Dom, 03/27/2022 - 08:36

Más allá de la puerta de salida queda la de entrada

Si me ven entrar sin rastros del fin del mundo, o de que vengo de una especie de apocalipsis, podrían pensar que vengo de otro mundo, o que vengo de otra época, y es que, a lo mejor así es.

Lo digo porque, aunque estoy aquí, en el siglo veintiuno, casi llegando a la cuarta parte de esta era convulsa que tuvimos que vivir, a veces vengo del siglo dieciocho, del diecinueve, del veinte, a veces vengo del futuro, porque así es el mundo y así es la literatura, no siempre somos quienes creemos que somos, y no siempre somos lo que los demás creen que somos. Aunque, justo en esta oportunidad, sí vengo de otro mundo sin venir de la literatura, es decir, más allá de la puerta que nos separa de la calle, se está gestando el nuevo mundo como nunca hubiéramos imaginado, a sangre y fuego. Así se gestó hace siglos y milenios, desde que la humanidad descubrió el fuego, las piedras, los metales y la sangre, pero, sobre todo, desde que la misma humanidad inventó algo para comprar el mundo. Y lo sorprendente de todo esto es que estando en el siglo más moderno, más nuevo, y más civilizado, exista esa pugna por saber o querer que otro sepa quién es el más fuerte. Es por eso que, aunque es inevitable traer la imagen de la guerra en el rostro, quisiera que mientras estemos acá nos olvidáramos por un momento de eso, y pensáramos en lo que está sucediendo aquí mismo. Parece que estamos en paz, sí, pero no necesariamente la paz es la ausencia de guerra, y eso es bien sabido desde que existe la palabra guerra y desde que existe la palabra paz. Lo digo porque quienes están en la parte de atrás escuchan de una forma diferente a los que están en la parte de adelante, quienes están aquí, desde hace más tiempo esperando a que empezara esta conversación, escuchan diferente o me ven diferente a los que acaban de llegar, así como es diferente para quienes pagaron su entrada a quienes fueron invitados, o a quienes entraron gratis o a quienes en este momento están pensando: Ojalá nadie me descubra porque entré sin pagar.

Y más o menos así, y por eso lo digo, funciona el mundo durante la guerra. Algunos pagaron una entrada para ir y estar en primera fila, otros fueron invitados, otros, de forma obligatoria, fueron llevados a esa segunda fila para que quien esté viendo los vea verlos y no se sienta solo. Y también están los que están por obligación, y también están los que no saben por la razón que están allí, y también están los que quizás hubieran querido estar en otro lugar. Y todo esto lo digo para que quien quiera, justo en este instante, antes de que diga lo que viene a decir, se retire hacia el lugar que quiera estar libremente y sin ningún tipo de obligación.

Vine a traerles un mensaje de paz, un mensaje de amor, y, sobre todo, un mensaje de respeto. No me pregunten cuál es, porque el mensaje, ya lo supondrán, está adentro de cada uno de ustedes, en su pecho, y en este momento les está diciendo qué es, cómo es, para qué es y dónde es.

 
 
 

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