Vie, 02/08/2019 - 15:11

¿Memoria Histórica o trinchera ideológica?

Bastó que un portal como Las 2 Orillas, cuya orientación ideológica va por cuenta de su socio y fundador el exguerrillero del ELN León Valencia, dijera que quien sonaba como nuevo director del Centro Nacional de Memoria Histórica era del corazón de Uribe, para que se alborotaran de inmediato las organizaciones y redes sociales con el propósito de evitar a toda costa su nombramiento. Se trata del historiador Darío Acevedo Carmona, quien tiene una importante trayectoria académica con méritos suficientes para dar la talla frente a este compromiso con la reconstrucción de una narrativa veraz necesaria para establecer certezas sobre la confrontación violenta del país y para identificar los conflictos y enfocar las realidades sociales.

Ha sido profesor de la Universidad Nacional de Medellín, vicedecano académico de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales y director del Área Curricular de Ciencias Humanas y Sociales en posgrados de Historia. Además es doctor de la Universidad de Huelva, España. Pero para la mamertocracia el profesor Acevedo tiene un defecto, que ha sido cercano al expresidente Uribe y que junto a José Obdulio Gaviria y Libardo Botero, integró el grupo de activistas e ideólogos de la Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia, la cual nació para apoyar la reelección de Álvaro Uribe Vélez en el 2006 y para montar una plataforma desde la cual difundir las ideas del líder de lo que se conoce como el uribismo y de la causa contra la subversión.

El caso es que Acevedo ha tan sido crítico del proceso de paz con las FARC y del acuerdo de La Habana que en más de una ocasión ha propuesto su desmonte. Se ha opuesto a la orientación de la Comisión de la Verdad, dirigida por el padre Francisco De Roux y dice que su tendencia izquierdista ha abonado el terreno para que las guerrillas y los comunistas impongan su verdad sobre el conflicto armado. Por esto no es raro que para la izquierda y para las organizaciones sociales este cargo deba ser para su filiación política y hará el ruido que sea necesario para impedir la posesión de alguien que mínimamente no haya dejado ver veleidades con las guerrillas o con las organizaciones políticas comunistas, socialistas o marxistas leninistas. 

En teoría el Centro Nacional de Memoria Histórica es un establecimiento público nacional, adscrito al Departamento para la Prosperidad Social (DPS), cuyo objeto principal es reunir y recuperar el material documental y los testimonios relativos a las violaciones a los derechos humanos, de que trata el artículo 147 de la Ley de Víctimas y de restitución de Tierras. Esta información debe estar a disposición de interesados, de investigadores y de ciudadanos en general, mediante actividades pedagógicas e ilustrativas, necesarias para proporcionar y enriquecer el conocimiento de la historia política y social de Colombia y los roles de los actores en el conflicto armado.

La izquierda parte de una premisa en materia historiográfica según la cual la historia siempre ha sido escrita por los vencedores, vale decir los burgueses capitalistas y proimperialistas, razón por la cual el centro para recuperar la memoria histórica debe estar en manos de alguien afín a su perspectiva. Para las organizaciones sociales y las Ongs la historia se debe escribir con la óptica de la izquierda, ya que para ella los únicos victimarios han sido las derechas. Con esa lógica simplista han terminado en una especie de correa de transmisión de los intereses de los grupos guerrilleros y de la izquierda con ánimos de instaurar regímenes totalitarios tipo Chávez y Maduro en Venezuela o modelos del Socialismo del Siglo XXI tipo Nicaragua.

Este ha sido un patrimonio suyo y no se lo van a dejar quitar así no más. Este escenario ha enmarcado hechos como el de dar al traste con el nombramiento de Mario Javier Pacheco por tratarse de un columnista que ha expresado su desacuerdo con la visión del conflicto armado en Colombia. Y con esta misma argumentación se logró que renunciara Vicente Torrijos, so pretexto de no haber sustentado unos títulos académicos. Justamente uno de los pecados de Acevedo ha sido denunciar como intrigas izquierdistas los hechos que impidieron el nombramiento de Claudia Ortiz en la Unidad Nacional de Protección, la cual finalmente no se posesionó en ese cargo por el este veto de la intelectualidad mamerta, aunque en medio de las mismas descalificaciones fue nombrada en la Agencia Nacional de Tierras.

La izquierda no ha aceptado que perdió el poder y que quiera o no ganó la derecha, así sea en una variante de centro como la del presidente Iván Duque. Por eso hoy mandan una carta al presidente en la que palabras más palabras menos le exigen que el próximo director del Centro de Nacional de Memoria Histórica sea alguien al que aprueben sus asociaciones defensoras de derechos humanos. Argumentan que no se tiene en cuenta a las víctimas porque su visión de víctimas está ideologizada. Los crímenes de la izquierda están justificados desde su óptica de la historia y lo que requieren es que se castigue y se descalifique los de la derecha. Para la izquierda quienes están en su espectro ideológico son los únicos "titulares del derecho a la verdad”.

La realidad es que de esta manera se pretende manejar vía subterránea la reconstrucción de la historia y en la práctica lo que se quiere es montar una especie de trinchera ideológica desde donde se imponga el criterio de quienes justificarán por siempre la violencia revolucionaria y sólo condenarán lo que a su juicio es la violencia reaccionaria. Todo indica que este cargo tiene una profunda importancia para los proyectos ideológicos de una izquierda que cada vez más ve que se alejan sus posibilidades de imponer un modelo político a imagen y semejanza del régimen cubano o venezolano y que un puesto es visto como una barricada desde donde se puede disparar contra la derecha o contra quienes ellos vean como sus oponentes en sus propósitos de ideologizar el relato de la historia.

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