Sáb, 06/17/2017 - 11:17

Muchos posconflictos

Fotografía: Con la oreja roja

¿Qué tan agresivo se puede ser en una discusión? Acaba de terminar en Colombia el Paro de Docentes de 2017, y se produjo un Acta de 13 páginas (incluyendo firmas). En ella se recogen 24 puntos y algunas conclusiones finales, donde se tratan temas que se refieren a asuntos fundamentales para que haya una educación de calidad para los colombianos, pública y gratuita, es decir, asuntos que van más allá de meras reivindicaciones salariales para los docentes.

En la declaración final ante los medios, la Ministra de Educación y el Presidente de FECODE terminaron despidiéndose de beso en la mejilla, pero durante las declaraciones a lo largo del Paro abundaban las acusaciones mutuas y las descalificaciones a la contraparte, en procura de fortalecer su propia posición ante la opinión pública. Pero, ¿qué tan “imperdonables” fueron esas acusaciones?

A pesar de que la ministra intentó “echarles encima” los padres de familia, acusando a los directivos de FECODE de irse de vacaciones en medio de las negociaciones, o insistiendo en que los padres “no sabían qué hacer con sus hijos en casa”, y a pesar de que los directivos sindicales la acusaron de mentirle a la Nación y arengaron por su renuncia mientras rendían informes parciales a sus bases, al final no quedaron grandes heridas, odios irreconciliables. Todo se asume como parte del proceso, como algo admisible entre negociadores profesionales.

Uno de los puntos acordados en el Acta (el 23) determina un tiempo de vigencia del acuerdo, hasta febrero de 2019, “periodo de tiempo dentro del cual no se podrá presentar un nuevo pliego de solicitudes”. Esto resulta sensato, dado que las modificaciones que deben hacerse al ordenamiento legal y constitucional, y otros trámites, llevan tiempo. Y en algunos puntos de discusión las partes acordaron sentar sendas constancias y reconocer que en ese punto siguen sin estar de acuerdo, pero se avanza en el proceso porque es necesario seguir construyendo en medio de las diferencias.

No haremos acá un análisis detallado del Paro o sus resultados, porque nuestra mirada en este espacio está enfocada al ámbito donde cada uno de nosotros puede actuar con mayor poder y soberanía, nuestra vida personal. Si tomamos como referencia este evento que acaba de vivir la Nación es porque nos brinda la posibilidad de reconocer en él elementos importantes para nuestros propios conflictos y posconflictos.

Se habla en general de “el posconflicto”, y entendemos en Colombia que se está hablando, en este tiempo, del Acuerdo entre Gobierno y FARC, pero en la vida real son muchos los conflictos y posconflictos que vivimos, como Nación y como individuos. De hecho, el Paro de Docentes de 2017, así como el de 2015 y el de 2013 (¿si ve la importancia de la cláusula de vigencia de los acuerdos, para darse un respiro entre uno y otro?), es otro conflicto que vivimos como Nación y que genera otra etapa de posconflicto en el ámbito de la Educación.

Por supuesto que hay mucha diferencia entre un conflicto y otro, pues las marchas de los docentes fueron civilizadas y absolutamente pacíficas, a pesar de la respuesta injustificadamente violenta del gobierno al intentar amedrentarlos con tanquetas y el ESMAD, un grupo de bárbaros inconscientes que van a golpear a quienes cuidan de sus propios hijos. Es inevitable recordar el dicho del perro que muerde la mano que le da el pan, pero no nos desviemos.

En nuestra vida personal también vivimos saltando de uno a otro conflicto, con la pareja, con los hijos, con los padres, con compañeros de trabajo o estudio, hoy por una razón (o sinrazón) y mañana por otra. Por supuesto, unos resultan más complicados y tormentosos que otros, unos duran más o dejan más secuelas que otros, unos logran olvidarse y otros conservan presencia en nuestra memoria durante mucho tiempo.

Cómo se recuerde y qué clases de secuelas deje cada conflicto depende más de cómo lo manejamos que de qué tan grave era la situación o el asunto. Y aquí es donde entra nuestra capacidad de determinar cómo será cada posconflicto.

Lo primero que debería uno mantener presente es que los conflictos llegan y pasan, pero las relaciones con las personas pueden durar mucho tiempo. Como decían las señoras mayores, “la camisa no es para una sola postura”, o le recordaban al niño que estaba molestando mucho frente a la visita: “La visita se va y usted se queda...”

Puede parecer fácil despacharse con un mesero durante su viaje por la China, pensando que no va a regresar, pero la vida tiene una insidiosa manera de darles vuelta a las cosas y a ese mesero puede encontrárselo al día siguiente en la oficina del padre de él, esa oficina donde usted tiene que hacer ese trámite superimportante.

La premisa fundamental es que lo que se tiene que combatir es el conflicto, eso es lo que se busca acabar, no a la persona con la que se está en contradicción. Ella está en una posición opuesta a la de uno, pero sigue conservando su dignidad de persona, merecedora de respeto y cortesía, y mientras más se conserve esta actitud más dispuesta estará ella a ceder para encontrar un acuerdo que satisfaga a ambas partes. No es necesario explicitar qué ocurre cuando esa persona se siente ofendida por uno...

Así que procuremos resolver todos los conflictos con la suficiente sensatez y buenas maneras, porque ellos son las lecciones que nos pone la Maestra Vida para que aprendamos aquellas virtudes que van puliendo el diamante en bruto que todos somos.

Namasté.

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