Mié, 04/03/2019 - 10:25
Imagen: fppchile.org

La democracia militante y su importancia para Colombia

La historia demostró que existen dos vías posibles para acabar con una democracia. En la antigüedad clásica era común que la democracia de una república independiente llegaba a su fin con la invasión y el asedio de fuerzas externas. En la modernidad el riesgo para las democracias yace principalmente en actores internos que siguen ideologías antidemocráticas como lo son el comunismo, fascismo o fundamentalismos religiosos. Esos actores pueden usar medios violentos para alcanzar su objetivo, pero también pueden conseguir su meta por la vía legal-electoral.

Alemania y Venezuela son los casos más dramáticos que demuestran como la democracia ha sido derrumbado por vía electoral. La República de Weimar que le garantizaba amplia participación política a partidos antidemocráticos fue abolida pacíficamente por el NSDAP de Adolfo Hitler en 1933. En Venezuela la historia fue casi idéntica. La pasividad de la democracia le abrió las puertas al partido nacionalsocialista de Hugo Chávez quien en 1999 dio los primeros pasos para enterrar la democracia venezolana. Tanto en Alemania como en Venezuela las causas que llevaron al derrumbe de la democracia fueron congruentes: desconfianza general en la clase política tradicional, incertidumbre económica, desigualdad social.

Si analizamos la situación actual de Colombia, observamos que el país desgraciadamente cuenta con los mismos elementos nocivos que desembocaron en el derrumbe de la democracia alemana o venezolana. La pregunta es: ¿Cómo se puede defender la democracia de un Estado que cuenta con factores que favorecen el surgimiento de actores políticos antidemocráticos?

El primer académico en dedicarse intensamente a esa pregunta fue el politólogo alemán Karl Loewenstein quien siendo judío y de pensamiento centroizquierdista se vio obligado de huir de Alemania después de la llegada al poder de los nacionalsocialistas. Loewenstein se exilió en la Universidad de Yale donde empezó a desarrollar el concepto de la democracia militante como respuesta para contrarrestar la amenaza del comunismo y fascismo contra las democracias europeas. Para Loewenstein una democracia liberal debería crear los instrumentos legales para poderse defender contra aquellas fuerzas antidemocráticas que tratan de abolir el orden fundamental libre democrático a través de elecciones regulares.

Países que hicieron la experiencia traumática del terror del totalitarismo consolidaron elementos de la democracia militante en sus constituciones. Alemania, Italia o países de la antigua Unión Soviética sancionan explícitamente la exposición de símbolos que representan ideologías de odio como una esvástica o la hoz y el martillo. De igual manera se prohíbe en instituciones educativas el adoctrinamiento de ideologías antidemocráticas, así como la apología a regímenes totalitarios.

En Colombia hoy en día se observa con gran preocupación como la pasividad del Estado le abre de par en par las puertas a actores políticos con objetivos claramente hostiles a una constitución democrática. En varias instituciones educativas del país se tolera que docentes adoctrinan a sus estudiantes haciendo apología a regímenes totalitarios como el de Cuba o Venezuela.

Colombia aún tiene el gran privilegio de aprender de la historia de países como Alemania y el concepto de la democracia militante puede servir como pilar teórico para tomar medidas necesarias que limiten el riesgo de que nos pase lo mismo que le pasó a Alemania en 1933 o a Venezuela en 1999.

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