Dom, 04/03/2022 - 09:07

Lenguas que resucitan si se les escucha

Los designios de la vida, de los dioses, de la filosofía, de la poesía y del mundo en general, del universo, para ser más incluyentes, son insondables. Creemos saber de dónde vienen las cosas, porque a lo largo de milenios hemos estudiado, preguntado, hemos intentado, hemos fallado, hemos hecho de todo para poder llegar a una respuesta, pero en realidad no sabemos la gran mayoría de cosas del universo, y, para no irnos tan lejos, tampoco sabemos casi nada de nosotros mismos.

Cómo le podemos explicar a alguien que vaya caminando por la calle, una persona normal, como ustedes, como yo, que estamos hechos, más allá de unas tres cuartas partes de agua, de casi una totalidad de vacío, que toda la materia que vemos es tan sólo una minoría de todo lo que somos.

Para quienes se preguntan por qué vengo a hablar de ciencia y de tecnología, o quizá, para los más intrépidos, de filosofía, y, para los más obvios, de poesía o de literatura, les cuento que es porque me acaban de ofrecer un trabajo que tiene que ver con la relación entre la ciencia y el arte, más más exactamente entre la física y la poesía. Me acaban de decir que si quiero hacer parte de un experimento para analizar mis genes y compararlos con los de alguien que se dedica a la física. Quieren, según me dijo el científico que me entrevistó, que mis genes sean puestos en una máquina, de la cual ya no recuerdo el nombre, junto a los de la persona de la que estoy hablando, y sean comparados, o medidos o de alguna forma, contrastados, no lo sé, para verificar y para comprobar que sus antepasados son los mismos, y el mismo.

Por supuesto que acepté, pero sólo puse una condición, y fue poder observar todo el proceso, poder estar allá, poder ver cómo funcionan las máquinas, y, por supuesto, los resultados, que son lo que más me interesa. Además, le pedí encarecidamente al científico que me permitiera escribir sobre esto, pero su respuesta fue enfática, y me dijo que, por tratarse de un estudio científico, no podría escribir sobre ello hasta no obtener los resultados, o hasta que éstos no fueran de conocimiento público, porque, por ahora, eran de interés privado. Y ya llegaría su momento. Pero como la poesía y la literatura, el arte en general, aunque conozca las leyes, no sabe lo que es respetar una ley, o, mejor, sabe lo que es, y por eso las transgrede.

Vine aquí a contarles esto, sobre todo, porque quizás si vamos hacia atrás, o si se estudiará un vínculo genético entre ustedes y yo, seríamos, más allá de familiares, la misma persona, es decir, ustedes, quienes nos leen, quienes nos oyen, quienes no saben que existimos, alguna vez fuimos la misma persona, y hoy somos una cosa u otra, o las dos o todas. Pero digo esto porque, a veces, cuando alguien habla lejos de nosotros, no sabemos qué nos está diciendo, y nos preguntamos si lo que dice está dicho para nosotros. Y más allá de que entendamos o comprendamos o sepamos qué está hablando esa persona, una de las grandes revelaciones de nuestra especie es que todo lo que diga cualquier persona está dicho en un lenguaje único para nosotros, y de nosotros depende su traducción, su deducción, su análisis, su digestión y, por supuesto, el uso que le demos luego de esto.

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