Sáb, 05/11/2019 - 08:41

¿Really?

Por qué nos gustan los realitys.

Somos unos mirones, unos voyeurs profesionales desde los comienzos de nuestra especie. Los libros, hablan de otras personas y realidades, las canciones, el cine, nuestra cultura y ocios comunes nos hablan de otros. Entonces, ¿Cómo no íbamos a vernos envueltos por el siguiente giro de tuerca… los realitys?

Desde hace más de veinte años se han ido haciendo un hueco en nuestras vidas, en nuestra cultura, normalizando casi del todo ese “mostrarse gratuito” que trajo al mundo las redes sociales que nos rodean a diario.

¿Por qué nos gusta mirar a los demás? Quizás envuelto en ello hay cierto regusto por regodearse en ser mejor, ejemplos de otras vidas que no vamos a vivir porque no es la nuestra, simplemente nuestra esencia cotilla, o ¿hay algo más?

Desde que somos bebés nos gusta estar con los demás. Siendo así socializar, una necesidad humana que no solamente nos hace sentirnos menos solos, con el grupo el individuo aprende, evoluciona. Las modas, la cultura, las ideas, se fraguan en eso que sucede cuando interaccionamos con los demás. La base de nuestra vida, si nos paramos a observarla cinco minutos es sin duda el trato con los demás humanos (y a veces,  también animales)

Por mucho que los realitys sean tachados de sensacionalistas, televisión o cultura basura, etc… Siguen en nuestras pantallas, continúan por alguna razón que nos hace no poder dejar de mirar.

Quizás la mejor reflexión que se haya hecho de este mundo de mirones y observados, sea el final de “El show de Truman” (ALERTA SPOILER), cuando al final él sale de su burbuja y sus mirones simplemente se preguntan qué hay en otro canal. Justamente esa es la cuestión, mirar qué hay en otro canal en busca de más contenido. Buscan más contenido en su afán por seguir consumiendo más, por probar otras vidas, engancharse a otros mundos ficticios o reales.

Los realitys de todas formas, no nos engañemos, no son hábitats no controlados donde todo sucede con naturalidad. Son también ficción guionizada por los que los producen y saben si es X o Y lo que va a atraparnos más en las pantallas. El contenido de los realitys real o no, por extensión no se trata nada más y nada menos de aquello que queremos ver.

¿No sería ahora un excelente momento para encender una televisión, buscar por internet, ver un reality de moda y reparar en lo que nos estamos convirtiendo como sociedad, como especie?

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