Dom, 10/11/2020 - 17:34

Las tiras cómicas

Por: Jairo Ruíz Clavijo.

A propósito de la columna de Guillermo Camacho sobre los Picapiedra y los Supersónicos, recordé un libro que fue récord de venta en los años ´60 Para leer al Pato Donald (1971), de Ariel Dorfman (argentino-chileno) y Armand Mattelart (belga).

El libro analiza las tiras cómicas y su influencia social concluyendo, en el caso del Pato Donald la importancia del dinero para la sociedad norteamericana hasta el punto de que Rico Mc Pato no duda en esclavizar a sus sobrinos para aumentar su fortuna, improductiva, además, porque la mantiene para su exclusivo goce, en una caja fuerte en el Polo Norte. Pero eso sí, los malos, con colores oscuros, son Pedro y su pandilla por querer arrebatársela.

Llama la atención, además, el carácter racista que alimentaban esas tiras cómicas, también en el cine y la TV donde los buenos montan caballos blancos y los malos caballos negros.

Pero ahí no para todo; Supermán, con sus superpoderes alimento el sueño americano que cambió su vista de rayos X por sus cámaras y satélites (aparte de las gafas para ver en la oscuridad) y su invulnerabilidad la sustituyó por tanque y acorazados.

Eso no es todo: Lorenzo el de Pepita y Pancho el de Ramona deben responder por varias generaciones de maridos sometidos y lavaplatos. Y ese hombre blanco y rubio que reina en las selvas africanas, debe responder por décadas de colonialismo europeo.                         

Las tiras cómicas siempre han sido instrumento de penetración cultural y Quino supo aprovechar muy bien esta circunstancia.

En mi caso particular, gané por concurso un contrato de trabajo en el DANE para el censo del 73. El problema era como llegar a tanta gente que no lee periódicos ni revistas o no tenía las pilas para su radio. La solución que propuse fue hacer una tira cómica, llamada El Cuento del Censo en la cual el personaje principal, un encuestador, corre diferentes aventuras que le permiten explicar el porque del cuestionario al tiempo que favorecían que los recibieran en sus hogares.

La cartilla debía ser repartida en todos los colegios y escuelas pública del país porque muchos adultos el único vínculo que tenían con la comunidad era la escuela y era de esperarse que leyeran el “Comic” que su hijo les traía.

De esa cartilla se imprimieron cuatro millones de ejemplares, la ilustró Pepón con textos del suscrito e ignoro si en Colombia se ha hecho una edición tan grande de un solo texto como ese que se imprimió en los talleres d El Campesino. Pero había un problema: Se necesitaba convencer al Ministro de Educación, en ese entonces Hernando Durán Dussán para que diera la orden de que la repartieran en todas las escuelas.

Pedimos audiencia con él y la parte mas interesante del diálogo fue la siguiente:

-¿Y por qué una tira cómica y no otra cosa?

-Porque la tira cómica, señor ministro, se adapta a todas las edades: es como los senos de las mujeres que se hicieron apara los niños, pero los adultos gozan mucho con ellos.

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