Dom, 04/14/2019 - 09:46
La bici en el diván. Ilustración: Guillermo Camacho Cabrera.

La bici en el diván

El diván ha sido el sitio del inconsciente. Donde quienes van al psicoanalista buscan sosiego y entender un poco más lo que les sucede. Hoy, la bicicleta está en el diván. Acompañémosla en esta sesión con el psicoanalista para escudriñar un poco en lo que le puede estar pasando a este importante medio de transporte que en Bogotá genera más de 800 mil viajes al día de personas que se transportan en bici.

La puerta está entreabierta y la bicicleta entra un poco tímida al consultorio. Adentro, sentando en un sillón está el psicoanalista quien amablemente la mira y le pide que se recueste en el diván.

Una vez ahí, la bicicleta cierra los ojos y comienza la sesión.

  • Buenos días. ¿Qué la trae hoy por acá?
  • Figúrese que tengo una crisis de identidad. Ya me está dando miedo salir a la calle y hablar con mis amigas. No soy la misma de antes.
  • ¿Por qué dice eso?
  • Yo era feliz. Y lo fui más cuando supe que la ciudad donde vivo fue declarada la Capital mundial de la bici. Ese para mí fue el mayor orgullo de mi vida. Me sentía alegre, con ganas de salir y conversar con mis amigas.
  • ¿Y qué pasó?
  • Pues que en los últimos días me enteré de que otras personas dicen que no estoy en la Capital mundial de la bici, y eso me genera una crisis de identidad. Imagínese, primero sí y después no… No sé qué hacer…
  • ¿Dígame, por favor, qué edad tiene?
  • Yo soy muy vieja, nací en 1917. Al principio, era de madera y no tenia pedales. Pero en esta ciudad como medio de transporte, tengo menos de 20 años.
  • ¿Qué recuerda de su infancia acá?
  • A mi prima la Monareta. Muchos niños y niñas la usaban para salir a pasear por el barrio. Luego recuerdo haber visto por televisión las carreras de bicicleta, con unos señores a los que llamaban los escarabajos. Eso fue como en los años ochenta. También recuerdo a mi prima segunda, la bicicleta de BMX, con frenos de coster o contra pedal que usaban muchos adolescentes para correr por los andenes de la cuadra. Eran otros tiempos en los cuales no había infraestructura para bici y la gente me usaba especialmente los domingos para salir a la ciclovía. Allí aprovechaba yo, y todavía lo hago, para conversar con mis amigas y hablar del clima, de los mantenimientos que nos hacen nuestros dueños, de la cantidad de bicis que salimos a disfrutar del domingo y del ejemplo que le damos al mundo al salir todas juntas por las vías que cotidianamente son ocupadas por nuestros primos lejanos, los carros.
  • La ciclovía es un hito muy importante de su vida en esta ciudad
  • Sí. ¿Pero sabe que casi no lo tengo en cuenta? A mí ya me parece normal salir un domingo a disfrutar de los más de 126 kilómetros de ciclovía. Son hartos, ¿no? La Organización Mundial de la Salud OMS reconoció a la ciclovía como un programa exitoso. En esta ciudad fuimos pioneros en el mundo en hacer un programa así. Pero ni eso vale para que seamos la Capital mundial de la bici. Estoy muy triste.
  • Tranquila. Lo importante acá es cómo se siente usted. ¿Cuénteme qué hace en un día normal?
  • Me despierto muy temprano. Mi dueña se prepara para salir con sus elementos de protección personal, me revisa los frenos, especialmente el desgaste de mis zapatas y si están muy largos; me calibra las llantas, lo que generalmente me hace cosquillas; me revisa las luces traseras y delanteras y la batería para estas; que funcionen bien los cambios y ella revisa su casco. Luego salimos por la ciclorruta a la universidad. Allá me parquea y puedo conversar largas horas con mis amigas. Después, por la tarde, regresamos a casa.
  • ¿Qué es lo que más le gusta de su día?
  • Cuando mi dueña me alista. Y también salir a la calle a transportarla, pues nos encontramos con otras bicis y vamos conversando por el camino. Son charlas cortas, saludos y señales. ¿Usted sabe que tenemos un lenguaje propio entre las bicis? Pero no le puedo hablar de ello porque es un secreto nuestro. A nosotras nos encanta conversar. Hablar de todo. Me gusta cuando rodamos por las ciclorrutas de la ciudad y cuando estamos parqueadas.
