Sáb, 08/03/2019 - 08:00

Las ganas de una torta

El recuerdo más reciente que tengo del Chavo del Ocho, y quizás el mejor, es ver a mis dos hijos mayores, Juan Alejandro y Andrés Felipe, sentados frente al televisor viendo aquella popular serie mexicana. Fue hace unos 14 años, para aquel entonces tenían 8 y 4 años, y se divertían como locos con cada ocurrencia del icónico personaje de don Roberto Gomez Bolaños. Ese día entendí, sin lugar a dudas, que La Vecindad, el Chavito, don Ramón, doña Florinda, Kiko, etcétera, eran una parte innegable del imaginario latinoamericano que marcó el crecimiento de millones.

Crecí y me hice adulto escuchando al Chavo hablar de una "torta de jamón", pero no fueron muchas las veces que lo vi tenerla a su alcance. Ayer, casi a la media noche, luego de terminar de grabar varios lugares de Ciudad de México, terminé en la mítica Plaza Garibaldi donde en una de sus esquinas había varios puestos de comida rápida mexicana. En todos vendían tortas, incluida la de jamón, de muchos tamaños.

No aguanté darle vía libre a la nostalgia y pedí la más grande para comerla mientras recordaba mi infancia, ya lejana, viendo al Chavo del Ocho y sus deseos de una torta de jamón. Junto a mi camarógrafo Marco y a Víctor, quien amablemente nos llevaba por toda la ciudad, vimos el proceso de preparación. De todo, lo que más llamó mi atención fue la alegría, a pesar de la hora y del cansancio, de los dos hombres que atendían la humilde caseta. La mezcla de olores y colores nos cautivó por varios minutos. Era un lugar muy pintoresco que ayuda a disfrutar la idiosincracia mexicana, tan rica culturalmente. Las notas musicales de diversas rancheras, salidas de los mariachis que las 24 horas del día ofrecen sus servicios en los alrededores de Plaza Garibaldi, nos amenizaron mientras disfrutábamos de las tortas.

No se qué piensan ustedes, pero para mi comer en la calle, en cada lugar que conozco, es uno de los mayores placeres de la vida. Chavito, cuánta falta haces para hacer de este mundo un lugar mejor para vivir y reír.

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