Dom, 10/06/2019 - 11:07

La vida por una canción

Quiero escribir una canción que se vuelva fundamental, que me clave cuchillos cada vez que la cante, que me duela hasta los huesos y me sacuda, una canción que sea una herida abierta para siempre. Quiero escribirla aunque lastime y aunque se me vaya la vida en ello.

Quiero habitar el lenguaje de la música aunque sea una vez para escribir una canción que sea todo, como una declaración de principios, una bandera para dejar por escrito, mezclado con los acordes, lo que pienso y lo que siento para que cuando me pregunten qué es el amor, o qué creo que lo es, o qué es el desprecio o el desarraigo o la revolución, no tenga que dar un discurso sino tocar esa canción. Quiero escribir una canción, aunque sea una sola, que me defina.    

He buscado escribirla desde hace años y hay canciones fallidas que terminaron abandonadas y jamás volví a tocar porque perdieron sentido, porque no eran sinceras y porque entendí que escribir es hacer eternas las heridas. Sin dolor no hay obra. No podría escribir esa canción sin el ardor de las lágrimas en los ojos, sin sentir el temblor en las piernas y la tensión en los dedos sobre las cuerdas porque no me atrevería a romper el silencio por algo que no es sincero, algo que no me desgarre desde adentro. Quiero escribir una canción y masticarla palabra a palabra hasta que se me quede adentro, hasta que pueda sentirla en los poros de la piel y en la garganta e irla tarareando mientras camino, aunque me señalen de loco y me digan una y mil veces cuán inconveniente es ir cantando solo por la calle, moviendo las manos como si tocara un instrumento. Quiero escribir una canción que me exceda, que me desborde, porque yo escribo para convertirme en mis palabras y por lo que lucho es por una obra que sea como ir recorriendo un camino que me aleje tanto como sea posible de los moldes, de los manuales y por eso, más que a la felicidad, o a lo que el sistema llama felicidad, yo aspiro a una obra: a una canción que es una de las formas que puede tener una historia. Quiero una obra que me permita contar lo que pasa adentro y soltarlo a la hostilidad del mundo como mi única pertenencia, la única cosa auténticamente mía, porque todo lo demás es un alquiler, algo momentáneo, efímero, pasajero y porque yo mismo vivo una vida de alquiler, cargada de “deber ser” y de pasos de alquiler por lugares y por personas.   

Por eso vivo buscando palabras, porque en ese buscar me reconozco y me confronto en los espejos cuando me leo en voz alta y por eso quiero dar la vida por una canción, una que surja palabra a palabra, pegada a una melodía que se me quede a vivir para siempre en la lengua y en la punta de los dedos.      

Quiero escribir esa canción, aunque sea para alguien más y aunque no sea capaz nunca de confesarlo. Quiero imaginar que al escucharla lo sabrá. Quiero que la canción baste.                                                               

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Supongo que el autor ya conoce sobre lo que recomiendo y es escuchar, de nuevo?, a Violeta Parra, Víctor Jara, Paco Ibañez, joan Manuel Serrat, Jorge Cafrune y tantos otros de ese momento excepcional de la música que se llamó "Música de Protesta". De allá para acá es poca la música que vale la pena. Esa es mi opinión, poco autorizada por cierto. Espero oír algún día su canción o canciones.

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