Dom, 10/17/2021 - 10:29

Nueva York, un fabricante de opinión

Las salas de cine se niegan a exhibir El Ciudadano, solo algunos teatros de tercera se arriesgan a proyectarla. El Ciudadano de Orson Wells cuenta la historia de un hombre enfermo de fiebre de poder y este hombre se parece demasiado a William Randolph Hearst.

Hearst  posee 18 diarios, 9 revistas, 7 castillos y numerosas personas. El sabe como convocar a la opinión pública y  de ello se ha valido para provocar guerras, bancarrotas y suicidios; ha hecho y deshecho fortunas, ha creado ídolos y demolido reputaciones. Son inventos suyos las campañas escandalosas y las columnas de chismes, buenas para golpear donde a él le gusta: por debajo de la cintura.

El mas poderoso fabricante de opinión de Los Estados Unidos cree que la raza blanca es la única raza de veras humana, cree en la necesaria victoria del mas fuerte y cree que los comunistas tienen la culpa de que los jóvenes beban alcohol. También está convencido de que los japoneses son traidores de nacimiento.

Los diarios de Hearst llevan más de medio siglo alertando sobre el Peligro Amarillo cuando japón bombardea la base norteamericana de Pearl Harbour. Los Estados Unidos ingresan a la Segunda Guerra Mundial

(Marion Davies, The times we had. La vida con William Randolph Hearst)

PUERTO PRÍNCIPE Y LAS MANOS QUE NO MIENTEN. 1943

Dewitt Peter funda un gran taller abierto y desde allí estalla súbitamente el arte haitiano. Todos pintan de todo y en todo: telas, cartones, latas, maderas, muros y lo que venga. Todos pintan a toda bulla  y fulgor, con los siete dioses del Arcoíris. Todos, el zapatero remendón y el pescador, la lavandera del río y la vivandera del mercado.

En el país más pobre de América, exprimido por Europa, invadido por los Estados Unidos, arrasado por huracanes, guerras y dictaduras, el pueblo se pone a gritar colores y no hay quien lo haga callar.

En una cantina, rodeado de mocosos panzones y perros esqueléticos, Hector Hyppolite pinta dioses con un pincel de plumas de gallina. San Juan Bautista aparece por las tardes y lo ayuda.

Hector Hyppolite pinta dioses que pintan con su mano. Esos dioses pintores y pintados, los dioses haitianos, habitan a la vez la tierra, el cielo y el infierno, son capaces del bien y del mal y ofrecen a sus hijos venganza y consuelo.

No todos han venido del África, algunos han nacido aquí como el Barón Samedi, dios de solemne andar, negro de negro sombrero de copa y bastón negro, que es el dueño de los venenos y las tumbas. Del Barón Samedi depende que los venenos no maten y que los muertos descansen en paz. A muchos muertos los hace zombis y los condena a trabajar de esclavos.

Los zombis muertos que caminan o vivos que han perdido el alma un solo granito de sal basta para despertarlos.

(Alfred Métraux , Haití La tierra, los hombres y los dioses, Neuchatel, La Baconiére.1957)

 

MIGUEL A LOS CUARENTA. 1945 

Duerme en cavernas y cementerios, condenado por el hambre a hipo continuo, anda disputando miguitas a las palomas. La hermana que lo encuentra de vez en cuando le dice:

- Dios te ha  dado muchas habilidades, pero te ha puesto el castigo de ser comunista.

Desde que Miguel recuperó la confianza plena de su  partido no ha dejado de correr y padecer. Y ahora el Partido ha resuelto que el mas sacrificado de sus militantes se marche desde El Salvador, hacia el exilio en Guatemala. Miguel consigue pasar la frontera al cabo de mil trajines y peligros y, exhausto, se echa a dormir bajo un árbol.

El alba lo despierta una enorme vaca amarilla , que lo está lamiendo. Miguel le dice:

- Buen día

Y la vaca se asusta y huye a todo lo que da y mugiendo se mete en el  monte. Del monte emergen enseguida 5 toros vengadores y Miguel no puede escapar hacia atrás ni hacia arriba: A sus espaldas hay un abismo y el árbol es de tronco liso. En tromba se le vienen los toros pero antes de la embestida final se paran en seco y, mirándolo fijo, resoplan, echa fuego y humo, tiran cornadas al aire y rastrillan el suelo arrancando maleza y polvareda.

Miguel suda frío y tiembla. Tartamudo de pánico , balbucea explicaciones. Los toros lo miran, hombrecito mitad hombre y mitad susto y se miran entre sí. Él se encomienda a Marx y a la Virgen Santísima. Y los toros le dan la espalda y se alejan a paso lento.

Y así ocurre el Noveno nacimiento de Miguel Mármol, a los 40 años de su edad.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.