  • Hábleme de las ciclorrutas…
  • Sí. Tal vez son lo mejor que tiene esta ciudad para nosotras. Mucha gente no las valora y no sabe lo importante que son para nuestros dueños y dueñas. Les ayudan a moverse más seguros frente a nuestros primos lejanos, los carros. Ahora hay más ciclorrutas que antes, mayores conexiones.  Ya son más de 540 kilómetros de ciclorrutas y en ese sentido tenemos la red más grande de América Latina. Las demarcaciones para nosotras son muy visibles, son azulitas y ya nos es más fácil hacer transiciones para pasar por las intersecciones, pues hay reductores de velocidad para carros. ¿Ya le hablé de los ciclopuentes? Son fabulosos porque nos permiten hacer un paso seguro por ahí, sin mezclarnos con los autos.
  • Pero hay quienes dicen que las ciclorrutas están en mal estado…
  • Eso no es cierto. O, mejor dicho, un porcentaje está en camino de mejora. Digamos que la mayoría está en buen estado y ya están arreglando las que están mal. Lo cierto es que hay deterioros por el paso de los años, por el uso, pero aquí creo que todos debemos poner de nuestra parte.
  • ¿Cómo así? ¿Por qué lo dice?
  • Mire, es sencillo.  Es algo como de percepción ¿cierto? Si todos cuidamos las ciclorrutas, la señalización que hay en ellas, y nos preocupamos porque se pongan bien, pues estamos jalando para el mismo lado para mejorar la infraestructura. Incluso podemos reportar las que pueden mejorar. Pero si vivimos criticando sin aportar, pues es muy difícil construir ciudad. Qué tal que yo aquí, en este diván, le dijera que la red de ciclorrutas es muy mala, que no sirve para nada, que no hay conexiones y que toda está en mal estado… ¿Usted qué pensaría?
  • Que está en otra ciudad…
  • Exacto. Eso es lo que me pasa. Por eso hoy tengo crisis de identidad. Unas veces me identifico con mi ciudad, la quiero y la amo. Otras, lo que dice la gente me da mucha rabia y tristeza y no sé qué hacer. ¿Sabe que he llorado?
  • Tranquila. Lo importante acá es cómo se siente usted. ¿Qué más la hace pensar que está en la Capital mundial de la bici?
  • Pues muchas más cosas. Mire, además de la ciclovía y de la red de ciclorrutas más grande de América Latina, estamos en la ciudad que más viajes tiene cada día en bicicleta. Juntas sumamos más de 800 mil viajes diarios por la ciudad. Entre todas evitamos la emisión de 300 mil toneladas, ¿qué tal la cifra? 300 mil toneladas de C02 cada año, hay 149 empresas dedicadas a la comercialización de bicicletas que generan 87% del empleo relacionado con nosotras, generamos más de 6.000 empleos al año en la ciudad relacionados con la comercialización al por mayor y un total de 26.000 empleos formales anuales en torno a la bicicleta. Más de 2 mil niños y niñas se mueven seguros diariamente en el Programa Al Colegio en Bici, al cual pertenecen a más de 60 colegios de 12 localidades que construyeron 85 rutas de confianza. La ciudad cuenta con un Centro de la Bici que ha capacitado a más de 200 personas en mecánica de bicicletas, cuenta con más de 12.400 cupos de cicloparqueaderos y hay unos colectivos de ciclistas muy fuertes en la ciudad. Todo esto me hace sentir muy bien y feliz. Me hace dar ganas de ayudar a construir ciudad en torno a la bicicleta.
  • ¿Cuénteme, le gusta que la admiren?
  • Sinceramente, soy muy tímida. Me halaga que mi dueña me admire y me cuide.  
  • ¿Le gusta que admiren su ciudad?
  • Sí. Me gusta sentirme orgullosa de mi ciudad.
  • ¿Se identifica con su ciudad?
  • Sí.
  • Lo importante acá es cómo se siente usted. No veo que tenga crisis de identidad. Solo los oídos un poquito abiertos al qué dirán. Me parece que su percepción está muy bien, que aprecia lo que tiene y quiere ayudar a que mejoren las cosas. ¿Está más tranquila?
  • Definitivamente, sí.
  • Salga a la calle con confianza y hable con sus amigas. Siga cuidando mucho sus frenos, luces traseras y delanteras, aire de las llantas y estado de los cambios. La espero en quince días para que me cuente cómo va todo.
  • Muchas gracias. ¿Sabe algo? Me sirve mucho hablar con usted.

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