Sáb, 09/01/2018 - 22:38
The Clash en concierto.

Hubo dos o tres canciones

Hubo dos o tres canciones que me transformaron, que no me dejaron ser el mismo y fui una persona distinta después de escucharlas, entonces esas dos o tres canciones me llevaron a otras canciones, a otros discos, a otras voces, a otros grupos y terminaron llevándome a otras letras y a otros libros.

Hubo dos o tres canciones que se me quedaron metidas para siempre, que me sacudieron y me obligaron a confrontarme. Hubo dos o tres canciones que me llevaron a historias y a fotografías y a querer estar ahí, viviendo el momento en que esas fotografías fueron tomadas y esas mismas canciones me llevaron a imaginar cómo eran las calles por las que esos sonidos comenzaron a reclamarle al mundo su lugar. Esas dos o tres canciones se volvieron decenas y cientos y a veces creo que miles y me hicieron querer ser otro, entonces quise ser Joey Ramone cantando "I wanna be sedated", o Joe Strummer cantando "London calling" o "Tommy gun", o quise ser Lorenzo Morales para cantar "Los pobres no tienen patria". Quise ser esos otros para cantar con esas palabras que se me habían metido entre la garganta como puñales y que tenía que sacar de alguna forma, entonces vinieron mis canciones, y escribí dos o tres canciones para sacarme esos puñales y para ser yo en un escenario y para que otros quisieran ser yo y esas canciones se volvieron más palabras porque buscaba y sigo buscando qué decir, sigo escudriñando muy adentro para sacar todas esas palabras y plasmarlas en los papeles que un día, quizás, serán una obra.

Esas dos o tres canciones que escuché y esas otras dos o tres que escribí me llevaron a ser lo que soy, a escribir lo que escribo y me siguen moviendo y confrontando cada vez que las escucho y por eso vuelvo a ellas una vez cada tanto. A veces recuerdo esas canciones y las canto cuando voy por ahí, caminando por la calle, yendo a cualquier parte, y las repito una y otra vez y canto esas frases que se quedaron conmigo para siempre. Entonces canto "la miseria te ahoga, el hambre te mata, vayas donde vayas, los pobres no tienen patria", o canto "somos los nietos de los obreros que nunca pudisteis matar", o canto "la sabiduría, vuestras heridas disimula, os enseña a sangrar a escondidas, esto es solo una opción", y entre cada canción comprendo que la vida, o al menos mi vida, se la debo a esas canciones y que hoy escribo para decir con demasiadas palabras lo que otros pudieron decir en canciones de dos minutos.  

Hubo dos o tres canciones que me perturbaron, que me cambiaron el rumbo y esas dos o tres canciones siempre están y son ante todo un refugio, un lugar al que volver. Esas dos o tres canciones me hicieron cantar y más tarde me hicieron escribir y es por ellas, por esas dos canciones y por todas las demás que vinieron después, que hoy aspiro a una obra.  

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