Mié, 06/19/2019 - 09:44
Foto: unidiversidad.com.ar

Los objetos de la memoria

La historia es una forma de mostrar al mundo quienes fuimos y poder entender quiénes somos, por extensión quienes vamos a ser. La memoria es un acto de historia. La memoria podemos nutrirla de objetos e imágenes. Los objetos que son las imágenes en el mismo espacio/ tiempo alimentan la memoria, sobre todo cuando ésta necesita comer porque le van menguando las fuerzas. Los objetos son testimonio de nuestra existencia, de la existencia de los que se fueron para ser entendidos por los que vendrán.

Una forma de constar como objetos es el arte. Cuando las civilizaciones tenían la supervivencia establecida y en cierta forma asegurada, podían dedicar tiempo a lo superfluo. Lo superfluo se solía representar de forma artística, la arquitectura, la pintura, la narración (oral o escrita), la escultura, y demás artes; trataban de representar a una civilización, a lo que era importante para ella. Así el arte podría decirse que se trata de un espejo, donde las civilizaciones marcaban lo etéreo, lo que era importante, los conceptos que les representaban. El arte además de un mero artificio, suponía una búsqueda de identidad que se acababa trasformando en algo palpable.

Las dictaduras, los regímenes dictatoriales con base de violencia, casi siempre acaban con el arte. Zanjan con el arte porque supone lidiar con identidades cuando solamente se pretende que exista una para su mejor control.

De dicha manera el arte se convierte en un acto de rebeldía para todos aquellos que no quieren ser ésa única identidad propia de regímenes dictatoriales.

Hitler, ISIS, el comunismo en alguno de sus regímenes, la revolución francesa y demás movimientos a lo largo de la historia, han atacado el arte como representación de una época. Siendo esta represión del pasado una forma de borrar la historia. Anular la memoria para partir de una tabula rasa de desconocimiento, donde lo que fuimos no se pretende encontrar. Pero la historia, la memoria, siempre encuentra una forma de sacar la cabeza para no morir.

En el año 2016 el ISIS, estaba a las puertas de Palmira. Su idea era volver a destruir la historia en forma de monumento, de museo. Pero un jubilado de más de ochenta años, ex director del museo, decidió la audacia de esconder algunas piezas a favor de la historia. El premio de nuestro héroe, la muerte por tortura. El destino de ISIS, aún no sabría decirlo con claridad. Pero como dije anteriormente, la destrucción del arte para acabar con las ideas, es algo que a la larga no se puede mantener.

La historia resiste, la memoria se mantiene y nosotros recordaremos gracias a la tecnología, todas las memorias vivientes que nos arranque el sinsentido de la violencia contra las personas, la cultura y el pasado-presente.

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