Dom, 12/19/2021 - 09:18

La Paz, otro que cae. 1964

Al igual que el presidente de Brasil, el presidente de Bolivia, Víctor Paz Estenssoro, sube al avión que lo lleva al exilio. El aviador René Barrientos, dictador parlanchín, domina Bolivia.

Ahora el embajador de los Estados Unidos participa en las reuniones de gabinete, sentado entre los ministros, y el gerente de la Gulf  Oil redacta los decretos de economía.

Paz Estenssoro había quedado solo de toda soledad. Con él ha caído, al cabo de 12 años de poder, toda la revolución nacionalista. Poquito a poco la revolución se había dado vuelta hasta quedar de espaldas a los obreros, para mejor amamantar a los nuevos ricos y a los burócratas que le exprimieron hasta dejarla seca; y ahora ha bastado un empujoncito para derrumbarla.

Mientras tanto los trabajadores divididos se pelean entre ellos. Actúan como si fueran indios Laimes y Jucumanis.

Pelean los indios Laimes contra los indios Jucumanis.  Los más pobres de la pobre Bolivia, Parias entre los parias, se dedican a matarse entre ellos, En la helada Estepa del norte de Potosí, quinientos han caído de ambos bandos, en los últimos 10 años, y son incontables los ranchos incendiados. Las batallas duran semanas sin tregua ni perdón, se despedazan los indios por vengar agravios o disputando pedacitos de tierra estéril, en estas altas soledades a donde fueron expulsados en tiempos antiguos.

Laimes y Jucumanis comen papa y cebada qué es lo que la Estepa, a duras penas, les ofrece. Duermen echados sobre cueros de oveja, acompañados por los piojos que agradecen el calor del cuerpo.

Para la ceremonia de mutuo exterminio se cubren la cabeza con monteras de cuero crudo, que tiene la forma exacta del casco del conquistador.

(Arturo G. Gandarillas, “Detrás de linderos del odio. Laime y Jucumanis, diario Hoy, La Paz, 16 de Octubre de 1973)

1965, SAN JUAN DE PUERTO RICO Y JUAN BOSCH (380 Palabras)

Juan Bosch fue elegido presidente de la República Dominicana, tras la muerte de Trujillo. El pueblo votó masivamente por él.

Bosch se negó a comprar aviones de guerra, anunció una reforma agraria, firmó la ley del divorcio y aumentó los salarios de los obreros.

Siete meses duró el rojo en el poder:

Los generales Imbert y Wessin y Wessin, hijos de dominicanos de la Escuela de las Américas de Panamá, quienes engordaron al amparo de Trujillo, aliados con otros generales de la nación egresados de la   Escuela de las Américas de Panamá,  al igual que los dictadores de El Salvador, Honduras,  Guatemala, Panamá, Bolivia, Chile y de las juntas militares argentinas, dieron el golpe de estado una madrugada.

Los Estados Unidos no demoran en reconocer al nuevo gobierno.

Pero el pueblo se lanza a las calles:

-Que vuelva Bosch, el presidente legal y constitucional, piden

Los Estados Unidos tienen preso a Bosch en Puerto Rico y le impiden volver a su país en llamas, donde el pueblo lucha con piedras, palos y con lo que sea embiste contra los tanques.

En montones acuden estudiantes, soldados y mujeres. Barricadas de toneles y camiones volcados impiden el paso de los tanques; vuela piedras y botellas mientras de las alas de los aviones que bajan en picada llueve metralla.

Sube la marea popular y subiendo quedan aparte los que sirvieron a Trujillo y están baleando al pueblo, dirigidos por Imbert y Wessin y Wessin, y el otro dirigido por el coronel Francisco Caamaño que abre los arsenales y reparte los fusiles.

Un periodista pregunta a Bosch si es enemigo de Los Estados Unidos y la respuesta es:

-Soy enemigo del imperialismo de Los Estados Unidos. Nadie que haya leído a Mark Twain puede ser enemigo de Los Estados Unidos

El coronel Caamaño, que en la mañana desencadenó el alzamiento por el regreso del presidente Juan Bosch, había creído que era cosa de minutos. Al mediodía comprendió que iba para largo y tendría que enfrentar a sus compañeros de armas. Vio que corría la sangre y presintió, espantado, una tragedia nacional.

Al anochecer, pidió asilo en la embajada de El Salvador.

(La revolución de Abril, Santo Domingo, Alfa y Omega 1981)

1965, SANTO DOMINGO, CAAMAÑO (350 Palabras)

Tumbado en un sillón, Francisco Caamaño no puede dormir. Recuerda los tiempos del ejército de Trujillo cuando cumplía o veía cumplir tareas sombrías. A veces atroces.

Acaba la noche y acaba el exilio. Caamaño se moja la cara y sale de la Embajada, atraviesa el humo de los incendios, se mete al aire del día y vuelve a su puesto al frente de la rebelión.

La embajada de los Estados Unidos llama a los rebeldes escoria comunista y pandilla de hampones y pide ayuda urgente.

Los marines desembarcan.

Al día siguiente muere el primer invasor: un muchacho de las montañas del norte de Nueva York, cae tiroteado desde una azotea en una ciudad que nunca en su vida había oído nombrar. La primera víctima dominicana es un niño de cinco años que muere de granada en un balcón porque las fuerzas de ocupación lo confundieron con un francotirador

El presidente Lyndon Johnson advierte que no tolerará otra Cuba en el Caribe. Mas soldados desembarcan: 20.000, 35.000, 42.000.

Mientras los soldados norteamericanos destripan dominicanos, los voluntarios norteamericanos los remiendan en los hospitales.

Johnson exhorta a sus aliados a que lo acompañen en esta cruzada anticomunista y las dictaduras militares de Brasil, Paraguay, Honduras y Nicaragua, a cargo de egresados de la Escuela de Panamá, envían tropas a la República Dominicana comandadas por oficiales formados en la Escuela de Panamá, para salvar la democracia amenazada por el pueblo.

José Mora Otero, Secretario General de la OEA, se reúne a solas con Caamaño y le ofrece seis millones de dólares si abandona el país. Es enviado a la mierda.

Ciento treinta y dos noches dura esta guerra de palos, cuchillos y carabinas contra morteros, bombas y ametralladoras. La ciudad huele a pólvora, a basura y a muertos.

Incapaces de arrancar la rendición, los todopoderosos invasores no tienen más remedio que aceptar el acuerdo.

Las tropas invasoras no consiguieron instalar en el poder al general Imbert, ni al general Wessin y Wessin, ni a ningún otro general.

(Aquí Santo Domingo, La tercera guerra sucia. Buenos Aires, Palestra,1966)

 

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.