Lun, 09/14/2020 - 10:00
Foto: Cablenoticias.tv

La prostitución de mujeres, una desigualdad de género

La prostitución se decanta como una cuestión moral, legal y hasta de salud pública que excluye socialmente a la mujer que la ejerce, de tal suerte que se sufre como uno más de los problemas de género.

La profesión más antigua del mundo tiene un lugar en las páginas de la Real Academia de la Lengua (RAE) con el término “prostituta”, “Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero”, ¿pero realmente es cierto que una prostituta alquila su cuerpo de manera libre y voluntaria y como cualquier ciudadano cobra por su labor?, la OMS (Organización Mundial de la Salud) desde 2009 en una convención determinó que la prostitución no es algo que se ejerza de manera voluntaria, solo el 1% de ellas lo hace de forma autónoma pues siempre existirá el reclutador o la banda que luego de engañar e inducir bajo el efecto de las drogas, esclaviza a mujeres entre 17 y 29 años, solteras o en unión libre o madres jóvenes beneficiándose por ello.

Aunque existan países como Holanda o Alemania donde la prostitución esta regulada como oficio y sus trabajadoras pagan impuestos, para el resto del mundo se considera una forma de violencia, puesto que las mujeres que ejercen este oficio son víctimas que requieren ayuda y más oportunidades en educación que le prevean un trabajo y vida digna alcanzando una igualdad y equidad entre los sexos.

La misma Real Academia de la Lengua (RAE) liga el vocablo “prostituta” en una segunda definición con el reclutador o proxeneta: “deshonrar o degradar algo o a alguien abusando con bajeza de ellos para obtener un beneficio”  es aquel “empresario” que ve en el cuerpo de la mujer vulnerable y víctima de la desigualdad de género una oportunidad de negocio y en medio de abusos y extorciones secuestra la dignidad de niñas y mujeres que, según María Luisa Flórez, Psicóloga con énfasis en social -comunitario explotan hasta que pierden el encanto y son relegadas por obsoletas, si es que antes no pierden la vida en medio del consumo y la violencia física a la que son sometidas por “clientes” y “cuidadores”.

El negocio parece rentable, en Europa se habla de unos 50 millones de Euros al año, en Colombia según el economista Adolfo Meisel excodirector del Banco de la República y hoy rector de la Universidad del Norte “el comercio sexual mueve millones de dólares al año”, estas cifras develan la gran cantidad de mujeres que ejercen el “oficio”.

Se han descrito tres componentes en la salud de las mujeres que sin  importar si le prestan su servicio a las altas élites ejecutivas en los grandes clubes o sin son trabajadoras informales y clandestinas se sufren igual: Psicológicos, Físicos y Sociales. En el marco de la salud psicológica investigaciones realizadas en EEUU y Canadá por la OMS (Organización Mundial de la Salud)  son concluyentes en decir que 2 de cada 3 mujeres que se dedican a la prostitución, sufren las mismas secuelas emocionales que los veteranos de guerra o las víctimas de tortura. Ellas Sufren el síndrome de estrés postraumático, además de ansiedad, angustia, miedos, frustración y diferentes fobias, sin olvidar su baja autoestima que las hace más proclives al suicidio.

En el componente físico las víctimas sufren trastornos hormonales, menstruales, las secuelas de las infecciones sexualmente transmisibles incluido el VIH/sida, aunque la conciencia sobre el uso de preservativo como herramienta de trabajo es muy arraigada, de las interrupciones de embarazos, lesiones de sistema urinario, genitales externos e internos, cáncer de cuello uterino y lesiones en los huesos. Dichos padecimientos tropiezan constantemente con barreras de acceso a la atención médica; circunstancia que limita el trabajo del CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades)  en la prevención de HIV/SIDA y finalmente en el tercer componente social las mujeres estigmatizadas y rotuladas de indignas se enfrentan a la vivencia de dos roles: el de prostituta que se delimita fuera de casa  y  el de una vida “normal”: donde cocina, lleva sus hijos al colegio y se relaciona con familiares y amigos provocando constantemente vergüenza por ser descubierta.

Aunque la ley 1438 de 2011 incluye en el Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) a esta población por ser vulnerable, gran parte no se encuentra afiliada, y quienes lo están hallan restricciones al acceso por su periódica movilización entre diferentes ciudades. Adicionalmente en la misma ley se plantean estrategias de prevención en campañas enfocadas a las necesidades particulares de esta población, como salud sexual y reproductiva, aplicación de las vacunas de gripe, hepatitis A y B, antivirales, revisiones médicas y ginecológicas y citologías analíticas periódicas para detección precoz del cáncer, sin olvidar las terapias psicológicas y apoyo en la prevención del consumo de sustancias prohibidas.

Las prostitutas son mujeres sujetas de derechos, no por prostitutas sino por ciudadanas, de tal forma que hacen parte del sistema de protección laboral ARL (Administradoras de Riesgos Laborales). En Colombia Cada actividad, labor o profesión tiene un nivel de riesgo  según el trabajo que se realice, con el fin  de una atención en caso de accidentes ejerciendo dicha labor; los trabajadores sexuales, damas  compañía y gigolós, se catalogan como nivel tres, mismo nivel en el que encontramos a profesionales de la salud, maquinistas, técnicos de seguridad aeronáutica entre otros, cabe recalcar que siendo un oficio  potencialmente nocivo para la salud, la víctima no se encuentra desarrollando una actividad laboral sino que está siendo explotada.

En Colombia sin ser legal la prostitución hay cuatro millones de trabajadoras sexuales, cifras entregadas por la representación sindical Sintrasexco (Sindicato de Trabajadoras Sexuales de Colombia) que ha logrado grandes avances en el respeto de derechos fundamentales y laborales, lo más cercano a una reglamentación son una serie de sentencias que sin dejar de lado el plano moral restablecen derechos como salarios y prestaciones. La más reciente sentencia fue presentada por el Senador Armando Benedetti, en 2013 luego del escándalo del grupo de seguridad del presidente de EEUU con prostitutas en Cartagena.

Este colectivo que se ha visto prácticamente obligado a vender su cuerpo a cambio de una retribución monetaria ante la realidad de su difícil condición económica y que  es discriminado y excluido de la sociedad debido a los estereotipos, ha persistido a lo largo de los siglos a pesar de la evolución y progreso de la humanidad y se negará a desaparecer mientras no haya un cambio real en la sociedad pues la prostitución es compatible con la desigualdad entre hombres y mujeres. 

Ese cambio solo podemos hacerlo las mujeres como grandes perjudicadas, con políticas publicas que  promuevan espacios de inclusión social y laboral a través de la formación y educación de pares para propiciar cambios a nivel individual o grupal, modificando positivamente las creencias y actitudes hasta lograr que ellas mismas se identifiquen como víctimas.

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