Dom, 06/28/2020 - 09:29
Foto: Semana

La esclavitud de las redes sociales

Las opiniones cuando son diversas y nos exponen diferentes ángulos de una misma realidad, nos enriquecen. Conocer otras versiones de la vida diferentes a la nuestra, nos hace madurar, nos engrandece y sobre todo nos hace mejores personas.

Pero en las redes sociales el debate real, no tiene hueco. Las personas no hablan con argumentos ni premisas con base para defender sus ideas. Son obstinados y obtusos, como si darle razón a otra persona o comprender otras realidades fuera más una enfermedad que otra cosa. Eso nos lleva a que tu forma de pensar te va a llevar a portar una u otra etiqueta, los contrarios a esas etiquetas que te pongan se atacaran como hienas feroces cada vez que te pronuncies en las redes. Eso nos lleva a unas cuantas consecuencias curiosas.

Por un lado el miedo del influencers por decir lo que piensa realmente en vez de decir lo que se espera de esa persona que diga. Eso nos lleva a construirnos unos personajes para nada reales o llevarnos a la autocensura del no opinar. Los influencers o personas con muchos seguidores, tienen miedo. Miedo de expresarse verdaderamente, ser auténticamente sinceros, genuinos en ellos mismos, miedo por perder esos seguidores que tanta falta personal y económica les hace. La verdad, la sinceridad ha muerto. Son juguetees en manos de lo que ellos piensan que quieren sus seguidores. Ellos que se creen libres por no tener un trabajo de ocho horas en una oficina, o un trabajo manual mal pagado, se convierten en esclavos de un deber ser que se los va comiendo poco a poco hasta no quedar nada de lo que les hacía ser ellos mismos.

Sumidos en un tipo de esclavitud del que dirán, solamente en su más íntima privacidad pueden ser ellos mismos Y digo muy íntima porque hay oídos por todos lados queriendo escuchar cosas indebidas para destapar a estas personas sumidas en la peor de las esclavitudes, la mental. El daño físico siempre es recuperable mientras queden ganas, fuerza y vida, pero el daño mental es de ese tipo de desgaste que cuesta más recuperarse.

Así, las redes sociales se convierten cada vez más en un sumidero de etiquetas, donde cualquier cosa que puedas decir, será probablemente atacada por alguien.

Vamos a parar  a pensar un momento, ¿de dónde viene toda esa agresividad? ¿Por qué toda esa agresividad en las redes? La frustración aparece para que pueda ser soltada cuando nadie nos mira directamente a los ojos, tras una pantalla todo vale. Pero no, no todo vale cuando lo convertimos en una dictadura del pueblo, no un pueblo cualquier sino un pueblo que defeca su ira tecleando.

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