Mié, 05/01/2019 - 07:32
Foto: El Tiempo.

Rodrigo Lara Bonilla: El último héroe liberal

Soy conservador por mis convicciones, soy miembro del Partido Conservador Colombiano porque defiendo y comparto los pensamientos de Ospina y Caro expresados en su programa del año 1849. Una de las frases más emblemáticas del programa de 1849 dice que el Partido Conservador defiende “La civilización, en fin, contra la barbarie.”

Obviamente existieron y aún existen politiqueros “conservadores” que ignoran o ni siquiera conocen esta frase, pero también hubo colombianos no conservadores que ofrecieron su vida por defender a la civilización colombiana contra la barbarie del narcotráfico. Rodrigo Lara Bonilla era uno de ellos.

El 30 de abril 1984 fue el día que le demostró al mundo que Colombia estaba convirtiendo en un narcoestado donde mafiosos podrían matar a altos funcionarios del gobierno en plena calle. Aquel día el país perdió a uno de sus hijos más valientes, a un joven ministro de justicia quien nunca quiso aceptar que la justicia de su país se convirtiera en un instrumento de una narco-oligarquía, de una élite criminal que corrompía a políticos y magistrados.

La lucha de Lara Bonilla contra un enemigo abrumador sin escrúpulos no solo se reflejó en sus discursos, sino sobre todo en sus actos y golpes que le pudo dar al Cartel de Medellín y a sus socios. Lara Bonilla fue el primero quien denunció como narcotraficantes lograron penetrar la política y el deporte. Como bien lo decía el periodista Ricardo Calderón Villegas: “Lara fue el primer colombiano que tuvo el valor de sacarle los trapos al sol a la mafia.”

Si no fuese por la valentía del joven huilense, Pablo Escobar hubiera seguido delinquiendo desde el Congreso de la República y no hubiese perdido su visa estadounidense. La operación de la policía nacional contra el complejo de producción masiva de coca, conocido como Tranquilandia, no se hubiera dado sin la perseverancia de Lara. Tranquilandia era en esa época el complejo de producción de coca más grande del hemisferio occidental (y probablemente del mundo entero). En este lugar la cocaína se producía prácticamente de manera industrializada mientras que el Cartel de Medellín ejercía control completo sobre aquel centro clave del narcotráfico mundial.

Aparte de haberse ganado el odio del Cartel de Medellín, Lara también se convirtió en una piedra en el zapato de personas poderosas que eran dueños de aeronaves con las que se exportaba la droga. Además, se hizo enemigos dentro de las filas de su propio partido político.

Pero Lara Bonilla no solo era un ministro ejemplar, sino también un gran académico con formación sólida y un verdadero defensor de derechos humanos que no utilizaba esa temática para hacer contratos con organismos internacionales o entidades estatales. Fue un gran demócrata que veía con preocupación cómo el clientelismo y el rígido sistema bipartidista de su época se habían convertido en elementos poco ventajosos para la democracia colombiana.

Como colombiano, demócrata y conservador no puedo evitar quitarme el sombrero ante un héroe liberal quien entregó su vida por defender nuestra nación contra sus enemigos internos. ¿Cuánta falta hacen hoy en día personas con el talante de Rodrigo Lara Bonilla en las altas esferas del Estado?

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