Mar, 06/20/2017 - 07:26

Gloria al bravo pueblo

Hay palabras que tienen fuerza y que impactan. Gestos que hacen la verdadera diferencia. Pero a veces, no tan a menudo – infortunadamente –, surgen personas que con sus actos nos invitan a soñar.

Se convierten en íconos porque llegan en momentos muy puntuales de la historia. Con toda seguridad la primera vez que Wuilly Arteaga se paró con su violín frente a hombres armados, en medio de un campo de batalla como los que hoy se viven a diario en Venezuela, estaba muerto del miedo. Solo tiene 23 años, es bajito y de contextura muy delgada. Pero nada de esto lo detuvo. En su pequeño cuerpo encierra el alma de un gigante y el corazón de un guerrero dispuesto a dejarlo todo, haciendo lo que mejor sabe: interpretar su violin. Ese día, como hoy en Univisión, tomó su arco, apretó con fuerza su instrumento y le extrajo sus mejores melodías convirtiéndose en fuente de inspiración.

Entendió, a su corta edad, que la guerra no es el mejor camino. Hoy, a un par de metros, lo escuché en medio de una entrevista que le hacía Jorge Ramos en la sala de redacción del noticiero, decir que no quiere luchar más. No porque le falte el coraje para seguir dando su simbólica batalla. No, en su cara se leía que guarda la esperanza de que todos en su país encuentren pronto la forma de entenderse para no matarse.

Mientras lo oía interpretar “Gloria al Bravo Pueblo”, el himno de Venezuela, pensé en mi país, en nuestra historia, en la forma en que nos hemos desangrado por décadas. Recordé el brutal atentado del pasado fin de semana. Y una vez más me pregunté ¿por qué? Y no encuentro respuesta. No hemos aprendido de nuestros errores. Y lo que es peor, no hemos aprendido ni siquiera porque la muerte nos ha respirado en la nuca a todos, y lo ha hecho con fuerza.

Tras lo sucedido en el Centro Comercial Andino lo que vino fue peor. Se desató una guerra en redes sociales en la que desde muchos flancos se dispararon acusaciones sin pensar en lo más básico. Hay momentos para la solidaridad y para la unión. El resto es mezquindad. Se publicaron fotografías dantescas bajo la premisa de que hay que sensibilizar a los colombianos a ver si despertamos, sin pensar que las tres mujeres que murieron y las personas heridas tienen familias a las que hay que respetarles su dolor o de lo contrario las revictimizamos.

Muchos están espantados porque aseguran que Colombia va rumbo a convertirse en otra Venezuela. Eso me deja otra inquietud. ¿En cuál Venezuela nos convertiremos? ¿En la de Maduro y Cabello? Dios nos proteja. Pero si es la gran Venezuela, esa de Wuilly Arteaga, la de la música y la de la guerra simbólica, en esa si me gustaría que nos convirtieramos. Yo sé que podemo. Porque los colombianos buenos nos contamos por millones y los malos son apenas unas decenas de miles. De ser así, seguro que como reza el himno venezolano, podremos cantar a una sola voz (con mucho respeto a nuestra patria hermana): “Gloria al bravo pueblo”. Y ese, seremos todos.

#SeValeSoñar

En Twitter: @JCAguiarNews

 

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