Dom, 09/26/2021 - 08:42

Ignorar algo, aunque nos mate por ello

El otro que soy, uno de los tantos otros que encarno a toda hora y desde que tengo memoria y olvido, trabaja como editor en un medio cultural digital y, justo hace un par de días, luego de que ya se hubieran publicado los textos a mi cargo, se detectaron unos errores críticos, por no decir imperdonables, en uno de ellos.

Y, como se imaginarán, no pasó a mayores, pero la cosa va más allá, ya es bien sabido que nadie se ha muerto por una coma mal puesta o por una discordancia de género, aunque esto último sí ha matado personas, pero no es de lo que vinimos a hablar, aunque nos la pasemos hablando de eso. Sí, como decía, nada grave sucedió allí o en el mundo, pero, como a esto me dedico hace décadas, a imaginar, en el hipotético caso de que hubiera pasado algo hubiera podido ser cualquier cosa, y todas, sin duda, las hubiera lamentado. Alguien hubiera podido pensar que cuando en la oración el sujeto es un hombre, o alguien que se identifica como tal, y el resto de la oración no está de acuerdo con ello es porque alguien no respeta o no está de acuerdo con su posición o su forma de identificarse. Alguien, a lo mejor muy distraído, perdería el resto de su día, y de su vida, tal vez, porque así somos los locos, buscando el origen de esa letra sobrante que nadie sabe por qué estaba allí. Alguien que pasaba su domingo en paz dejó de hacerlo porque encontró de pronto, frente a sus ojos, una palabra inexistente en el diccionario de la santísima y putísima real academia de la lengua colonizadora española, y se le convirtió, entonces, en un lunes eterno pasando de página en página y de libro en libro hasta morir de viejo sin encontrar respuesta a sus dudas. Y, por supuesto, y para no continuar con los ejemplos infinitos, el autor de la catástrofe, que, aunque no lo parezca, y aunque hubiera continuado con su vida imperturbable, hubiera matado en algún lugar de su inmensa cabeza, millones de neuronas por pensar en ello sin descanso hasta que, también en su universal testa, desaparecieran las penas, los dolores y las culpas porque se le ocurrió algo que haría reír a las personas que tenía cerca.

Y sí, joven que está pensando en esto, en la tercera fila de la izquierda, casi junto a la ventana, tiene usted razón, no hay grandes repercusiones, salvo todas las mencionadas, en un error de estos, si lo comparamos con la lava lenta e incansable que, centímetro a centímetro, y ante la mirada del mundo en tiempo real, sepulta algunos de los símbolos de nuestra civilización, o, si volvemos la vista al otro lado del mundo, es decir, justo al lado de nosotros, y vemos que alguien, cada vez que nosotros masticamos, por ejemplo, una goma de mascar, muere de hambre o de sed. Por eso mismo, joven y espectadores y lectores, es que hay que ignorar aquello que viene a matarnos, porque de igual manera nos matará, y, ya lo hemos conversado, el tiempo es oro, y el oro no se malgasta porque sí, ni porque no.

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