Jue, 11/15/2018 - 07:09

A mis amigos colombianos

Cuando leo tanto odio que se destila en nuestras redes sociales, tantos insultos, tanta rabia reprimida que sale a gritos en medio de mentiras creadas para que inocentes las repliquen, sin la más mínima verificación, termino entendiendo que en esta sangrienta guerra que ha azotado a Colombia, por décadas, perdimos todos. No se salvó nadie.

A diario me pregunto: ¿hasta cuándo? Logramos desarmar a muchos de los criminales que por años nos aterrorizaron con sus armas mientras decían defender sus ideas; logramos desarmar a otros, iguales de criminales y con las mismas armas, que pensaban que nos estaban defendiendo de los primeros; hemos logrado que el mundo nos reconozca como país por apostarle a la paz, por dar pasos que se creían imposibles; hemos logrado tanto que pareciera que nos asustamos cuando nos miramos a un espejo que inevitablemente nos presenta una realidad diferente, pero que también refleja en el fondo ese pasado que no debemos olvidar, solo para no tener que repetirlo. Pero es un pasado al que, si lo intentamos, podremos perdonar.

A diario veo con tristeza las publicaciones de amigos y amigas formados en los mejores valores humanos que, sin importar si son de izquierda centro o derecha, defienden desde sus trincheras intelectuales argumentos válidos pero soportados en engaños de los que han sido víctimas. Y encuentran justificaciones para hacerlo. A diario trato de encontrar una respuesta a un por qué y siempre llego a lo mismo: en esta guerra perdimos todos.

Ojalá estemos a tiempo de reencontrar el camino que nos permita reconciliarnos como sociedad antes que repetir espirales de violencia que nos han consumido y que, sin darnos cuenta, nos siguen destruyendo, esta vez con otras armas, con otras estrategias. Ojalá entendamos que primero tenemos que desarmar nuestros corazones y desmovilizar nuestras almas de tanto daño que nos han hecho. Ojalá entendamos, de una vez por todas, que la esperanza que nos arrebataron podemos recuperarla pero con un diálogo sereno y franco que nos permita entender que esa tierra protegida por un tricolor que nos duele, todavía es un espacio fértil para la libertad y el respeto a la diferencia. De lo contrario, seguiremos perdiendo. Todos.

Dios bendiga a Colombia.

En Twitter e Instagram: @JCAguiarNews

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