Vie, 05/03/2019 - 08:29
Foto: todociencia.gabit.org

Legislación nutricional

Somos lo que comemos, una auténtica verdad ya que solamente nos alimenta aquellos que consumimos y es parecido a lo que nos compone. En esto de la nutrición humana hay muchos vacíos, mucha incultura y mucho saber descontrolado.

La industria alimenticia incorpora en sus productos componentes que sabemos son dañinos y poco recomendables. Pero, ¿debe ser el consumidor el que para saberlo debe formarse en el tema y así poder decidir? ¿Tenemos la obligación de convertirnos todos en “pequeños nutricionistas”? ¿No deberíamos poder confiar en que lo que comemos no nos va a sentar mal, va a ser malo para nuestra salud? ¿Por qué ni siquiera se respeta la alimentación de bebés y niñ@s?

En los colegios debería estudiarse de forma mucho más completa lo que comemos, lo que es bueno y malo, lo que se debe y no se debe. Tanto en lo que se cree bueno, como malo. Debería darse una formación a los padres (o que van a serlo), también en los centros de mayores, en general deberíamos ser conscientes de lo que comemos para poder disponer…

Quizás, solamente, quizás podríamos ir un paso más allá. Si los nutricionistas conocen los ingredientes que son nocivos, por extensión los conoce el estado, ¿estaría en su mano legislar sobre las empresas? ¿Se tendrían que realizar leyes que prohibiesen algunos componentes? ¿Regir que se usa en los alimentos?

Hay cierto cuidado con algunos componentes que está comprobado que dañan seriamente la salud, esos son prohibidos en algunos países. Ejemplo de ello es el famoso aceite de palma, que en muchos sitios se sustituye por aceite de coco (igual de nocivo), en Francia dicho aceite se ha legislado y las marcas no pueden usarlo. De dicha forma, una persona puede tranquilamente ir a un supermercado francés y comprar comida sin aceite de palma. Esa grasa ha sido sustituida por otra, que se tendría que ver si no es igual o peor.

Las empresas en pos de abaratar costes, de que la comida dure lo máximo posible, y de crear cierta adicción, cargan los productos de alimentación de combinados que lo favorecen. Ojo, no indico que todos sean malos, pero sí hay pruebas que hacen sospechar sobre el exceso de azúcar y sal, el glutamato o cierto colorante muy poco recomendable para niñ@s, bebés, mujeres lactantes y embarazadas.

Si se sabe, ¿por qué los diferentes países no ponen sus límites de salud ante las grandes empresas alimenticias? ¿Va antes el dinero que la salud?

Nosotros decidimos lo que comemos y lo que no comemos, hecho que se intentó mudar con el impuesto del azúcar. Esa medida trataba de subir el precio de los productos como los refrescos azucarados. Lamentablemente no ha logrado disuadir a los consumidores para dejar de comprarlo. Si se sabe que es malo, que las personas comen mal, ¿se debería quitar del mercado todo aquello que no cumpla? ¿Dicha legislación coartaría la libertad de decisión ante nuestra cesta de la compra? ¿Podemos obligar a los demás a comer lo que se determina sano?

¿Dónde empezaría la libertad y acabaría la dictadura sobre las decisiones personales? La línea es muy fina, al igual que no nos pueden obligar a cambiar nuestros hábitos, no nos pueden obligar a comer mejor.

Pero lo que sí se puede hacer  es ser más severos con las empresas alimenticias y los ingredientes que usan. Nosotros podemos elegir comer o no chocolate, pero el estado tiene la obligación de que la persona que no sepa de nutrición o que simplemente decida comer productos procesados, dulces, etc… no tenga que estar en cierta manera, comiendo “veneno”. Las personas tenemos derecho a ir a un supermercado y no ir a matarnos. De eso sí debería ocuparse el estado, la cuestión no es convertirse en una dictadura que imponga a base de impuesto qué comemos. La cuestión es seguir estrechamente a los que ponen la comida en nuestras mesas.

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