Dom, 03/28/2021 - 11:11

No importa la verdad, importa la mirada

Es que no importa la verdad, importa la mirada: la primera mirada de la que habla cierto escritor, el eterno retorno la primera emoción, al primer estremecimiento, a la sensación del puñal en el pecho, al tacto de la piedra en la mano.

Porque la verdad no es más que la versión impuesta por los que ganaron la partida. Llamaron Patria a su despojo, Dios a su odio, Prestigio a dinero, Triunfo a sus estándares y a todo le pusieron una mayúscula, como quien registra una marca. No importa la patria del himno nacional, con notas rimbombantes, los desfiles militares y la bandera ondeante, importa, por ejemplo, la de Gonzalo Arango, que pregunta si Colombia en vez de matar a sus hijos los puede hacer dignos de vivir. No importa si Spinetta tocaba acordes que no existen, importan las canciones que escribió. No importa si Alfonsina Storni se lanzó de un risco al mar, importa que en la canción que le escribieron, ella se fue metiendo despacio, haciéndose una con él para buscar poemas nuevos. No importa si en verdad soldados de dos bandos enfrentados dejaron de dispararse y matarse para jugar un partido de fútbol, importa que alguien lo creyó y forjó una escultura y así, los hizo inmortales.  

Sin mirada no hay arte. Es un poco como dice un personaje de una película: que los artistas mienten para decir la verdad. Y quizás, solo quizás, escribir, pintar, hacer canciones, sea mentir, apostárselo todo a vivir al margen, como balanceándose en un trapecio sin una malla de contención. La mirada sirve para crear. Se necesita la mirada y, sobre todo, se necesita atreverse a buscarla. Sin atreverse a mirar, Kafka no habría podido escribir la tragedia de Gregor Samsa, ni Saramago habría escrito la analogía del poder y sus excesos en Ensayo sobre la ceguera, ni Picasso habría podido pintar sus cuadros de figuras geométricas, irregulares, imposibles, ni Borges habría podido escribir sus cuentos, ni García Márquez todos sus libros.

La mirada es el arrojo, el atrevimiento de tomar y de sacudir y de derribar si es necesario, la voluntad de contar, de escribir y seguir escribiendo. Es por la mirada, la que se pone en una obra, que se puede nombrar sin nombrar a los poderosos, los perseguidores, los maltratadores, a los que hacen la ley y la trampa, a los que disparan y encubren y desaparecen, a los que mandan a escribir su historia borrando sus atropellos para imponerla como verdad, como ley, como religión. Así, si un día quieren borrar de un plumazo la memoria y hacerla trizas, quedarán las obras, las miradas de tantos y tantas, para denunciar, para señalar y para resistir.    

There is 1 Comment

Que texto tan significativo, tan crìtico, tan real, gracias por regalarnos tus letras, y gracias por esa persona que con su mirada supo derrumbar todo y volverlo a construir

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