Sáb, 04/08/2017 - 11:16

Saque usted las conclusiones

Si se quiere tener una conversación agradable, fluida, constructiva, es importante tomar en consideración varios aspectos de la misma que damos por supuestos, pero que la mayoría de las veces no se dan. Mencionaremos unos pocos.

1- Una conversación como la mencionada solo es posible cuando coinciden personas que tienen mente ordenada, y eso es más raro de lo que usted cree. Normalmente, las personas tienen procesos mentales caóticos y son esclavas de su mente, en vez de ser las dueñas de esta valiosa herramienta con que fuimos dotados. Entonces, saltan de un tema a otro, responden a un detalle secundario y dejan de lado la idea principal que se les plantea, no se preocupan por entender lo que se les dice, etc.

2- También se requiere que la persona sea capaz de conectar o desconectar “a voluntad” las emociones correspondientes al asunto que se trata, para que éstas no entorpezcan el avance de la comunicación. Para ilustrar este punto, imagine una persona “histeroide” que entra en crisis de llantos, gritos y gran agitación cuando escucha la primera parte de una noticia trágica; con seguridad que no escuchará más detalles de la misma porque su mente ya se bloqueó con el primer dato y quedó secuestrada por la emoción. La mala noticia aquí es que la inmensa mayoría de personas son “histeroides” en mayor o menor grado, en el sentido de que no logran controlar sus emociones al escuchar ciertas palabras o temas que se las disparan, así que lo más probable es que siempre esté lidiando con estas situaciones de mala comunicación por intoxicación emocional (lo cual también le puede ocurrir a usted, por supuesto).

3- Conviene, para tal conversación feliz, que haya coincidencia entre las lógicas que manejan las dos (o más) personas, y esto es algo que ocurre con poca frecuencia. Normalmente cada uno piensa que el otro no está siendo lógico en su pensamiento (por no decir que “es muy bruto”), y esto lleva a que constantemente se estén estrellando, porque sacan conclusiones diferentes a partir de los mismos datos.

4- También conviene que ninguno esté “dormido” respecto del tema que se trate, es decir, que no tenga un alto grado de “hipnosis por prejuicios” al respecto, porque resultará imposible presentarle cualquier dato o argumento que le ayude a despertar y ver la luz. Cuando se asumen discusiones sobre creencias (sean religiosas, políticas, futbolísticas, etc.) con personas “dormidas”, puede usted llevarlas cargadas hasta la cima del Everest y dejarlas caer desde allí, y no se despertarán, así que es mejor abandonar el tema y tomar otro, para no desgastarse tontamente. Algún tema habrá frente al cual sí estén despiertas y se pueda conversar.

5- Un aspecto fundamental para esa conversación soñada es que ambos (o todos, mejor dicho) tengan como único interés conocer o descubrir la “Verdad Verdadera”, no imponer a los demás su verdad personal. Esto también sucede poco; lo normal es que todos lleven su Ego a demostrar que es el más más, y eso incluye convencer a todos los otros para que piensen como él.

6- Importante también que todos los involucrados en la conversación ACEPTEN REALMENTE que todos pensamos diferente, y que tenemos derecho a pensar como pensamos porque es el resultado de nuestra particular experiencia vital, aunque a otro tal pensamiento le parezca una completa burrada o digno de lástima. Personas así son capaces de aceptar y querer al otro simplemente por ser persona, independientemente de qué piense sobre tal o cual asunto, y son más raras de encontrar que una moneda en el piso del Congreso.

Presentados estos pocos requisitos, haga memoria de cuántas personas conoce que los reúnan todos. Empiece por hacer examen de conciencia (ahora que viene la “semana santa”) para ver cuáles tiene usted y en cuáles falla, porque bien puede ser usted la piedra de tropiezo que impida vivir esa conversación ideal que estamos considerando.

En mi particular evaluación, encuentro en mí mismo algunas fallas, especialmente en el punto 3; frecuentemente, mi lógica no coincide con las de las demás personas. Así que no puedo tener muchas de esas conversaciones felices, y cuando vivo una de ellas, la valoro inmensamente, la disfruto mucho, y cuido a esa persona como un tesoro invaluable.

Si usted tiene algunas amistades, o al menos una, con quienes puede tener esas conversaciones gratas y productivas, siéntase afortunado, porque es un bien muy escaso, y cuídelas, disfrútelas, bendígalas.

Lo normal no es que la gente falle en uno de los requisitos mencionados (que no son todos, por supuesto), sino que tenga un coctel de fallas en todos ellos, en una mezcla particular de distintas porciones de cada uno, así que lo normal es que no tengamos buenas discusiones durante mucho tiempo; lo normal es que “no tengamos con quién conversar”, aunque hablemos todos los días con mucha gente.

Por eso es importante buscar que podamos conversar con nuestra pareja, porque eso se hará cada día más importante, conforme pasen los años, la pasión disminuya y los hijos se vayan. Si no cultivan eso entre ustedes, si no puede conversar gratamente con su pareja, un día llegará el hastío y la soledad, aunque la tenga a su lado (o quizá, precisamente por esto).

Saque usted las conclusiones.

Namasté.

There is 1 Comment

Totalmente de acuerdo, máxime con la importancia de las comunicaciones para el ser humano

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