Mié, 05/25/2022 - 11:37

Salta, Argentina: lo que no cambia (1975)

En la provincia argentina de Salta los carros patrullas de la policía fueron pintados de amarillo y naranja. En vez de sirenas llevaban música y en vez de presos llevaban niños: los carro - patrullas corrían llenos de niños que iban y venían desde los ranchos lejanos a las escuelas de la ciudad.

Las celdas de castigo y las cámaras de torturas fueron demolidas, desapareció la policía de los partidos de fútbol y de las manifestaciones, salieron a la libertad los torturados y marcharon presos los torturadores, oficiales especializados en romper huesos a martillazos y obtener confesiones con drogas y agujas bajo las uñas.

Eso ocurrió cuando dos años atrás cuando Rubén Fortuny fue jefe de la policía en Salta. Mientras él hacía lo que hacía, otros hombres como él estaban cometiendo locuras o parecidas y el país entero estaba eufórico, abrazador y esperanzado.

Soplaban los peligrosos vientos del cambio social que los militares formados en Panamá con un catecismo que dice que sindicalismo es comunismo y toda manifestación de las “clases bajas” es subversiva del orden, se dispusieron a arreglar el país, hace varias décadas llevan haciéndolo en este continente de acuerdo con la doctrina de la Seguridad Nacional que les ha confirmado que el enemigo no está afuera sino adentro y abajo y debe combatirse por todos los medios.

Para que nada cambie, a Fortuny lo mataron de un balazo en el corazón. Después secuestran al gobernador que lo había designado, Miguel Ragone, del cual no queda mas que una mancha de sangre y un zapato. Y los carros policiales, y todos los empleos, vuelven a ser ocupados por aquellos que, como dijeron en Los Danieles, está bien siempre y cuando voten por los que me convienen.

(Eduardo Galeano, El Siglo del Viento, Págs. 277 y 278)

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.