Mié, 08/11/2021 - 08:06

La historia no es como la cuentan

A los periodistas nos fascina la historia: ¿Quién no ha soñado con encontrar un día un acontecimiento que haga Historia y poderlo relatar en exclusiva? ¡Esa es la verdadera chiva!

La Chiva que les traigo es que nuestra América, y hablo de la América Latina, que no solo ha sufrido el despojo del oro y de la plata, del caucho y del cobre y del petróleo y ahora de la franja ecuatorial y de las propiedades medicinales de nuestra fauna  y flora.

También se  han apropiado de la memoria para que no sepa de donde viene y no pueda averiguar para dónde va.

La historia que nos enseñaron es, en su mayoría falsa: En su totalidad ha sido escrita no solo por los vencedores, si no por historiadores elitistas que beben, por ejemplo, en los Archivos de Indias para contar la historia de la conquista, narrada por los mismo conquistadores en la forma que les conviene, o nuestra historia reciente basados en memorias presidenciales o testimonios que no siempre son debidamente contrastados.

Por eso iniciamos, de la pluma de Eduardo Galeano (1940-2015) la relación de los acontecimientos mas importantes de Nuestra América durante el siglo pasado, resumiéndolos como realmente ocurrieron y no como los cuentan.

La mayor parte de estos eventos pueden resultar increíbles para personas de miradas unilaterales. Por esta razón,  cada uno de ellos estará presidido de un titular, un aviso del número de palabras y al final la referencia bibliográfica del documento original, para que constaten la validez del hecho, o amplíen su conocimiento los mas curiosos interesados.

1º de Enero de 1900 (200 Palabras)

América Latina amaneció sorprendida de existir todavía: Los templos estaban atestados de fieles que daban gracias al Señor por no haber acabado con el mundo como lo anunciaban los  profetas, comenzando por Nostradamus.

En ninguna iglesia cabía un cuerpo mas y todos querían confesar sus pecados para asegurar su lugar en el Paraíso. Los  curas daban preferencia a las embarazadas y a las recién paridas, el que menos llevaba tres días clavado en el confesionario y muchos se desmayaron por indigestión de pecados.

Cuando llegó la medianoche del 31 de diciembre, toda la feligresía se preparaba para el bien morir, porque mucha ira había acumulado Dios desde que creó el mundo y no cabía duda de que con el final del siglo era el momento de la rendición de cuentas. 

Sin respirar, con los ojos cerrados y los dientes apretados, los fieles escucharon las doce campanadas de la iglesia, una tras otra, muy convencidos de que no habría un después.
Pero lo hubo, ya el Siglo XX llevaba unas horas caminando y sigue como si nada para desilusión de las beatas y vergüenza de los profetas.

¡Alabado sea el Señor que se compadeció de sus siervos!

Los conventillos

En Buenos Aires  todos pagan igual para entrar al Teatro Colón -muy parecido al de Bogotá- pero atravesando la puerta la función cambia:  en la pista bailan los de abajo y en los palcos se divierten los de arriba, nadie comete el delito de invadir. Como en la ciudad, los de arriba viven en el Barrio Norte, en palacios franceses de dos o tres plantas y las solteronas prefieren la virginidad antes de mezclar su sangre con alguno de los mas de 150.000 trabajadores que llegan cada año al Río de la Plata: 8 de cada 10 obreros es extranjero  y entre ellos hay socialistas y anarquistas italianos, franceses de la Comuna, españoles de la primera república y marxistas de Alemania y la Europa Central.

Buenos Aires es la primera ciudad americana que celebra el Primero de Mayo en multitudinario acto en el cual el orador principal es José Winiger, saluda en Alemán a los mártires de Chicago y anuncia que está próxima la hora del Socialismo en el mundo.

Mientras hombres de toga, pluma y espada piden su expulsión y redactan una ley para echar de Argentina a los agitadores. Ellos son los que mandan y ostentan su abolengo con collares de perlas, comen en vajillas de plata labradas con sus  nobiliarios escudos, exhiben porcelanas de Sajonia, Sèvres y Limoges, cristales de Waterford, tapices de Lyon y manteles  de Bruselas. ¡Es la París de América!

Al sur, se apretujan en vetustas casas  coloniales de 3 patios o en Conventillos especialmente construidos, duermen -por turnos- los trabajadores en camas que jamás se enfrían, entre cajas que hacen de cunas arrulladas por las peleas de las largas colas en la única letrina. El silencio es un lujo imposible.

Pero a veces, en las noches de fiesta, el acordeón o la mandolina o la gaita alegran esa  guerra entre las piernas que llaman tango. Costureras, lavanderas o sirvientas de patrones y maridos, y alivian la soledad de estos hombres que de sol a sol curten cueros, envasan carne, serruchan madera, barren calles, cargan bultos, alzan y pintan paredes, arman cigarrillos, muelen trigo y hornean pan, mientras sus hijos lustran botines y vocean el crimen del día…

(Buenos Aires, del centro al barrio (1870-1910) James R. Scobie. Hachette

1907. La multinacional obrera (200 Palabras)

La bandera de varios países encabezan la marcha de los obreros del salitre que caminan por el inhóspito desierto del norte de Chile en compañía de sus mujeres e hijos cantando consignas y canciones hacia el puerto de Iquique.

Cuando los huelguistas ocupan el puerto el Ministro del Interior da la orden de matar pero los obreros deciden aguantar a pie firme sin lanzar una piedra.
José Briggs, jefe de la huelga, es hijo de un norteamericano, pero  se niega a pedir protección al cónsul de Los Estados Unidos. El cónsul del Perú intenta llevarse a los
peruanos y el cónsul de Bolivia intenta lo mismo con los obreros de su país. Pero ellos dicen: con los chilenos vivimos, con los chilenos morimos.
Las ametralladoras y los fusiles del general Roberto Silva Renard barren a los huelguistas.

El ministro Rafael Sotomayor justifica la carnicería “en nombre de las cosas mas sagradas, que son, orden de importancia, la propiedad, el orden público y la vida”

(Pedro Elizondo Bravo: La Gran Huelga del Salitre en 1907” Revista Araucaria, número 33, Madrid, Primer semestre  de 1986 y Fernando Ortíz Letelier: El movimiento obrero en Chile, Antecedentes 1891/1919,Madrid,Michay1985)





 

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