Sáb, 12/08/2018 - 08:02

Hablemos de este Estado Civil sufriente

Ahora que el desamor no nos mató, ahora que crecer es darnos cuenta que la rutina duele más que un mal de corazones, y ya que las relaciones amorosas no son algo que ya no traducimos como un logro al que debemos aspirar ¿Qué va a pasar con nosotros? Deberíamos preguntarnos esto porque somos el ojo del huracán de nuestra vida amorosa, y no está fácil el asunto.

Ahora que crecimos no hay tarea más adusta que ir desmitificando todo lo que un día nos configuró la mirada sobre las cosas, porque hasta las cosas más primitivas como la profesión que un día escogimos, el dinero, el éxito, el fracaso, la soledad, incluso las cosas más sagradas como la figura paterna y materna no logran salvarse de nuestro filtro desmitificador. Pero sin duda alguna, el amor es entre todas esas cosas el asunto más abstracto y por lo tanto más difícil de desmitificar, pues hay un consenso social sobre el ritmo del romanticismo en las relaciones de pareja que nadie quiere entrar a cuestionar por miedo.

Pero para poder demistificar al amor solo se requiere una cosa: la decisión de odiarlo. Pasa igual con tus padres, igual con la democracia y la política, pues nadie redefine el valor sobre las cosas si las adora. Así que yo sé que bajo la neblina de la existencia todos nos hemos preguntado qué hicimos de nosotros durante una tusa, cómo fue que ese monstruo desenamorado del amor vio un día la luz que quedamos tan convencidos de que después de nacer, la segunda revolución más grande que experimentamos es desenamorarnos del amor.

Una vez que entramos al caos que implica desmitificar el Amor, buscamos su nuevo sentido en todos los funerales que han sido nuestras parejas del pasado. Comenzamos a ponerle gracia a las despedidas que tuvimos, intentamos cerrar ciclos y nos olvidamos del ‘cangrejeo’ porque nos parece un error y un guayabo moral desventajoso, por el contrario preferimos hacer yoga, compramos vibradores, abrimos tinder y asistimos a talleres de sanación para bendecir el útero.

Después de esto nos encontramos con lo más difícil, un mundo con unas reglas definidas para el cortejo amoroso y una pila de hombres sin saber qué hacer con un pasado sentimental. Seguimos encontrándonos con pretendientes que no nos dejan participar activamente en el cortejo, por eso es que algunas mujeres no mienten cuando dicen que algunos hombre se asustan cuando les cantan la tabla, aunque sentir miedo es válido porque es humano; el caso es que los panas pretenden seguir siendo extremadamente aduladores hasta el punto que dan miedo y hostigan, por fortuna a las mujeres se nos inflan los ovarios y comenzamos a decirle ‘No’ a cualquier prospecto de hombre porque ya no sabemos para qué sirve la complacencia (Nunca nos sirvió).

Supongo que toda esta desventura trazada por darle un nuevo sentido al amor, este desorden, este caos, implica convertirnos en mujeres llenas de confianza para que sin pudor sepamos apostar por hombres que no tengan miedo de cuestionar tanto los privilegios masculinos como femeninos en una relación; es claro que lo más subversivo por estos días en el amor es lograr construir relaciones sentimentales, en donde nosotras las mujeres dejemos de ser tan dóciles frente a una pareja que prefiera su comodidad por encima de la reciprocidad, porque no podemos seguir reduciendo el espectro de las emociones y los sentimientos a un contrato emocional desventajoso. Ni los hombres ni nosotras las mujeres queremos volver a estar con una pareja que sutilmente mida el control sobre la relación sintiéndose extremadamente amado/a.

Pienso en las ruinas en las que terminamos convertidos todos tarde o temprano, parece apesadumbrado el asunto pero no quiero que nos dejemos de prometer que es posible, que sí, que todo puede ser distinto aún entre la incertidumbre de este desenamoramiento al que hemos aprendido a configurar en nombre de la salud emocional, en nombre también de todas las películas que nos educaron mal, y en nombre de todos las personas que creyeron sentirse excusadas si las cosas que hicieron mal las hicieron en nombre del amor.

Por favor no sigan haciendo trizas al amor, dejémoslo ser y no lo utilicemos más como una excusa, comencemos por darle un nuevo sentido, comencemos por el amor propio, ese que ni siquiera está en instagram, ese que tarda y duele más porque la aceptación es el proceso más difícil de la vida, pues es la única forma de liberación.

Añadir nuevo comentario