Dom, 04/25/2021 - 11:54

Quedarnos con los ser

Ahora que todo es medible: las mentes y los cuerpos, los actos y las palabras. Ahora que para todo hay una regla, una unidad de cuantificación, que es como decir de control, de restricción, de represión.

Si compones canciones, este es el número de reproducciones que debes generar diariamente y este otro, el número de seguidores que debes tener para que la industria decida que sí, que eres músico, que eres parte de algo. Si escribes, estos son los estantes en donde deberían estar tus libros, y este el ritmo de escritura, con un libro publicado al año, si se puede, y estos los números de ventas y las ganancias que debes generar para la industria que valida que eres escritor. Si pintas, este es el arte que debes hacer porque es el arte que vende, estas son las galerías donde debes exponer y los premios que debes ganar, porque son los que dan aprobación, y la aprobación es prestigio y el prestigio es dinero.

Y así, hasta la saciedad: con la cantidad de libros leídos en un año, con la cantidad de propiedades que se deben acumular, con la cantidad de kilos que se deben perder.

Todo medible, todo controlable, todo dentro de moldes y más moldes. Medidas para cuerpos, para vender suplementos y fajas y productos que prometen que tu cuerpo por fin encajará en el canon en el que te aceptarán y te llamarán saludable y bello y exitoso. Medidas para mentes, con cursos y diplomas y medallas para que repitas y apliques lo que ya antes han dicho y hecho otros a los que les pagaban para decir y escribir lo que dijeron y escribieron y que así todo se mantuviera igual por los siglos de los siglos. Todo medible, todo vendible, todo negocio.

Ahora que todo es cuantificable vámonos por ahí siendo nosotros mismos. Hagamos canciones que no vendan y escribamos libros que no generen ganancias. No aceptemos que tenemos defectos porque eso equivale a aceptar que algo nos falta o nos sobra para ser parte del estándar y con ello dejamos que los controladores ganen la partida territorio adentro, que es donde jamás pueden ganar.          

Seamos nosotros mismos con nuestras formas de amar, de mirarnos, de cantar, de escribir, de bailar, de crear. Seamos nosotros mismos con nuestra forma de habitar el mundo. Contemos nuestra historia y escribámosla en hojas de cuaderno, aunque terminemos por guardarlas en una gaveta. Vámonos a nuestro ritmo, aunque nos digan que producimos menos de lo que deberíamos, que vamos más lento de lo que deberíamos, que tenemos menos de lo que deberíamos, que leemos menos de lo que deberíamos o que escribimos menos de lo que deberíamos. Dejemos a un lado los “deber ser” y quedémonos simplemente con los “ser”.

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