Mié, 05/25/2022 - 09:06

La formación docente más allá de la mera transmisión

A medida que pasa el tiempo y las sociedades cambian en torno a la idea de progreso, el factor humano ha quedado relegado a un segundo plano, convirtiendo así los currículos en planes de negocios en los que el docente forma para fortalecer la competencia laboral, dejando de lado aspectos críticos en el ejercicio de su libertad para considerar todo desde la visión del utilitarismo.

Es por lo anterior que, se deben abordar  diferentes conceptos de las humanidades que llega al mismo resultado “el valor de enseñarlas y no dejarlas morir en las academias” visiones y conceptos que van desde escritores y filósofos como Fernando Savater en su libro El valor de educar, a estudiantes e investigadores del tema como José Eriberto Cifuentes Medina. Asimismo, resaltar la importancia del rol docente en la reproducción de modelos teóricos y técnicos a la sensibilización y reconstrucción de la humanización de la educación.

En el mismo sentido, no hay que dejar de lado los preceptos que  han formado los estandartes de la educación y por los cuales ésta se ha transformado, sin olvidar que en dichos cambios se debe tener en cuenta aspectos tales como; el contexto, las necesidades y a la sociedad misma.  Las sociedades han cambiado vertiginosamente en aspectos sociales, económicos, culturales y educativos. Hoy en día se ha olvidado la otredad y se le ha dado paso al egoísmo y a la competencia voraz, esto producto de una humanidad sin humanidad, y de una educación desordenada en la que no se construye pensamiento y sus discursos están bajo el predominio de las necesidades hegemónicas de unos pocos, así mismo, en la cual el éxito personal prevalece por encima de los valores y la ética. Lo anterior ha afectado evidentemente a las universidades y centros de enseñanza.

Savater afirma que el hombre llega a serlo a través del aprendizaje. Pero ese aprendizaje humanizador tiene un rasgo distintivo que es lo que más cuenta de él (…). Porque lo propio del hombre no es tanto el mero aprender como el aprender de otros hombres, ser enseñado por ellos. Nuestro maestro no es el mundo, las cosas, los sucesos naturales, ni siquiera ese conjunto de técnicas y rituales que llamamos «cultura» sino la vinculación intersubjetiva con otras conciencias.  Es de esta manera, que entendemos el conocimiento y la construcción de saberes como una interacción con el otro que  permite afianzar los lazos y construir sociedad y esto se hace mediante el recurso humanístico que se aporta desde la educación y la labor docente desde la mismidad, pero sin dejar de lado la otredad en la que se construye el saber.

Por otro lado, la resignificación del papel de las humanidades, se manifiesta más allá de contenidos específicos, llegando a la contextualización de estos saberes. Desde la filosofía, a la música, así como de la literatura se busca un diálogo entre los estudiantes y el conocimiento adquirido. En estas áreas prevalece la sensibilización del estudiante para que de forma vivencial y pragmática cree sus propias reflexiones de lo aprendido. Es un ejercicio de retroalimentación de contenidos y formas de pensar, de igual manera, el estudiante es quien decide aprender,  por consiguiente, la reflexión y el reconocimiento del campo humanístico. La reconstrucción de saberes y del conocimiento dentro de las aulas de clase debe darse de manera preeminente. “La universidad ha de proporcionar los elementos necesarios para una formación más humanista y en este contexto, una tarea urgente de las humanidades es la construcción del humanismo para que en el futuro profesional que se educa en ellas conduzca sus esfuerzos al mayor beneficio global en lo político, económico, social y cultural  toda vez que las humanidades han de despertar el amor al saber no como aprendizaje de un oficio o de muchos conocimientos prácticos, sino como el interés por lo humano” tal como lo declaró José Medina. La convergencia de conocimientos que se manifiestan en las universidades sirven como piedras angulares para construir saberes, pero esto no serviría de nada sin las humanidades. Sensibilizar ese conocimiento es parte interesante de la construcción del mismo, porque le otorga su sentido principal, el de formar en torno a fenómenos que atañen al ser en función de mejorar su calidad de vida y entender al otro.

Ahora si bien es cierto que la labor del docente es educar desde el humanismo y que su meta es educar en la integralidad, se debe destacar una postura crítica en la labor de educar, dado que como enuncia el pedagogo francés Cousinet “si el maestro quiere que el alumno aprenda, debe abstenerse de enseñar”; esta labor llega a ser disruptiva, entre lo que el docente desea enseñar desde sus saberes y diferentes conceptos aprendidos en su trasegar educativo y lo que el alumno desea aprender, ya que cada estudiante es un contexto único y particular, por lo cual cada uno debe tener distintas posturas sobre lo que desea aprender, lo cual se podría comprender como una utopía educativa, porque existen nociones que se deben aprender en términos generales y están planificadas como fuentes inicial en el proceso de enseñanza y aprendizaje, por ello es que existe esa disrupción educativa en la formación académica, luego el docente debe hacer uso de la lógica que preside la enseñanza, que es la de formar sujetos activos en alguna postura, bien sea productiva, intelectual, vivencial, etc. por ende el proceso de aprendizaje no está ligado fundamentalmente en la premisa de que el docente debe poder transmitir su conocimiento desde ciertas instrucciones y formas de enseñanza, pero es el educando el que tiene el poder de decisión de lo que desea aprender.  Luego el docente puede tomar la decisión de involucrar al estudiante sobre la importancia de tomar postura activa de sus diferentes aprendizajes, sin la necesidad de infundir ciertas categorías hegemónicas pueden llegar a describir e interpretar ejemplo de ello podemos decir que existe una correlación entre la belleza natural que encuentra el docente en su labor de enseñar y transmitir sus conocimiento de manera asertiva, por lo cual los educandos para poder comprender y llegar a apreciar esa belleza que tiene el docente, deben poder entender el lenguaje con el que el educador llega al aula y deja todo de sí, para ejecutar esa transmisión deseada.

Para concluir debe haber una disrupción entre la manera en que el docente enseña y de cómo el estudiante aprende, debido a que este tiene una formación académica en la que usa estrategias y metodologías didácticas para que el estudiante apropie dichos conocimientos, sin tener en cuenta cómo el docente aplica sus experiencias y aprendizajes formados en el mundo de la academia, para que finalmente sea una decisión intrínseca del estudiante para saber si apropia esas enseñanzas debido a que como se cita en el texto “aprender es siempre tomar; información del entorno en función de un proyecto personal” según el investigador en educación  Philippe Meirieu. Por tanto es simplemente selectiva la forma en que el sujeto aprende, de acuerdo a sus necesidades y a su propia cosmovisión del mundo, con procesos de pensamiento complejo que no se desarrollan de una forma lineal, tal como está concebido  el sistema educativo bancario, el cual tiene un orden preestablecido y ordenado de las cosas, pero que en síntesis, como bien lo expresa la tercera exigencia de la revolución copernicana en pedagogía no puede ser tomado como un proceso mecánico para programar la mente de una persona de forma aleatoria, sino que debe contribuir a su desarrollo.

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