Vie, 05/24/2019 - 07:31

Redes sociales y libertad de expresión

Yo pensaba que cuando una persona opinaba desde la educación y el respeto, se podían expresar las cosas. Pero, no. Lo cierto es que tras una vivencia personal hace unos días en una famosa red social, he visto como éstas han degenerado.

La falta de educación, la ausencia de respeto y sentido común, me preocupan. Lo que realmente resulta más alarmante en todo esto que voy a narrar, es la agresividad. Una especie de agujero negro de odio descontrolado de personas que parecen insatisfechas aprovechan para despojarse de sus monstruos (convirtiéndose en uno de ellos)

El tema la lactancia materna, mi estupidez fue decir que no tiene la misma relación de apego un bebé con biberón que uno de lactancia materna. A nivel químico y hormonal ambas funcionan diferente. Como ejemplo de apego con biberón puse a un padre, por su ausencia de mamas adaptadas para amamantar.

No juzgaba a nadie, no decía que una cosa era mejor que otra. Tras ello, durante más de un día tuve que combatir y soportar mensajes de odio acérrimo. Lo curioso de dicho comportamiento es que la veda la abrió la página responsable del post que comenté, dando así licencia a “dar a tirar”. Poco a poco, aquello fue desvariando en insultos, degradación, ofensas, injurias, se me juzgaba, y un largo etcétera de cosas que jamás habría pensado que eran posibles por un mensaje.

Me vi obligada a aportar documentación científica, me vi obligada a defenderme porque debido a la carencia de comprensión lectora casi nadie entendió las cosas que sí decía y las que no decía. El mensaje primigenio se fue desgastando de tal forma que las últimas personas entendían cualquier cosa menos lo que sí se había dicho. La tormenta de odio no cesó, las personas no argumentaban, simplemente ofendían gratuitamente, no existía nada que se pareciese a respeto, con cierta sorna de aire superior de quien se cree por encima pero su único argumento es la violencia verbal.

Las redes sociales se están convirtiendo en una caza sin cuartel, donde los usuarios no usan su libertad de expresión, hacen que dicha libertad se convierta en incívico libertinaje. La violencia ante algo que no has leído bien, la falta de comprensión lectora, las falacias de todo tipo como argumento, eran un círculo vicioso incapaz de ser parado por nadie.

Yo, defensora de la mujer, feminista, valedora de cualquier opción de maternidad, abanderada de la tolerancia, estaba siendo atacada de todas las formas posibles. Con la distancia, ahora puedo ver que esas personas simplemente se estaban sintiendo heridas por lo que creyeron leer. Necesitamos tanto la aprobación, el ser perfectos, el no ser juzgados que actuamos como animales en la selva. Nos estamos perdiendo en las redes sociales, despojan su odio como esos japoneses que para combatir el estrés destrozan edificios que se están desmantelando. Pero haciendo más daño. Lo curioso, es que la página abanderada (para la que encima escribo artículos), en ningún momento se disculpó por su error, tampoco tomó el control de la violencia que se estaba derrochando. Pensé en personas con menos fuerza emocional y moral que yo, pensé en personas con un mal día o emocionalmente frágiles (por hormonas, por una mala racha, por un mal día, por lo que sea) y se me puso un nudo en la garganta al ver cuánto daño gratuito se puede hacer.

Atacar como defensa, nunca fue una buena solución en un mundo civilizado. Las palabras están hechas para que los argumentos sean más importantes que hacer heridas.

Y me pregunto, ¿nos estamos perdiendo como sociedad en las redes sociales?

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Definitivamente quienes te atacaron no tuvieron buen apego en la infancia. Saludos.

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