Mié, 11/10/2021 - 08:35

¿Lucha de clases?

¿Nos odiaremos tanto los colombianos como para promover una lucha de clases criolla, y así terminar en una Nación inviable? ¿Con unos castros, chávez-maduros y ortegas como ejemplo?

Lucha de clases es la estrategia que quiere capturar las frustraciones de muchos colombianos, por los sucesivos gobiernos que vienen dejando saldos en rojo, y también por la corrupción que ha contaminado a todas las actividades de nuestra sociedad. Difícil, imposible, encontrar sector o partido político a cuyo amparo no esté algún ejemplar comprometido con los dineros malhabidos. Y en las filas de los promotores de la “lucha de clases” sí que los hay.

Tan fracasada está la “lucha de clases” que muy pocas naciones la siguen sosteniendo, ya como excusa Cuba, Venezuela y Nicaragua. Sus resultados saltan a la vista: pobreza, dictadura, imposibilidad de discrepancia, violación de los Derechos Humanos (y ni modos que lo investiguen los organismos correspondientes, y menos que los medios locales lo denuncien)… reflejarnos en los más recientes hechos en estos países…

La idea marxista de acabar con los denominados burgueses a través de los asalariados y obreros está fracasada, sepultada por la realidad del libre mercado, por más malo que sea es lo menos peor. Sus grandes promotores, Rusia y China viven del capitalismo. El Partido Comunista Chino goza de los beneficios que le depara el capitalismo y tiene su fachada (PCCH) como medio para continuar viviendo con todos los privilegios, a la vez que tiene esclavizados a sus ciudadanos. El nuevo imperio.

¿De qué nos podemos quejar los colombianos? No será por el irrespeto a las libertades personales. Que digan los altos mandos guerrilleros pensionados con el proceso de paz santista, hoy unos privilegiados potentados. Inmunes sindicatos, y especialmente el de educadores, que disfrutan de ventajas en sus jornadas de trabajo, hacen el paro cuando les provoca, bloquean las calles cuando les viene en gana, y sus salarios no son tan malos, por encima del promedio. 

Oportunidades hay para surgir, entrar al mercado y vivir de diferentes opciones laborales. Otra cosa es que no todos tengamos la misma disposición para hacer dinero, no estemos preparados debidamente, ni tengamos las mismas capacidades mentales, ni contemos con la misma suerte.

Oportunidades para capacitarnos, las tenemos. El asunto es ajustar las metas y el modo de llegar a ellas. Las universidades han perdido la exclusividad, es justo reconocer que sus costos no solo son prohibitivos para los más pobres, también afectan a medianos y ricos. Además, sus egresados en infinidad de programas son parte del stock de desempleados. Para miles y miles de colombianos más valen la “universidad de la vida”, las instituciones técnicas como el Sena, y las que brindan grados intermedios, que son una gran solución. La capitación virtual ofrece infinidad de conocimientos, muchos de ellos gratuitos. 

La actual pandemia nos está ayudando a bajarnos del cuento de los “status”. Todos terminamos por igual en las filas para las vacunas, los perfumes y las costosas vestimentas no se notan en el teletrabajo, ante las UCI y falta de oxígeno poco o casi nada valen los millones de pesos. Reflexionemos y unámonos a la igualdad.

NO ODIOS, SÍ TRABAJO

Para qué odios, creo que el colombiano promedio no odia a los ricos. Por el contrario, los admira, y muchos, muchísimos quisieran ser como un Carlos Ardila Lulle, un Luis Carlos Sarmiento, un Arturo Calle o un Mario Hernández, quienes precisamente no nacieron en la opulencia. También apreciamos a múltiples deportistas exitosos, como Nairo Quintana, Egan Bernal, o Rigo Urán, que han comenzado desde bajo cero. Así, hay cientos de colombianos en variedad de actividades lícitas, que han triunfado personal, profesional y económicamente. Descargar odios sobre ellos es señal de amarguras, frustraciones e incapacidades, casos para psiquiatras.

La clave está en el trabajo y en sacrificar tiempo destinado al ocio. No confiarse en riquezas heredadas, ni quedarse en la pobreza. Erradicar los subsidios que tantos daños nos siguen produciendo. A falta de iniciativas, de dedicación y de capacidades en sus responsabilidades, los gobiernos y los políticos han tratado de ganar adeptos a punta de limosnas, creando ejércitos de perezosos, en lugar de generarles empleos. Seguramente que hoy muchos de estos ciudadanos serían felices haciendo algo lucrativo para todos. Así como vamos, terminaríamos como en la Venezuela de Maduro, desangrada la Hacienda Pública a punta de los subsidios y el ocio improductivo. Ni imaginar lo que podríamos llegar a ser bajo una triunfante “lucha de clases”.

Lejos está tal “lucha” como la solución a nuestros males. Paremos a tiempo a estos enfermos y oportunistas. No pasa de ser una trampa para coger a los más pobres y desprotegidos, para luego empeorarles su situación (Venezuela, Venezuela). Que la lucha sea contra las clases corruptas. Que los inconformes con su imperio nos unamos para combatirlos, que esta campaña electoral se destaque por el odio y castigo contra estos personajes. Que los candidatos decentes (los hay, los hay) expulsen de sus equipos a estos parásitos. Empleos es lo que debemos crear, la “lucha de clases” solo promete destruirlos y calmar a sus seguidores, con subsidios y subsidios, para luego amarrarlos y hacerlos flacos dependientes de los mendrugos estatales. Que la “lucha de clases” no pase de ser un fósil más. Estamos a tiempo…

 

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