Dom, 03/20/2022 - 07:53

Paz es una palabra más grande que la palabra paz

En mi expresión podrán notar que, viniendo hacia acá, o llegando a este lugar, o recién, o quizás en este mismo instante, algo sucedió para que yo perdiera la compostura, para que yo dejara de estar completamente cómodo, tranquilo, y ustedes dejaran de ver a ese ser impoluto y empezarán a ver un alguien un poco más tenso, quizás sudoroso, errático, que no sabe hacia dónde mirar, pero que, al fin y al cabo, palabras más, palabras menos, les habla y les está hablando y les va a seguir hablando, aunque no sepa muy bien qué está diciendo. Pero todo esto lo digo porque no puedo decir esta vez, como tantas otras veces, qué sucedió y en dónde, pero puedo decir qué pasó en mí luego de que ello sucediera, o, quizás para no darles más pistas, esté sucediendo.

Mi sistema nervioso empezó a funcionar de una manera anómala, al igual que mi sistema digestivo, aunque este esté ya un poco más acostumbrado a los cambios del mundo y a las presiones externas para funcionar según las solicitudes del mundo. También mi sistema inmunológico, siento, creo, pienso, está funcionando de otra manera, porque, si me concentro un poco, siento cómo todos estos microorganismos están luchando contra esos otros microorganismos con un único fin: tratar de salvarme, tratar de que ello no pierda esa batalla contra la tranquilidad, contra la paz, contra mi paz.

Y es que, desde siempre, la paz, esa paz interna, esa que no tiene nombre, que no tiene bandera, que no tiene apellido, pero que sí tiene un nombre propio, ha sido una lucha constante, una bandera a seguir, una meta, una frontera que muchas personas han querido conocer, y es tener paz adentro, donde sea que quede eso que llamamos adentro. Dicen, los que la han conocido, que se parece a haber vencido todos los miedos del mundo, aunque, si me lo preguntan, vencer todos los miedos del mundo más se me parece a la guerra, pero eso soy yo. El caso es que esa paz interior es la que en este mismo instante no tengo, por la razón que sea, o porque no les puedo contar, no la tengo en este momento aquí, conmigo, en mí. Es por eso que, aunque no lo crean, y aunque no lo parezca, mientras hablo, mientras les hablo, la estoy buscando. Estoy buscando entre ustedes, entre el señor que se encuentra a la izquierda, al fondo, cerca de la salida al baño de hombres, y entre la señora que se encuentra a la derecha, junto a la salida de emergencia que, por cierto, está bloqueada por unos trastos viejos. Sí, entre todos ustedes, entre ustedes y yo, porque, y que valga la aclaración en este momento, la paz, aunque sea la paz interna, solamente puede estar entre dos personas que buscan o tienen su propia paz interna.

Sé lo que están pensando, porque siempre sé lo que la gente piensa y, definitivamente, es cierto, no debo, ni debí haber contado esto, y mucho menos debí venir acá a decir y no decir nada, aunque esto sí, casi siempre, cada tanto vengo a hacerlo, pero, quién sino yo podría contar eso, acaso le vamos a dejar a los demás que cuenten nuestra historia, es justo que su historia, para quienes lo están pensando, sea contada por otra persona, acaso las historias no tienen más dueños o más intérpretes que quien las vivió. Con esto quiero decir que espero para una próxima sus historias contadas por ustedes mismos y no por otro, aunque no se las cuenten a nadie.

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