Mié, 12/08/2021 - 09:24

Qué tal estos esperanzadores

La poca participación en las elecciones llevadas a cabo el domingo anterior para conformar los Consejos de Juventud es consecuencia del accionar de los políticos tradicionales, del amiguismo y la rosca, los burócratas profesionales y contratistas de oficio. Una juventud hastiada del presente y del futuro, que no quiere saber de política ni de políticos.

Como en esta oportunidad los jóvenes no fueron “motivados” (engañados, que es lo mismo) por esos personajes, simplemente se abstuvieron en masa de votar el domingo anterior. Ahora el riesgo es que caigan en la trampa para las elecciones a Congreso y a la Presidencial, en donde la carga de demagogia apoyada por periodistas inconscientes, comienza a prepararse, para bien de estas figuras que llevan décadas disfrutando del poder, desde el Legislativo y beneficios contractuales, con uno y con otro gobierno, evidenciado cero resultados para el país, pero muy óptimos en sus economías, gracias a sus “gestiones”.

Despertemos ante el caos que vivimos y lo peor que nos amenaza. Comencemos por revivir la memoria de quienes ya van en la presidencial y las congresionales.

En la decorada “Coalición Centro Esperanza” (¿publicidad engañosa?) hay personajes no tan esperanzadores para el país.  Uno de sus garantes es Humberto de la Calle, portador de innumerables títulos y condecoraciones. Desde 1982, hace 40 años en esto de la burocracia, como ex registrador nacional del Estado Civil (1982-1986), ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia, ex ministro de Gobierno, ex designado presidencial, ex vicepresidente de la República, ex embajador, ex ministro de Interior, ex jefe negociador en el acuerdo de paz santista, rechazado por la mayoría de los colombianos, pero impuesto a punta de comprar voluntades a base de la famosa “mermelada”. Ex candidato presidencial que por su indiferencia y la de su rival, Juan Cristo, ante el déficit público, fueron a una consulta que en 2017 le costó al país más de $40.000 millones, desoyendo variedad de voces que les pedían contribuir al no desperdicio de esa millonada y encontrar otra manera de lograr la candidatura presidencial.

“Nos vamos a jugar por la transformación y el cambio de la sociedad colombiana", dijo días atrás el precandidato Juan Cristo, también de la “Esperanza”. O chiste, o inocentada de otro ex de exes, protagonista durante dos desgraciados gobiernos, el del 8 mil samperista y el arrollador santista, ex viceministro de RR.EE., ex embajador, ex consejero samperista, ex senador de pocas realizaciones, ni siquiera sacando la cara por su departamento, el Norte de Santander, cada vez más decadente. Ex ministro santista de Interior y ex protagonista en la oxigenada paz al acomodo cubano. Ex protagonista de los $40 mil millones dilapidados.

Nos han acostumbrado a que entre más y más exes tiene un burócrata, más cargos y destinos debe merecer. Cuando tiene que ser lo contrario. Más y más deudas han contraído con el país a lo largo de décadas y décadas al estar disfrutando de las delicias que en Colombia significa el poder público. Otra sería la realidad nuestra si estos y otros “ex” hubieran aportado algo a nuestro progreso.  

¿Por dónde es posible creer que estos personajes signifiquen tan siquiera un tris de “esperanza”? Despertemos colombianos, ya no más ingenuidad. Ni más connivencia de los medios de comunicación…

Otra que se presenta como esperanzadora es doña Ingrid Betancur, garante de esta “Coalición de Centro”. ¿Con qué cara viene a plantarse acá y decir qué es o no lo conveniente para Colombia, alguien que cae en paracaídas desde su confortable vida europea? Personaje que llegó a pensar en lucrarse de su secuestro y hace 11 años alcanzó presentar una solicitud de conciliación extrajudicial, para sacarnos a los colombianos unos $13.000 millones de 2010. Aspiración denegada por el Ministerio de Defensa de entonces.

En el “Pacto Histórico” también tenemos a otro ex de exes, Roy Leonardo Barreras. Ex galanista, ex compadre de Álvaro Uribe, ex de Cambio Radical (de donde fue expulsado), ex del Partido de la U. Senador desde 2006 y ex presidente de esa corporación. Reconocido años atrás por su clientela en las instituciones gubernamentales Caprecom y Esap. Ahora aliado de Gustavo Petro y precandidato presidencial en su “Pacto Histórico” de quien La Silla Vacía dijo que está avalado por la Alianza Democrática Afrocolombiana (ADA), partido que “entregó avales a políticos y amigos de los exsenadores condenados por parapolítica Luis Alberto Gil y Juan Carlos Martínez Sinisterra”. Al estilo del dictador nicaragüense Ortega, Barreras quiere que el poder sea algo de familia, anunciando que llevará al Senado a su esposa, a través del “Histórico”.

Seamos sinceros, estos personajes no han pasado el periodo de prueba y siguen insistiendo. Cualquier colombiano solo cuenta con dos meses para demostrar si sirve o no, y si no satisface al empleador, ¡qué pena! Estos y otros privilegiados llevan décadas y décadas disfrutando como reyes, y como si no les bastara, recibiendo pleitesías de parte de nuestro bondadoso pueblo. Llegan muy tarde, esperanzas fallidas.

No son la “esperanza” que aparentan. El cambio y el centro que necesita Colombia para librarse de una dictadura está en otros ciudadanos que sí pueden mostrar ejecutorias, y han superado el periodo de prueba. Evaluemos estos nombres y que el cuarto poder asuma seriamente su papel, para que queden en evidencia las verdaderas opciones de cambio, con algo de esperanza. Estamos a tiempo, reaccionemos.

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