Mié, 10/06/2021 - 07:35

La lengua que se aburría

Recuerdo cuando tenía quince años, sin ningún tipo de intención más que el aburrimiento, jugaba con mi lengua en una comida familiar. Justamente entonces, uno de mis tíos allí presente me llamó la atención, ya que mi gesto de aburrimiento para él era sexual y una niña no tenía que hacer eso.

Entonces paré en seco, me sonrojé, me avergoncé de mi misma y dejé de hacerlo. Dejé de realizar ese acto tan provocador e indecente.

Ahora con el peso del tiempo veo que quien hizo mal no fui yo. Veo con ojos asombrados, como el resto de la mesa no riñó el gesto que realmente estaba mal. Sexualizar a un familiar de quince años, es el delito real. Hacer gestos con la boca porque estás sumida en el tedio de conversaciones que ni te van ni te vienen… no es el agravio en cuestión.

Ese suceso es solamente uno de tantos que he soportado en mi vida, sin otorgarles toda la mala carga que tenían. Incidentes que obviamente te marcaban la personalidad, la forma de ser y las decisiones. Manchas de un patriarcado degenerado que nos pudre por dentro.

Los abusos sexuales sean del nivel que sean se seguirán sucediendo mientras se siga normalizando una serie de actitudes que son realmente putrefactas.

Cada vez este tipo de comportamiento está más en el foco y se les etiqueta como sucesos denigrantes que no deben sucederse. Taparse porque te miran demasiado, frases como: 

  • Aquí no puedes llevar ese escote, que esto está lleno de hombres…

  • Esos muslazos sí que pueden con todo.

  • Tu pelo me recuerda a vello púbico

  • Seguro que con esa boca haces maravillas

Y un largo etcétera de frases no deseadas por hombres que nunca han sido ni has demostrado que desees, hacen que se permitan comportamientos que son puro atentado contra el sexo femenino que los sufre.

Me recuerdo a mí, con quince años, pensando que estaba haciendo mal, que era una pequeña depravada, un estigma que por ese y otros comentarios quedó latente en un pozo de propia desaprobación. 

Ahora que el nuevo feminismo tras movimiento como el #MeToo, está sacando a la palestra que todo este tipo de comportamiento está mal, deberíamos empezar a perdonarnos a nosotras mismas, por todo lo que este perfil de personajes nos etiquetó sin darnos cuenta. Quitarnos los amarres de unos demonios que parecían transparentes y habitaban entre las sombras de nuestros recuerdos.

Por favor, no sigamos permitiendo que nuestras mujeres de quince años o los años que sean, se sigan viendo acosadas por pecadores que ven el mal en la víctima.

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