desde esa trinchera parcializada disparan cada día contra los otros.

Pero también así son las discusiones que sostenemos con otras personas sobre temas más personales, más sencillos, porque todos somos seguidores del ídolo que tiene más adoradores: Nuestro personal e individual EGO.

Todo lo que es sometido a nuestra consideración, antes de analizar su corrección de datos, la lógica de sus argumentaciones, la conveniencia para la Humanidad, antes de cualquier otro aspecto, lo primero que se revisa es si está de acuerdo con lo que uno cree al respecto. Por eso es que lo primero que uno dice es “No estoy de acuerdo”, o “Eso sí es verdad”, lo cual no significa que sea verdad sino que uno cree lo mismo.

Movidos por nuestros afectos, cada cosa que tenga que ver directamente con uno mismo o con alguien querido (sea familiar, amigo, etc.) la veremos con el sesgo de los sentimientos; los yernos y nueras se quejan mucho de que los suegros siempre le hallan la razón a su hija/o, y es verdad, pero también es comprensible.

Uno de los casos más notorios de este sesgo emotivo (y Egocéntrico) en el análisis de una situación se presenta cuando el dueño de un perro es capaz de matar a otra persona que ha golpeado “SU” animal porque éste la atacó. Importa más un perro porque es “El Suyo Propio de su Personal Propiedad”.

Ubicado este aspecto del comportamiento general de las personas, esta nube que opaca la visión y el pensamiento a la hora de analizar una situación cualquiera, podemos darnos cuenta de que en las discusiones que sostenemos a diario, cuando la otra persona está diciendo sandeces (según nos parece a nosotros), lo que ocurre es que ella está mirando las cosas con lentes de color diferente a los nuestros.

Esos lentes de color diferente corresponden a una experiencia de vida diferente a la nuestra y, dado que no conocemos esa vida, no podemos comprender por qué para ella las cosas son así, tan raras (por decir lo menos).

Cada quien mira con percepción sesgada por su propia experiencia o condicionamiento, por su propio ideario respecto de la vida en general y de cada tema en particular. Por eso resulta tan difícil encontrar “un alma gemela”, y tan enriquecedor tratar con tanta gente diferente, si se aprovecha adecuadamente.

Si a usted le parece aburridor vestirse todos los días con la misma pinta, imagine cómo sería el mundo de aburridor si todos pensaran igual que usted en todos los asuntos. ¿Qué habría de novedoso cada día? ¿Qué podría aprender en cada encuentro? Nada. Le juro que la tasa de suicidios se incrementaría geométricamente.

Asuma, entonces, tantas diferencias de percepción sobre un asunto como algo divertido, como un juego de adivinación de cuáles son las motivaciones que hay detrás de las “pendejadas” que está diciendo el otro, como una oportunidad de descubrir un nuevo mundo, construido por esa persona desde el entorno en que se formó.

No lo tome como un asunto personal. Ella no está diciendo cosas raras por sacarle la rabia a usted. Usted no es tan importante para ella como para que ocupe su vida en procurar enojarlo, simplemente ella es así; lo interesante sería comprender por qué es así.

Y mientras va comprendiendo a uno y a otro, usted va creciendo en conocimiento de la vida, de la condición humana, del modo correcto de llevar una conversación sin llegar al disgusto o la pelea, va aprendiendo a vivir contento entre cualquier clase de personas porque sabe que no tiene que cambiarles su modo de pensar o su conducta, sino simplemente encontrarles los puntos en que puede conectar con ellas para poder hacer cosas juntos.

No olvide en ningún momento que usted para ellas es igual o peor de raro.

Namasté.

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Sí Andrés, éste artículo me hace recordar lo que exponía Platón: "La batalla en la mente del hombre es entre el bien y el bien", algo así, como que los seres humanos, siempre tratamos de justificar nuestros actos, acción que tal vez también tenga que ver con el instinto de supervivencia, que nos caracteriza como especie. Y que de no ser así, a lo mejor, no habría justificación para que existieran los abogados.

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